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El pianista

Actualizado: 30 jul 2023


Estoy sentada en un banco de la plaza central de la capital, leyendo un libro maravilloso. Cada palabra, frase, párrafo y página son un mundo por descubrir; una reflexión para considerar y pensar; un expresión para enamorarse. Por fin he podido hacerme con una copia del poema de John Milton Paraiso Perdido.


Repaso algunas de sus páginas y reeleo hermosas frases como ...El espíritu lleva en sí mismo su propia morada y puede llegar en sí mismo a hacer un cielo del infierno o un infierno del cielo... o Libremente servimos, porque libremente amamos; de nuestra voluntad depende el amar o no, y en ella por consiguiente estriba nuestra elevación o nuestra ruina.... Cada vez que releo el libro, en particular esta última frase que acabo de citar, puedo oír dentro de mí la Sonata No. 14 Op.27 No.2 conocida como Claro de Luna de Beethoven, creando un ambiente melancólico dentro de mi. Es como si las letras se unieran en perfecta sintonía con cada nota tocada en el piano, para llegar a mi alma, corazón y mente, con el fin de abrir un espacio de reflexión.

Las reflexiones que surgen no sólo me conmueven, sino que me hacen pensar sobre nuestros tiempos que, por momentos se sienten tristes y sin esperanza, como cuando cancelaron la tertulia El Arcano Sublime de la Filantropía, del gran pensador Camilo Torres, a quien encarcelaron y se cuenta que torturaron sin piedad, un momento triste para nuestra cultura. Pero que se ven coloreados por recuerdos de encuentros extraordinarios, como el que me pasó hace unos días en mi biblioteca de Historia Natural, a donde asistió el maravilloso pensador Alexander von Humboldt quien en compañía del sacerdote José Celestino Mutis, están al frente de la llamada Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, quien no escatimó elogios al conocerme.


Debo admitir que por más concentrada que me encontraba, me ha dado la impresión de que alguien me miraba, busco al curioso que está observándome y creo reconocer a alguien, es.... es... si señores creo que es un abogado, al ver que lo he descubierto en flagrancia, comienza a alejarse de la plaza. Con la curiosidad propia de mi género, emprendo mi camino en búsqueda del hombre misterioso, tal vez pueda animarlo a que se una a mi tertulia del Buen Gusto, de la cual me siento muy orgullosa, pues de ella han surgido tanto nuevas ideas como nuevos espacios sociales en donde se he logrado romper la división masculina y femenina que siempre ha imperado.


Camino hasta llegar a un café que hay en la esquina opuesta de la plaza, puedo ver que hay un hermoso piano de cola y recuerdo mi poema, olvidando que perseguía un curioso, entro para admirar el hermoso instrumento. Camino por un largo corredor, cuando me veo sorprendida por las primeras notas de Claro de Luna, el pianista toca con majestuosidad, cuidando cada nota, cada acorde, es como si el mismísimo Beethoven estuviera frente al piano. Como si de un regalo divino se tratara, camino presurosa al encuentro del pianista cuando para mi sorpresa me encuentro con el hombre que me había estado espiando, levanta su mirada para sonreírme con coquetería, para luego continuar deleitándome con esta hermosa sonata.


Su manera de tocar, combinada con su forma de mirarme hace que sobren las palabras, es como si nos conociéramos de toda la vida, como si nuestras almas se hubieran encontrado, después de mucho tiempo de estar buscándose, como si ese claro de luna del que habló el poeta y crítico musical alemán Ludwig Rellstab, quien al realizar la comparación entre el primer movimiento de la pieza y como se ve el claro de luna del Lago de Lucerna, nombrando entonces esta hermosa pieza, se materializara en este café, creando un espacio en donde sólo estamos mi pianista y yo, conversando, conociéndonos, cortejándonos; es una experiencia sublime y única, un espacio diseñado exclusivamente por y para los dos.



Su forma de tocar me conmueve hasta las lágrimas y hace que pierda la noción del tiempo y sólo regreso al aquí y al ahora, porque siento la presencia de alguien frente a mi. Es un hombre muy galante que me está ofreciendo su pañuelo, yo lo tomo con gracia para poder ver la cara del hombre que me había estado observando:


-Pero si es usted el hombre que me ha estado mirando. .

- Soy Francisco González Manrique y puedo decir desde lo más profundo de mi corazón, que es un placer no sólo mirarle, sino conocerla y si me permite, poder llegar a su alma.

- Claro que le permito, pues así ha sido, puedo pregunta ¿cómo ha escogido usted esta hermosa sonata?

- Porque vi que estaba usted leyendo Paraíso Perdido y creo que John Milton siempre hay que leerlo con Beethoven en compañía, -Su comentario me hace sonreír, porque es así como considero que debe leerse.

- Tiene usted toda la razón, podría invitarlo a mi Tertulia del Buen Gusto.

- Pero por supuesto que puede y será para mi un honor formar parte de la misma, entiendo que es usted una mujer de admirar, que ha creado un espacio como el que hemos podido disfrutar los dos, de intimidad, cultura y complicidad con quienes asistimos.

- Me halaga usted.

- Ahora podría hacerle a usted una contrapropuesta.

- Por favor. -Le digo asintiendo.

- ¿Podría cortejarla?

- ¿No lo ha hecho ya?

- Entonces, sería posible que me permitiera seguir conociéndola y dejar que me conozca.

- ¿Con qué fin? -No está demás preguntar, en esta ciudad sobran los hombres que buscan sólo una discreta aventura.

- Después del despliegue de pasión, melancolía y complicidad, no creerá usted que la busco con fines indecentes.

- Le agradezco la aclaración, pero aun no contesta mi pregunta.

- Deseo que sea mi esposa en un futuro muy cercano, porque estoy seguro de que detrás de cada hombre sensato, exitoso y por encima de todo feliz, hay una mujer extraordinaria y espero que usted sea para mi esa mujer.

- Será para mi un placer, sólo si me promete una cosa.

- ¿Cuál sería?

- Seguir creando espacios especiales entre Beethoven, John Milton y miles de pensadores y artistas más.

- Sólo si promete usted llenar mi vida de letras, ideas, sonatas, pasiones y aventuras.

- Que así sea. -Digo y como la mujer valiente que soy me levanto y sello nuestra promesa con un beso, el primero de muchos.



Fin.


Nickinaihaus

Nickole Naihaus

Nickole Naihans


P.D. Quiero aclarar que es una historia de ficción producto de la creatividad mía, no pretende otra cosa que entretener al lector. Aunque si está basada en hechos históricos de la historia de María Manuela Santamaría Ricaurte una mujer culta, políglota, ilustrada quien impulsó de manera activa el proyecto de la expedición Botánica. En sus tertulias se discutían temas políticos, científicos y culturales. Temas como la ilustración, el racionalismo y el naturalismo, que inspiraron a la generación de la Independencia.


P.D. Me tome una pequeña licencia literaria pues el esposo de María Manuela Santamaría Ricaurte no era pianista sino abogado de la Real Audiencia de Santafé e hijo del presidente de la misma. Fue reconocido históricamente como un “sujeto honorable y calmoso”, quien siempre apoyó las actividades intelectuales de su esposa. Hechos que se encuentran en el libro Historia eclesiástica de la Nueva Granada de José Manuel Groot.


Más sobre la autora:


Me llamo Nickole y me gustaría pensar que soy escritora, me gusta crear historias de amor, redimir mujeres que parecen olvidadas por la historia, cuentos que podrán leer acá, además de dos novelas y un libro de investigación, todos los pueden comprar en Amazon,



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