Una vida


Sentado en el precario escritorio con el que me han dotado los españoles, me sumerjo en los recuerdos que me ayudan a no perder la cordura y me brindan la esperanza que necesito para resistir el encierro.


Recuerdo que desde hace muchos años he admirado a Magdalena Ortega (1), por que es una mujer culta, con una voluntad férrea, de principios intachables y poseedora de una belleza sutil, delicada, elegante, aunque su familia en un comienzo no fue poseedora de una gran fortuna, ella siempre supo manejarse entre lo más destacado de la sociedad capitalina, con estilo y sofisticación..

Hija de José Ignacio Ortega y Gómez de Salazar y Petrona Mesa y Moreno, desde que era pequeño, tuve la fortuna de verla cuando asistía a los servicios religiosos con sus padres. Mucho después me sentaba con mis hermanos a verla salir del colegio La Enseñanza.

- Pensé que usted había estado mucho tiempo encerrado en su casa, al menos eso se decía en los salones y reuniones de la alta sociedad, si mal no recuerdo todo debido a su precario estado de salud. -Me replica mi compañero de celda.

- En efecto fue así, de hecho la mayoría de mi educación fue en casa, con base en los libros de la enorme biblioteca de mi padre. Pero creo que usted sabe que cuando el amor llama, no hay enfermedad o prohibición que atiendan razones y mis hermanos siempre han sido mis grandes aliados en cada causa que he decidido liderar. -Le contesto, ante el cual se instala un incomodo silencio.

- Perdone le he interrumpido, me decía usted. -Me insta a continuar luego de unos minutos..

- No quiero monopolizar su tiempo con mis recuerdos. -Le digo.

- Cuando se está preso, tiempo es con lo único que se cuenta. -Me replica con una verdad que pesa como cada uno de los ladrillos y barrotes que nos tienen prisioneros.

- No fue fácil conquistarla, el hecho de ser menor que ella tres años la hacía resistirse ante mis intentos de cortejo.

- Me imagino que a eso se sumó, la atención que recibía por muchas mujeres al ser usted el abanderado de un batallón de milicias creado para contener a los comuneros de 1781. (1).

- Eso es algo de lo que jamás podré sentirme orgulloso, el presenciar el tormento y la ejecución de José Antonio Galán (2), siempre me perseguirán. De hecho si no es por el apoyo de Magdalena, jamás habría podido convertir ese suceso en la inspiración para apoyar a mis compañeros en la batalla por la independencia. -Recuerdo con un sabor agridulce todo ese episodio.

- Me permite preguntarle a usted, ¿Qué hace a la señora Magdalena, diferente a las demás mujeres que usted conoció antes que ella?

- Cualquier otra mujer se habría entregado a la pena al encontrarse sola y con seis hijos que cuidar, mientas su esposo está en prisión. Pero ella además de ocuparse de la crianza de nuestros hijos, se ha ocupado por defender las ideas de independencia mientras yo estoy acá pagando los muchos años de cárcel que me han impuesto los españoles. Mi esposa es tan valiente que ha llegado a empuñar las armas y dar los primeros disparos en las batallas dirigidas por su padre.

- ¿Y por qué decidió usted unir su vida en matrimonio a tan temprana edad?

- Porque ella es la vida que quiero para mi.


Nickole Naihaus

Nickole Naihans

Nickinaihaus



P.D. Quiero aclarar que es una historia de ficción producto de la creatividad mía, no pretende otra cosa que entretener al lector. Aunque si está basada en hechos históricos de la vida del prócer Antonio Nariño y su esposa Magdalena Ortega.


  1. La rebelión de los comuneros se produjo por la implementación de reformas fiscales y económicas en el nivel virreinato que implicaron una mayor carga fiscal sobre la población, además de la restricción del cultivo de tabaco y aguardiente favoreciendo al fabricado en España, lo que afectó sensiblemente a los productores locales.

  2. Galán es una figura reconocida en la historia colombiana por ser el líder de la revolución de los comuneros y debido a la manera cómo fue ejecutado por las autoridades españolas, pues además de condenarlo a la pena de muerte, se desmembro su cadáver, el cual fue esparcido a varias plazas como ejemplo de lo que podía sucederle a quien se opusiera al gobierno.


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