El olor del café...

Actualizado: 22 de nov de 2020


Me encuentro celebrando con algunos de mis amigos en medio de hermosos cafetales, el fin de un año que estuvo lleno de retos y oportunidades a vencer. El 2020 tuvo despidos masivos, recortes presupuestales y un infierno en metas, además de una pandemia que nos tuvo recluidos en nuestras casas la mayoría del año, con el miedo en el cuerpo, el corazón y en la mente, a una enfermedad que se llevó a más de un conocido. Por todo lo anterior decidimos celebrar que además de sobrevivir el COVID-19, no perdimos nuestro empleo, en mi caso al no recibir como digo yo, la carta del niño Jesús (así se llama mi jefe).


Por las precauciones y los cuidados que debemos tener para evitar un contagio, escogimos viajar a un destino al aire libre, en donde la naturaleza nos llenara de energía y nos recargara el ánimo; así que escogimos visitar por quince días, un hotel boutique ubicado en el paisaje cafetero colombiano, un lugar donde además de cultivar café, también plantan cacao, ofrecen el mejor ron colombiano y diversidad de manjares gastronómicos de las diferentes regiones del país.


Con una infraestructura colonial como la poseen la mayoría de las haciendas cafeteras, la casa está pintada de blanco con los portones, ventanales, y estructuras de madera pintadas de verde. Los muebles de los cuartos fueron escogidos meticulosamente, pues cada uno de ellos evoca el periodo de la colonia, las camas tienen el dosel alto y están decoradas con grabados de madera. La habitación donde nos alojamos mi mejor amiga y yo, tiene dos chifoniers hermosos para guardar la ropa y demás adminículos que los huéspedes hayan traído consigo, además de que frente a cada cama hay un baúl, en donde se guardan las cobijas y las almohadas adicionales, en caso de que en la noche haga mucho frio. Los baños cuentan con aguamaniles y los espejos están decorados con marcos de madera repujada. Las habitaciones que escogimos con mis amigos tienen balcones que permiten disfrutar del paisaje de la hacienda, en ese pequeño espacio se encuentran un pequeño comedor, una hamaca y unas mecedoras muy cómodas. El hotel también cuenta con piscina y algunas áreas comunes como un restaurante y dos salas de juego, que están decoradas con pinturas y fotos a gran formato de la fauna y la flora de la región.


Hoy que celebramos la noche de año nuevo y los dueños decidieron que todos los huéspedes nos reuniéramos al rededor de la piscina, para despedir el 2020 y darle la bienvenida al 2021, un año cargado de sueños y esperanzas. Por esa razón me encuentro sentada en una de las hermosas mesas decoradas, que se encuentra justo a lado de la piscina y que tiene vista al hermoso paisaje cafetero, estoy recorriendo con mi mirada los diferentes adornos de la fiesta, cuando oigo que alguien a mi lado me hace un cumplido:


- Una hermosa flor que embellece aun más el paisaje.

- ¿Perdona? -Le pregunto al hombre al hombre sentado a mi derecha como respuesta. Al enfocar mi mirada puedo reconocer una cara que me es familiar, pues lo he visto en varias oportunidades en el balcón de su habitación, el restaurante, la piscina y la sala de juegos. De hecho casi todas las mañanas me he encontrado con su mirada, mientras disfrutamos de los amaneceres inolvidables que el Eje Cafetero le regala a los visitantes, cada uno desde las hamacas colgadas en sus respectivos balcones.

- Te estaba diciendo que hoy estás aún más hermosa que los días anteriores, hecho que no pensé posible ya que... -su voz se apaga en la misma medida de que sus mejillas se sonrojan.

- Muchas gracias, hoy me esmeré en arreglarme, por eso aproveche una de las flores que me dieron de regalo los dueños del hotel, para decorar mi peinado y para recibir con la mejor energía el 2021, estoy estrenando los zapatos de tacón que me regaló mi amigo Juan. - Señalo a Juan, quien está hablando con una mujer al lado de la mesa de las bebidas.

