ūü¶†Covid-Romanceūüíö

Actualizado: 22 de nov de 2020


Veo todo borroso, trato de respirar pero por alguna raz√≥n mis pulmones se niegan a responder, el letrero azul con lineas negras que se√Īala el nombre del banco se comienza a desvanecer, los mostradores de los cajeros se empiezan a difuminar y siento que estoy entrando en un cuadro surrealista, como el de los relojes de Dali en donde se escurren las horas. El suelo comienza a tambalearse y creo que me voy a desmayar. Alguien delante m√≠o rompe el protocolo de distanciamiento social y me toma por los brazos de manera delicada pero con algo de angustia. Es un hombre, lo reconozco por su torso y por los zapatos de deporte blancos con lineas verdes que lleva puestos, creo que son tres bandas de Adidas pero mi mirada es borrosa y no podr√≠a asegurarlo, me est√° hablando pero no logro entender lo que me dice‚Ķ

- ¬ŅSe√Īorita est√° usted bien?- No puedo contestarle, no puedo controlar mi cuerpo que ha empezado a temblar.

- Tranquila, tranquila‚Ķpor favor respire con calma. -Me dice el hombre, puedo deducir que es alto, porque no alcanzo a verle la cabeza y yo mido 1.75, mi mirada trata de centrarse en su camisa verde, con un estampado de un superh√©roe, creo que es Batman, o el ¬ŅJoker?‚Ķ no s√©. Me repito que debo mantener la calma.

- Me parece que est√° teniendo un ataque de p√°nico. -Oigo que dice alguien detr√°s m√≠o, una voz de alguien mayor, espero que no est√© muy cerca. Oigo de nuevo a la mujer del comienzo de la fila toser, recuerdo que no lleva tapabocas y me cuesta respirar, ¬Ņtengo mi tapabocas bien puesto?, ¬Ņest√° tosiendo en mi direcci√≥n?, ¬Ņtendr√° COVID?, ¬°¬°¬°me va a contagiar!!!.

- Por favor, se√Īorita m√≠reme a los ojos, trate de enfocar su atenci√≥n en m√≠. -Trato de mirar la cara del hombre, aunque me cuesta un trabajo infinito enfocar la mirada.

- Permítame le ayudo a sentar. -Me dice gentilmente el hombre, quien espera mi respuesta, que llega a manera de asentimiento con la cabeza.

- Traje una botella de agua, de pronto le ayuda. -Oigo que dice una se√Īora preocupada, puedo ver sus zapatos oscuros, creo reconocer por su voz que es la se√Īora Marta, la mujer de servicios generales del banco, tiene los pies peque√Īos. La se√Īora de la primera fila vuelve a toser y no entiendo porque la gente no le dice nada.

- Por favor, preoc√ļpese por respirar pausadamente. De la se√Īora que tose sin tapabocas, nos ocuparemos luego. -Trato de mirar en direcci√≥n de la se√Īora para comprobar que no lo ha hecho en nuestra direcci√≥n, pero el hombre bloquea mi mirada.

- Por ahora necesito que se concentre en respirar de manera pausada, deje que los demás se ocupen de lo que pasa en el banco. -Trato de decirle que me angustia pensar que me ha contagiado, pero las palabras no salen de mi boca, pero mi preocupación se debe ver reflejada en mi ojos porque me dice.

- A mí también me preocupa el tema de contagiarme, pero no podemos dejarnos llevar por el pánico. Concentrémonos en lo que podemos controlar, vamos a respirar tranquilamente juntos, Inspira… Espira..- Hago lo que el hombre me dice, por lo que comienzo a tener el control de mi respiración.

- Se√Īorita Ania, ¬Ņnecesita que llame a alguien?, ¬Ņtal vez a su hermana? - Oigo que dice Juan, el cajero que siempre me atiende y que es cliente en la florister√≠a de mi hermana. Yo niego con la cabeza, no quiero que mi familia se preocupe por m√≠. Pensar lo que puede decir mi hermana me altera y siento como mi coraz√≥n vuelve a descontrolarse.

- Por favor, ¬Ņnos dan un poco de espacio? -Pide el hombre que me sostiene de los brazos, una vez percibe que regresa mi angustia.

- ¬ŅEs posible que sigamos con la fila?, entiendo que est√° angustiada la se√Īora, pero yo necesito volver a mi casa a preparar el almuerzo. - pregunta la se√Īora de atr√°s.

- Sigan por favor. -Dice el hombre mientras nos hace a un lado de la fila.

- Vamos, conc√©ntrate en mi voz, mi cara y en respirar pausadamente. Inspira‚Ķ Espira. -Hago lo que me dice y retomo la calma, mi mirada comienza a enfocarse, por lo que puedo ver mejor el rostro del hombre, tiene los ojos de color avellana, rodeados de miles de pesta√Īas, no puedo ver el resto de sus facciones pero parece tener una nariz aguile√Īa.

- Eso es, respira tranquilamente.

- Do√Īa Ania, ¬Ņqu√© le pas√≥? -Me pregunta una voz a mi lado derecho.

- Permítame le ofrezco mi oficina para que se siente un momento. -Me ofrece la gerente de oficina, quien se acerca para tratar de ayudarme a poner de pie, pero el pensar que otra persona pueda tocarme me inquieta, hecho que percibe el hombre de los ojos color almendra, quien se adelanta a los hechos diciendo.

