Legión Extranjera

Actualizado: 13 ago


Reunidos en la sala de la casa de David, están todos recordando como conocieron a sus parejas, en esta oportunidad es el turno de Lucas:

—En efecto. Aun recuerdo cuando, de pequeños, luego de que Lucas se hubiera disgustado con su mamá, por no dejarnos ir a la feria del colegio que se iba a realizar el fin de semana, decidimos que nos mudaríamos a la Legión Extranjera —comenta Andrés abriendo una cerveza.

—¿Adónde? —pregunta Pablo.

—A la Legión Extranjera. Era un dicho que siempre sacaba mi abuela, que en paz descanse, cada vez que no quería hacer algo —contesta Lucas.

—¿Cómo así?

—Pues cuando la mamá de Lucas quería hacer unos canapés para una fiesta, y a la abuela de David le parecía de lo más aburrido, decía: ‘Luquitas, si tu mamá pregunta, dile que, aunque me habría encantado ayudarle, me tuve que ir a la Legión Extranjera’; o cuando Andrés tenía los torneos de béisbol, ella, para no ir, decía: ‘Andrecito, dile a todos que no me encontraste pero que dejé una nota que decía que me fui a la Legión Extranjera’ —explicó entre risas Andrés.

—Okey. ¡A ver si puedo usar la misma excusa con mi mujer cuando me pida planchar! —comenta Pablo.

—No lo creo macho: tu mujer te cortaría los huevos antes que dejar que te salgas con la tuya —le contesta Lucas.

Esto hace reír a Pablo, que le replica:

—Es cierto. Probablemente, luego las podría en la sala para que no se me olvide quién manda en la casa.

—Gráfico, sí señores, ¡muy gráfico! —comenta Andrés.

—El caso es que se iban a la Legión Extranjera… ¿Y qué pasó?

—Pues que mi mamá nos empacó la maleta, nos hizo una lonchera y llamó a la mamá de Andrés para que nos llevara a la estación de buses, donde tomaríamos un bus con destino a la Legión Extranjera.

—¿Un bus?

—Éramos pequeños. No teníamos más de ocho años, y no quería darnos ideas que luego pudiéramos usar en su contra. ¡Es retorcida e inteligente! —aclara Lucas.

—No lo creo. Y ustedes… ¿qué hicieron? —pregunta Pablo.

—Pues estábamos aterrados del susto, obviamente. Pero eso no fue lo peor —dice Andrés.

—¡Ah!, ¿no?

—¡No! La cosa empeoró cuando la mamá de Lucas llamó a mi mamá para que le siguiera el juego.

—¿Por…?

—Pues porque el que estaba en mi casa en ese momento era mi papá, que, de retorcido, se lleva la palma con la mamá de Lucas.

Este comentario hace reír a Pablo.

—¿Y él qué hizo?

—Fue a peor: nos fue a recoger y nos dijo: ‘Como, en esta época del año, en la Legión Extranjera es temporada de lluvias e invierno, les traje unos impermeables y unos sacos de dormir para que no cojan frío’.

—¿Y qué hicieron?

—Pues no sobra decir que en ese punto, del susto, estábamos al borde de las lágrimas, pero el orgullo nos impedía dar un paso atrás —continuó Andrés.

—¿Entonces?

—Pues nos despedimos de la mamá de Lucas y, justo cuando nos estábamos montando en el carro de mi papá, llegó el papá de Lucas y dijo:

”—¡Pero si los buses a la Legión Extranjera ya salieron por hoy! ¿Por qué no dejamos el viaje para mañana?’

”—No sé, Federico. A los chicos les corre prisa. Pienso que puede ser mejor que los llevemos ahora y ellos esperen en la estación del bus, no sea que nos quedemos dormidos y pierdan el primero —le contestó mi papá al padre de Lucas.

”Yo no sabía qué hacer. No me quería ir, pero Lucas no daba el brazo a torcer, y yo sabía que no podía dejarlo solo, por más miedo que tuviera.

—¿Y qué pasó?

—Pues mi papá dijo:

”—Hagamos esto: para que los chicos comiencen a entrenarse para la aventura que les espera, pueden dormir hoy dentro de la carpa de acampar en el patio. Yo me comprometo a no dejar que duerman de más y pierdan el bus —recuerda Lucas con una sonrisa.

—Mi papá nos preguntó qué nos parecía, y yo dije que si ya se había ido el último bus, no tenía sentido partir ahora, que mejor nos preparáramos para el día siguiente.

—¡Ofrecimiento que yo me apresuré a aceptar! —confirma Lucas.

—Bueno, les salió barata esa noche.

—¡Neee! La mamá de Lucas nos dijo que, como no íbamos a viajar esa noche, ya no necesitaríamos la merienda y nos quitó la lonchera, no sin antes decir que, como no quería agobiarnos, entendía que no quisiéramos pasar más tiempo con la familia, por lo que nos excusaba de cenar con todos… ¡y nos daba permiso de dormir sin cenar!

—Yo, ¡obvio!, le dije que nos daba pena porque ella ya había cocinado y no queríamos ser maleducados con ella.

—¡Muy buen argumento!

—Pero yo ya te dije que, de retorcidos, no les gana nadie. Por eso, mi papá le dijo que, ya que había ido por nosotros, él se comería con agrado la cena en nombre de su hijo —recordó Andrés.

—En ese momento, Andrés estaba a punto de llorar. ¡Ya sabes cómo se pone sin comida!

—¿Y lloraste? —preguntó Pablo.

—¡Nooo! ¡Primero, el orgullo! Me extraña la pregunta —se queja Andrés.

—¿Y qué hicieron?, ¿no cenaron?

—A ver: mi mamá es retorcida pero no es mala mamá. —Dice Lucas.

—Antes de que respondas esa pregunta yo quiero saber, ¿cuándo entra Manuela en la historia? —Pregunta Ángela, la novia de Andrés.


—Pues justo cuando pensamos que todos se habían ido a dormir, estábamos buscando entrar a escondidas a la cocina, cuando vimos una niña hermosa con dos coletas rosa, a juego con su pijama y su pony de peluche observarnos desde su casa al lado de la mía, para luego preguntar

—¿Qué hacen? -Preguntó Manuela.

—Nos preparamos para ir a la Legión Extranjera.

—¿No adivinan lo que nos dijo? -Recuerda Lucas.

—Nos pueden traer comida a mí Pony y a mí cuando regresen. -Todos se ríen de la inocencia de su amiga.

—Y ustedes ¿qué hicieron? -Preguntó Pablo.

—Nos metimos en la cocina y vimos unas bolsas que nos había dejado mi mamá con una cena ligera y una nota que decía que, nos dejaba esa merienda por si no alcanzaba a despedirse de nosotros en la mañana. —Recuerda Andrés.

—Comida que compartimos con Manuela, antes de quedarnos dormidos los tres en las carpas. —Dice Lucas.

—Los cuatro. —Le corrige Manuel riendo, acordándose de su Pony.

—¿Y al día siguiente? —Pregunta Pablo.

—Mi padre vino por nosotros bien temprano y se llevo en brazos a Manuela a su casa. Recuerdo que mientras la dejaba en brazos de su madre Lucas me dijo:

—Volveré a casarme con ella.

—Amor a primera vista. —Dice Ángela.

—Y en plena aventura. —Interrumpe Pablo.

—¿Aventura? Nadie salió a despedirnos, cosa que nos puso aún más tristes. Recuerdo que los dos teníamos mucho miedo; pero, cuando mi papá nos dejó en la escuela sin decir nada, aprovechamos la oportunidad y no dijimos nada. Nos despedimos de mi padre con un abrazo y salimos corriendo a la escuela.

—La historia no terminó no ahí. —Dice Lucas.

—Pero si no se volvió a hablar del tema. —Recuerda Andrés.

—Lo que nadie sabe es que, cuando regresé del colegio tenía un Pony rosado en mi cama, con una nota que decía.

Para que siempre tengas compañía en la Legión Extranjera, te lo deja tu vecina de 6 años.

—¿Quién sabe donde estará ahora mi Pony? —Se pregunta Manuela, mientras ve a Lucas ir al estudio, a poco tiempo sale con el Pony en la mano.

—¡¡Lo guardaste!!!! —Le dice Manuela mientras se acerca para abrazarlo y darle un beso.

—Desde que te conozco siempre tengo compañía. —Le dice Lucas mientras le da un tierno beso.


Nickole Naihaus

Nickole Naihans

Nickinaihaus



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1. Imagen : Evren Ozdemir

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