- Pues te ves muy bonita. -Me dice algo cohibido.

- La verdad es que quería darle la bienvenida al nuevo año con una imagen positiva, por eso te doy las gracias por el cumplido, además de que debo decir que tú también estás muy apuesto. -Le digo mirándolo a los ojos, los cuales en las oportunidades que he podido verle, siempre han llamado mi atención, pues me parecen preciosos, son de un color avellana y están rodeados por unas pestañas largas negras, las cuales crean un contraste en realidad hermoso. Debo confesar que mi madre me enseño que no hay nada más incomodo para un hombre o una persona, que ofrecer un cumplido y que la mujer u el hombre que lo recibe, en vez de agradecer, lo ignore o en el peor de los casos lo refute con frases insustanciales como "no para nada, de hecho me siento más fea hoy que de costumbre" o "debes estar miope, porque no soy bonita"

- Con tanta comida tan exquisita moriré de Gula. -Creo que mientras estaba en mi reflexión, el hombre debió cambiar de tema de conversación, a uno menos comprometedor.

- ¿Gula? - Le pregunto, teniendo en cuenta que es un hombre bastante delgado, de hecho es de los pocos a los que los pantalones y la camisa de lino les queda bien, me cuesta creer que pueda morir de gula.

- Estaba pensando en que si tuviera que escoger dentro de los siete pecados capitales, creo que la gula sería mi pecado. - Me dice señalándome algunos de los letreros que decoran la fiesta, la cual debo repetir que ha quedado preciosa, los mensajes sugestivos que decoran los platos están escritos con una caligrafía muy cuidada en tinta de color rojo; los centros de mesas tienen flores exóticas de la región como: aves del paraíso, algunas orquídeas y varias cattleyas; el menú tiene además de algún detalle alusivo a los pecados, una flor de la región dibujada en los márgenes; cada detalle ha sido colocado con un gusto exquisito, para hacer sentir a los huéspedes, como si estuviéramos en medio de un paraíso.


Perdonen, olvide mencionar que el tema principal de la fiesta de despedida del año son Los siete pecados capitales, y debo decir que ha sido una idea original que ha logrado evitar la incomodidad que causa a los huéspedes interactuar con desconocidos. Porque la decoración, ha venido acompañada con diferentes dinámicas que han estado realizando a lo largo de la noche los dueños y el personal del hotel, causando risas en todos los asistentes y permitiéndonos conocernos entre nosotros; en este momento mi amigo Mauricio está compitiendo para demostrar que no es débil ante los placeres de la carne, haciendo caso omiso al olor del solomillo recién cocinado.


- ¿Cuál es tu pecado? -Me pregunta el extraño.

- La verdad es que todavía me estoy reponiendo del tuyo, debo admitir que ese habría sido el último pecado con el que te asociaría. - Cuando le vi llegar con el grupo sus compañeros, un grupo de hombres que se ha caracterizado por su impecable presencia y atractivo sexual; lo último que pensé fue en la gula, de hecho se me hizo un hombre bastante lujurioso, algo relacionado más con su actitud que con su atractivo físico, es el tipo de hombre que llama la atención de las mujeres por la seguridad que proyecta.

- Entonces ¿con cuál pecado me asociarías? -Me pregunta ansioso por oír mi respuesta.

- Con la lujuria. -Responde una voz cargada de deseo que no es la mía. Ambos nos volteamos para comprobar quien ha contestado su pregunta y podemos confirmar que es Maya, la anfitriona del hotel y del restaurante.

- No recuerdo haberte hecho pregunta alguna. -Le contesta algo enojado por la interrupción.

- No lo hiciste -dice acercándose de manera sensual. -Pero no pude evitar escuchar la pregunta mientras pasaba hacia el bar por una bebida. