top of page

Moneda de cambio....



Mirando desde la ventana de la prisión en la que me encuentro, hago un recorrido de mi vida y de todas las transformaciones que he sufrido desde la segunda reconquista de los españoles. Cuentan las personas en la calle que cuando venía el pacificador Pablo Morillo a estas tierras, sus intenciones eran buenas, que lo que tenía en mente era retomar el control para los reyes de manera pacífica y que de hecho perdonó a más de un revolucionario y lo dejó vivir después de que se rindiera.


Las cosas cambiaron a causa de la traición de Juan Bautista Arismendi. ¿Quién es? se preguntarán, es el gobernador de la isla de Margarita, a quién Pablo Morillo le había perdonado su sentencia de muerte, y quien además de rebelarse a su partida, mató a cuchillo a toda la guarnición española. Es por este acto que el español se tornó violento y nuestras vidas se han hecho imposibles, al punto de vivir en un Régimen del Terror.


Aun tengo recuerdos de cuando era pequeña y mi madre me llevaba de la mano por la playa, imágenes de los hombres de color, los esclavos negros dejándose la piel y muchos dicen que hasta los huesos, en pleno sol, bajo la mirada atenta de los españoles, para construir la famosa muralla de nuestra ciudad de Cartagena. Mi madre aprovechaba el medio día para vender los dulces de fruta que ella hacía en las madrugadas. Los vendíamos entre nuestra gente, con el apoyo de más de una señora de clase.


Fueron tiempos muy felices, aunque no teníamos mucho, nos teníamos los unos a los otros. Recuerdo que en la tarde, luego de vender lo que que mi madre había hecho, ella y yo jugábamos en el mar, o jugábamos con las muñecas que ella me había hecho con los retazos de la ropa que ya no nos servía.


Esto fue hasta que regresaron los españoles, llegaron a la ciudad y la atacaron, nos mantuvimos luchando durante 106 días, en donde toda nuestra gente hizo lo que mejor pudo para no ceder ante los españoles. Pero debido a la miseria, el hambre y las epidemias que provocó el asedio, terminamos rindiéndonos. 


Aunque intentaron llevarme con ellos para utilizarme como esclava, mi madre logró salvarme embarcándome en un barco pirata, que estaba saliendo en medio de la conquista. El capitán Thomás se conmovió de mi madre, que desesperada le pidió me llevara con él, al principio él le dijo:


-Un barco pirata no es lugar para una pequeña y menos una preciosa como su hija.

-Le pido que la rescate, no vamos a poder resistir, usted lo sabe tanto como yo y prefiero que esté con usted que a merced de los españoles. Además le pido que me prometa que la cuidará como si fuera su hija. -Le respondió desesperada mi madre.

Ante esta suplica el pirata se rió y le dijo:

-Señora, creo que es usted la única mujer que confiaría en la palabra de un pirata y quiero decirle que no tengo hijas o hijos y mucho menos madera para ser padre.

-Yo, confío en usted. -Le dijo mi madre con serenidad y convicción. El pirata me miro a los ojos, parecía buscar algo, después de unos segundos le dijo:

-¿Y si termino haciéndola mi esposa? -Sus palabras me asustaban. Lo miro con cuidado y veo que es un hombre alto, de hombros anchos, piernas largas y cicatrices en los brazos. Una barba cubre la mitad de su rostro, su nariz es muy fina y sus ojos claros.

-Sabre que le habrá dado usted un futuro, uno que ahora yo no tengo para darle. -Al ver la seguridad de mi madre, el pirata me tomó de la mano, cogió las muñecas y la maleta que mi madre tenía en la mano y al ver la desolación en los ojos de mi madre le dijo:

-Le prometo que cuidare a su hija con mi vida, que le daré la mejor vida que esta vida me permita y que jamás la obligaré a hacer algo que no desee con su cuerpo y su corazón.


Mi madre me abrazó y me dijo.

-No te olvides de tu madre y recuerda siempre estar agradecida por la oportunidad que nos ha dado la vida. Eres el tesoro más preciado de mi vida y si hoy te estoy dando al mar, es porque no quiero que des tu sangre a una causa que no debió ser tuya, nosotros debimos hacerlo mejor la primera vez. Se fuerte y muestra de qué estamos hechas, no te dejes vencer de la vida, se fuerte, pero lo más importante Emilia es que disfrutes de cada día, como lo hicimos juntas. -Con lágrimas en los ojos me suelta y mientras se aleja de nosotros, el pirata le dice.

-La cuidare como el tesoro más preciado de la mía. -Cuando intento ir corriendo tras ella, el pirata me dice:

-Emily, es momento de que muestres de qué estás hecha y seas tan fuerte como lo es tu mamá. -Su tono es firme, pero a la vez trata de ser delicado, aunque se nota que le está costando la vida hablarme delicadamente. Yo le miro a la cara, directamente a sus ojos azules, tan profundos como el mar en el atardecer, veo que su ojo derecho está marcado por una cicatriz, respiro y aunque no entiendo muy bien que está pasando, asiento y comienzo a caminar hacia el barco.


Al principio todo fue muy difícil, era la única niña en el barco, las mujeres eran pocas, contando una cocinera, unas mujeres que limpiaban y las esposas de algunos marineros, Aunque no lo quisiera, mi presencia hacía que las operaciones dentro de la embarcación se entorpecieran., ¿dónde dormiría?, ¿quién me iba a cuidar? y lo más importante, estábamos en medio de una guerra de independencia, en medio del mar Caribe, ¿qué iba a ser de mi en un barco pirata?, ¿cuál sería mi futuro?.


Pensaron dejarme dormir con la cocinera, pero no faltaba que algún marinero se pasara de listo, por lo que adecuaron un espacio en la habitación del capitán. El primer día trate de no llorar y el señor Thomas trató de jugar a las muñecas conmigo, pero le resultaba muy difícil, por lo que en la cena yo le dije:


-Señor Thomas. -Le dije como todos le decían en el barco.

-Dime Emily. -Aunque cambio mi nombre, por no poder pronunciarlo como lo hacía mi madre, me gusto como lo decía.

-Yo le enseño a jugar muñecas conmigo, si usted me enseña a ser buena en el barco. -Y le extendí mi pequeña mano para cerrar el trato. Los marineros se burlaron, pero él entendió que era algo muy serio para mí y que aunque tenía miedo, estaba tratando de honrar a mi madre, por lo que con solemnidad extendió su mano, apretó la mía con firmeza y me dijo:

-Es un trato señorita Emily.

-Por favor dígame sólo Emily.

-Entonces tu me dirás Thomas. -Aunque medio barco se sorprendió, su mirada impidió cualquier comentario imprudente.


El tiempo pasó volando y logré convertirme en una de las mejores tripulantes de nuestro barco, aprendí a defenderme y me convertí en la señora del barco. De hecho no pasó mucho tiempo antes de que me enamorara de Thomas, pero él siempre me ha tratado con respeto y aunque aun duermo en el cuarto con él, nunca lo hacemos en la misma cama.


Todo iba perfecto hasta que enfermé de botulismo, Thomas entró en pánico y decidió hacer un trato con un oficial español a cambio de que cuidara de mi.


Mejoré con rapidez, un poco de fruta, mucho descanso y era de nuevo la Emily de Thomas, sólo que ya no estaba él a mi lado para compartir conmigo la vida. Logré recuperar la salud pero había perdido mi libertad. Le rogué mil veces a este hombre porque me dejará partir, le dije que mi lugar era en el mar y, lo único que logré fue que me encerrara en lo que parece un prisión con barrotes de acero.


Aunque he tratado de ganarme su confianza, no lo he logrado y cada vez que le pido que me permita regresar con mi gente, me ha repetido mil veces que Thomas no vendrá conmigo, que es momento que lo deje ir, pero yo prefiero guardar todo el amor que tengo y no gastarlo en un hombre que ha osado pegarme por no dejarle tocarme.


Oigo un ruido afuera de mi cuarto y tratado de acercarme a la puerta para saber qué está pasando, cuando voy a poner la oreja en la puerta oigo que gritan:


-Si estás detrás de la puerta, aléjate porque la voy a tumbar. -Es Thomas, por lo que yo hago caso y en pocos minutos la puerta ha caído y Thomas está del otro lado. Lo miro con la misma ansiedad que cuando mi madre me dejo a su lado. Unos segundos pasan y el rompe el silencio:


-Perdona. -Me dice, realmente arrepentido.

-Pensé que me habías abandonado.

-¿En realidad lo pensaste?

-No. -En ese momento llega el oficial español rodeado de unos soldados.

-¿Pero que se supone que crees que estáis haciendo?

-He regresado por Emily.

-Perdona, pero me la has dado hace algún tiempo, ¿O es que acaso lo has olvidado?

-No se puede dar lo que no se tiene y ella no es mía, sólo le he pedido que la cuidara y le salvara la vida.

-Pues es lo mismo, su amor ahora me pertenece.

-Está usted equivocado, uno no puede pagar con amor las cosas que no le gustan o le incomodan, porque el amor no es una moneda de cambio. Y usted, bueno...usted...-Tomo fuerza y salgo de la oscuridad que me brindaba una de las paredes y develo mi rostro golpeado. En ese momento Thomas toma por las solapas al oficial español y le dice:


-Te pedí que te la llevaras para cuidarla, no para que la lastimaras. -Y cuando le va a golpear, uno de los soldados saca su arma y le apunta a la cabeza.

-¿Vas a disparar? -Le pregunta Thomas.

-En definitiva no se puede confiar en un pirata. -Dice el oficial mientras continua siendo alzado por Thomas.

-Te he preguntado una cosa, ¿vas a disparar? -Pero el soldado es realmente joven y está temblando. En ese momento aparece otro de los piratas del barco y le dispara.

-Uno sólo saca su arma cuando va a hacer uso de ella. -Dice Thomas y es justo en ese momento se desata un caos. Luego de varias peleas, algunos disparos y muchos golpes, en donde hemos tenido que defendernos con todo lo que tenemos, logramos escapar.


Una vez en el barco, trato de subir por la rampa improvisada pero el dolor por los golpes que me propinó el oficial no me lo permite, por lo que Thomas me toma en sus brazos y me ayuda a subir y llegar al cuarto.

 Ya en el cuarto, puedo ver como todo está organizado como antes de que enfermara y fuera llevada donde ese español, incluso están las dos muñecas con las que jugamos cuando yo era pequeña.


Tomo una con las manos y le digo conmovida:


-Pensé que te habías cansado de mi, de la niña que fui, de los errores que he cometido... pensé que la carga que mi madre puso en tus hombros desde que era pequeña, te había pasado por fin la factura y habías decidido deshacerte de...-No puedo terminar la frase, porque por primera vez desde que nos conocimos, las lágrimas me traicionan y la tristeza comienza a manifestarse en forma de llanto.

-Nunca has sido una carga para mi, aquellas presuntas cargas que crees que he tenido que soportar, jamás lo fueron, de hecho todo ha sido aprendizaje, pequeñas cosas que sortee con paciencia y compromiso, nunca con resignación o hastío. -Recuerdo que antes de que me enfermara, una noche traté de hacer una cena romántica, flores, velas, comida especial, incluso traté de ponerme ropa halagadora, de hecho me puse lo más hermosa que pude y aun así me rechazo.

-Pero, la noche antes de que me enfermara...

-Te rechace. -Me dice cerca.

-Si. -Le digo dolida.

-No quería que te entregaras a mi por agradecimiento o que me dieras tu amor por un sentido de obligación, porque eso hace que se devalúe el sentimiento y cuando te das cuenta, el amor se empieza a acabar. Es como si lo que hubieras ahorrado fuera tan sólo un poco de monedas.

-Yo... pensé que no te gustaba como mujer.

-Te amé desde el momento en que me diste la mano y no dudaste en irte conmigo. -Me dice como respuesta.

-¿Cómo?

-Eras una niña hermosa y muy valiente, que siempre ha vivido honrando la gallardía de su madre.

-Siempre me has tratado con cariño.

-Soy un pirata, cualquier otra niña en tu lugar se habría puesto a llorar y le habría hecho un berrinche a su madre.

-Mi mamá ya tenía mucho dolor por la situación que estaba viviendo como para que tuviera que cargar también con el mio.

-Ves lo que te digo, siempre has estado a la altura de la situación y no sobra que te diga que te has convertido en una mujer muy hermosa, valiosa e irremplazable.

-Soy buena pirata, logré hacerme un lugar en el barco. -Le digo.

-Y mi corazón. -Con esa declaración entiendo que la razón de su rechazo era que no quería que me entregara a él por obligación, tenía miedo de que me arrepintiera de estar con él.

-Yo me enamoré de ti el día que te arrodillaste enfrente de esta cama para jugar con mis muñecas y comencé a amarte cuando rezaste conmigo una plegaría que no conocías por mi madre y mi familia, ese día también recé para que algún día me hicieras tu señora. -Y una vez hago mi declaración de amor, sello la promesa de nuestro amor con un beso. El me abraza con fuerza, responde mi beso con una pasión en donde me promete un futuro en el que podré disfrutar de cada día a su lado.


Fin.

Nickinaihaus


Nickole Naihaus


Nickole Naihans




P.D. Quiero aclarar que es una historia de ficción producto de la creatividad mía, no pretende otra cosa que entretener al lector.





346 visualizaciones0 comentarios

Entradas recientes

Ver todo

Comments


bottom of page