Compañero

Actualizado: 19 sept


¿Qué debes hacer cuando conoces a la persona con quien quieres compartir tu vida, pero no quieres perder lo que valoras de ella, por estar con él? Esa fue la pregunta que me hice el 16 de junio de 1822, en medio de cohetes, fuegos artificiales y repiques de campanas; y que más tarde me repetí en el baile del municipio.


Desde muy pequeña, la revolución marcó mi camino con pequeños pero significativos detalles, como cuando veía los desfiles de los prisioneros de los españoles sentada frente a la ventana de mi casa; o cuando me enteraba de las hazañas de doña Manuela Cañizares, a quien considero una heroína no solo por su valentía, sino por que hizo de su casa, el hogar de la revolución, acogiendo a los conspiradores para que pudieran reunirse y planear una salida a la colonización española.


La pasión nunca me fue esquiva, pero el amor ha sido en mi vida un perro traicionero, que muerde la mano de quien le da de comer, uno que me llevó a vivir un matrimonio sin amor. Cuando era una adolescente, luego de varios años refugiada con mi madre en nuestra hacienda de Catahuango, en donde logré además de aprender a comportarme en sociedad, manejar las artes del buen vestir, el bordado y la repostería, también a ser una excelente amazona; al volver a ciudad con tan solo diecisiete años, unos meses después de que mi madre quisiera internarme en el convento de monjas de Santa Catalina, conocí el romancé en los brazos de un coronel del ejército del rey: Fausto Delhuyar.


A su lado descubrí la pasión, además del infortunio de mi infertilidad y la forma en que la palabra en boca de un charlatán, puede traer la ruina a una mujer enamorada. Porque fueron sus habladurías, las que me forzaron a contraer matrimonio con James Thorne, un médico conocido de mi padre, un hombre noble, viejo y falto de pasión.

Pero ha sido mi fascinación por la vida pública y mi ímpetu rebelde, los que me han traído a este momento, el momento donde el amor se presenta ante mi puerta, como cuando salí del convento. Solo que en esta oportunidad no sé si debo actuar con más inteligencia que en aquella vez y cerrarle la puerta, porque ahora siendo una mujer casada, es cuando he logrado convertirme en una de las activistas más relevantes de mi generación.


Es en mi casa en donde disfrazadas de fiesta, nos hemos reunido los revolucionarios y hemos espiado y logrado pasar información. He participado en las negociaciones con el batallón de Numancia y es justo en este año, una vez que logramos la liberación de Perú, que he sido condecorada como "Caballeresa del sol, al patriotismo de las más sensibles". También he curado a los enfermos y he donado víveres a los solados.


Y hoy, he visto entrar al hombre que podría condenarme de nuevo al ostracismo a causa de la pasión. Veo como se acerca sigilosamente a donde me encuentro hablando con mi amiga Rosita Campuzano, para interrumpir nuestra conversación con una pregunta:


- ¿Me permite este baile bella mujer? -Me dice el homenajeado.

- Como podría negarme a su invitación, al final de cuentas, este es un baile que se ha realizado en su honor Libertador. -Contesto mientras le doy la mano, antes de danzar al ritmo de la música.

- Ha llamado mi atención el hecho de que parece usted huir de mi presencia. -Me dice mirándome a los ojos.

- Debo disculparme entonces por mi comportamiento. Lo que ignora usted Señor Bolivar, es que huyo de una pasión que antes me ha sumido en la desdicha. -Le digo mientras damos vueltas por el salón de baile, frente a la mirada de los asistentes.

- ¿Por qué nuestro amor habría de sumirla en la desdicha ? -Me pregunta curioso, con una mirada pícara en sus ojos.

- ¿Quién ha hablado de amor? -Le digo evadiendo contestar la pregunta.

- Sus ojos y los míos cuando nuestras almas se han visto y se han reconocido. -Me contesta serio.

- Más me temo que su alma condene a la mía a la sumisión. -Le digo con nerviosismo.

- ¿Me toma usted por un tirano? -Me cuestiona aparentemente ofendido.

- Es algo que me he preguntado hoy, mientras le lanzaba flores desde el balcón.

- ¿Qué se preguntaba bella Manuela? -Me dice Simón Bolivar, confirmando que sabe mi nombre y quien soy.

- ¿Qué se debe hacer cuando se conoce a la persona con quien se quiere compartir la vida, pero no se quiere perder lo que se valora de ella por estar con él?

- ¿Por qué habría usted de perder algo si comparte su vida conmigo?

- Las negociaciones, la lucha... Son cosas que veo incompatibles con el rol de ser su compañera, de hecho no veo que podría ganar yo.

-Le digo confundida.

- Un compañero. -Me interrumpe y sella su promesa con un beso, un beso que promete toda una vida juntos.


Nickinaihaus

Nickole Naihaus

Nickole Naihans


P.D. Me tomé una pequeña licencia histórica, pues en realidad no se tiene registro de que las conversaciones de Bolivar y Manuelita Saenz.


P.D. (2) Quiero aclarar que es una historia de ficción producto de la creatividad mía, no pretende otra cosa que entretener al lector. Aunque si está basada en hechos históricos de Manuelita Saenz.


Foto 2: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Manuela_Saenz_1825.jpg

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