- Creo que lo mejor es que por el momento, mientras la paciente se tranquiliza, nos quedemos en el piso. -Le agradezco con mi mirada.

- Lo que si les sugiero es que le digan a la se√Īora que est√° tosiendo en la primera fila que, por favor se ponga un tapabocas o en caso de que no lo tenga, lo mejor es que se retire de la sucursal antes de que termine por crear un p√°nico, o lo que es peor, contagiando a alguien si es portadora de alguna virosis.

- Claro que sí, ahora mismo doctor Julian. -Le contesta la gerente del banco, a quien oigo alejarse con paso apresurado.

- ¬ŅTe sientes mejor? - Me pregunta el doctor, a lo que yo asiento en respuesta.

- En ese momento oigo un golpe a mi espalda y antes de que pueda girar mi cabeza, el doctor me detiene con la mano.

- Tu no te preocupes por otra cosa que no sea respirar, ¬Ņte parece?, a la se√Īora de atr√°s ya la est√°n atendiendo. -Yo le miro con la inquietud en mis ojos, o al menos eso creo, porque √©l me contesta.

- La se√Īora dos puestos atr√°s tuyo se acaba de desmayar. -Yo abro mis ojos de manera exagerada, por lo que √©l me pregunta.

- Ania, ¬ŅPuedes hablar? -De nuevo yo asiento, a lo que el me dice.

- Al parecer Chuck Palahniuk ten√≠a raz√≥n. La histeria resulta imposible sin p√ļblico. Cuando he dicho lo de la virosis la se√Īora se ha desmayado y ahora la est√°n atendiendo los brigadistas del banco. - Su respuesta adem√°s de resolver mi inquietud, viene de un libro que me encanta por lo que le digo.

- Monstruos invisibles. -Digo pacito.

- ¬ŅC√≥mo? -Me pregunta desconcertado.

- Que te entre el pánico cuando estás solo es como echarte a reír solo en una habitación vacía. -Le digo algo más fuerte, otra cita del libro que él me acaba de citar.

- ¬ŅTambi√©n has le√≠do el libro? -Me pregunta emocionado.

- Desde que vi el Club de la Pelea me enamore de la prosa de Chuck Palahniuk y me dedique a leer algunos de sus libros. -El médico asiente y me dice.

- Si puedes parafrasear el libro quiere decir que ya estás mejor, cosa que me alegra, porque me tenías preocupado. -Me dice.

- Perdón, no sé que me pasó... -Le digo apenada.

- Que entraste en p√°nico cuando viste que la √ļnica se√Īora que no ten√≠a tapabocas en el banco, comenzaba a toser sin cubrirse la boca.

- ¬ŅC√≥mo sabes?‚Ķ-No alcanzo a terminar de preguntar, porque √©l me contesta.

- Porque aunque yo no hiperventilé, a mí también me dio desasosiego ver que comenzaba a toser.

- Y cómo lograste …

- Creo que lo que quieres preguntarme no es ¬Ņc√≥mo?, sino m√°s bien ¬Ņpor qu√©?.

- No entiendo. -La verdad quer√≠a preguntarle, ¬Ņc√≥mo hab√≠a logrado controlar el p√°nico?

- ¬ŅPor qu√© no hiperventil√© cuando la vi toser?

- Cierto, aunque la verdad quer√≠a saber ¬Ņc√≥mo hab√≠a logrado controlar el p√°nico?.

- No lo hice, porque en esta sucursal del banco conocen a mis padres, mis hermanos y mis jefes, y no estar√≠a bien que como m√©dico me desmaye en un lugar donde conocen a toda mi familia. Y lo del p√°nico, lo superas los primeros meses en la carrera de medicina. -Lo √ļltimo me lo dice con una sonrisa en la cara, o al menos eso quiero creer.

- ¬ŅCrees que nos haya contagiado algo? -Le digo con preocupaci√≥n.

- No lo sé. -Me dice sinceramente.

- Vaya manera de consolarme.

- Lo m√°s cruel que puedes hacerle a una persona dominada por el p√°nico, es ofrecerle una esperanza que resulte ser falsa. El golpe resulta insoportable. -Me dice con elocuencia.

- oh! -No sé que decir.

- No lo pensé yo, me gustaría ser así de elocuente, pero la verdad es que es una frase de un escritor de novela negra que se llama Robert Ludlum.

- No me gusta la novela negra, me da pesadillas.

- No es para todo el mundo, a mi me entretiene bastante y me gusta que me ayuda a desconectar y distraerme con la trama.

- Tambi√©n me gusta el misterio. Muchas gracias por tu ayuda, no s√© ¬Ņc√≥mo podr√© pagarte?

- Te parece podemos empezar con un caf√© y ver ¬Ņqu√© sucede?

- ¬°¬°Claro que si!!, ¬ŅDe verdad crees que estaremos bien?

- Como diría Esther Earl en su libro Una estrella que no se apaga (2012): Donde exista un ápice de amor, cualquier brizna de esperanza tiene espacio para crecer. - Me responde, mientras me ayuda a ponerme de pie para ir a tomarnos ese café, que en estos tiempos de pandemia parece un regalo del destino.


Nickole Naihans L

Nickole Naihaus L

Nickinaihaus


Foto: https://www.culturagenial.com/es/persistencia-de-la-memoria-dali/

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