CompaƱero
- Nickole Naihaus L
- 18 sept 2022
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 25 jun 2024

¿Qué debes hacer cuando conoces a la persona con quien quieres compartir tu vida, pero no quieres perder lo que valoras de ella, por estar con él? Esa fue la pregunta que me hice el 16 de junio de 1822, en medio de cohetes, fuegos artificiales y repiques de campanas; y que mÔs tarde me repetà en el baile del municipio.
Desde muy pequeƱa, la revolución marcó mi camino con pequeƱos pero significativos detalles, como cuando veĆa los desfiles de los prisioneros de los espaƱoles sentada frente a la ventana de mi casa; o cuando me enteraba de las hazaƱas de doƱa Manuela CaƱizares, a quien considero una heroĆna no solo por su valentĆa, sino por que hizo de su casa, el hogar de la revolución, acogiendo a los conspiradores para que pudieran reunirse y planear una salida a la colonización espaƱola.
La pasión nunca me fue esquiva, pero el amor ha sido en mi vida un perro traicionero, que muerde la mano de quien le da de comer, uno que me llevó a vivir un matrimonio sin amor. Cuando era una adolescente, luego de varios aƱos refugiada con mi madre en nuestra hacienda de Catahuango, en donde logré ademĆ”s de aprender a comportarme en sociedad, manejar las artes del buen vestir, el bordado y la reposterĆa, tambiĆ©n a ser una excelente amazona; al volver a ciudad con tan solo diecisiete aƱos, unos meses despuĆ©sĀ de que mi madre quisiera internarme en el convento de monjas de Santa Catalina, conocĆ el romancĆ© en los brazos de un coronel del ejĆ©rcito del rey: Fausto Delhuyar.
A su lado descubrĆ la pasión, ademĆ”sĀ del infortunio de mi infertilidad y la forma en que la palabra en boca de un charlatĆ”n, puede traer la ruina a una mujer enamorada. Porque fueron sus habladurĆas, las que me forzaron a contraer matrimonio con James Thorne, un mĆ©dicoĀ conocido de mi padre, un hombre noble, viejo y falto de pasión.

Pero ha sido mi fascinación por la vida pĆŗblica y mi Ćmpetu rebelde, los que me han traĆdo a este momento, el momento donde el amor se presenta ante mi puerta, como cuando salĆ del convento. Solo que en esta oportunidad no sĆ© si debo actuar con mĆ”s inteligencia que en aquella vez y cerrarle la puerta, porque ahora siendo una mujer casada, es cuando he logrado convertirme en una de las activistas mĆ”s relevantes de mi generación.
Es en mi casa en donde disfrazadas de fiesta, nos hemos reunido los revolucionarios y hemos espiado y logrado pasar información. He participado en las negociaciones con el batallón de Numancia y es justo en este aƱo, una vez que logramos la liberación de PerĆŗ, que he sido condecorada como "Caballeresa del sol, al patriotismo de las mĆ”s sensibles". TambiĆ©n he curado a los enfermos y he donado vĆveres a los solados.
Y hoy, he visto entrar al hombre que podrĆa condenarme de nuevo al ostracismo a causa de la pasión. Veo como se acerca sigilosamente a donde me encuentro hablando con mi amiga Rosita Campuzano, para interrumpir nuestra conversación con una pregunta:
- ĀæMe permite este baile bella mujer? -Me dice el homenajeado.
- Como podrĆa negarme a su invitación, al final de cuentas, este es un baile que se ha realizado en su honor Libertador. -Contesto mientras le doy la mano, antes de danzar al ritmo de la mĆŗsica.
- Ha llamado mi atención el hecho de que parece usted huir de mi presencia. -Me dice mirÔndome a los ojos.
- Debo disculparme entonces por mi comportamiento. Lo que ignora usted Señor Bolivar, es que huyo de una pasión que antes me ha sumido en la desdicha. -Le digo mientras damos vueltas por el salón de baile, frente a la mirada de los asistentes.
- ĀæPor quĆ© nuestro amor habrĆa de sumirla en la desdicha ? -Me pregunta curioso, con una mirada pĆcara en sus ojos.
- ¿Quién ha hablado de amor? -Le digo evadiendo contestar la pregunta.
- Sus ojos y los mĆos cuando nuestras almas se han visto y se han reconocido. -Me contesta serio.
- MĆ”s me temo que su alma condene a la mĆa a la sumisión. -Le digo con nerviosismo.
- ĀæMe toma usted por un tirano? -Me cuestiona aparentemente ofendido.

- Es algo que me he preguntado hoy, mientras le lanzaba flores desde el balcón.
- ¿Qué se preguntaba bella Manuela? -Me dice Simón Bolivar, confirmando que sabe mi nombre y quien soy.
- ¿Qué se debe hacer cuando se conoce a la persona con quien se quiere compartir la vida, pero no se quiere perder lo que se valora de ella por estar con él?
- ĀæPor quĆ© habrĆa usted de perder algo si comparte su vida conmigo?
- Las negociaciones, la lucha... Son cosas que veo incompatibles con el rol de ser su compaƱera, de hecho no veo que podrĆa ganar yo.
-Le digo confundida.
- Un compaƱero. -Me interrumpe y sella su promesa con un beso, un beso que promete toda una vida juntos.
Fin.
Nickinaihaus
Nickole Naihaus
Nickole Naihans
P.D. Me tomé una pequeña licencia histórica, pues en realidad no se tiene registro de que las conversaciones de Bolivar y Manuelita Saenz.
P.D. (2) Quiero aclarar que es una historia de ficción producto de la creatividad mĆa, no pretende otra cosa que entretener al lector. Aunque si estĆ” basada en hechos históricos de Manuelita Saenz.
Foto 2: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Manuela_Saenz_1825.jpg
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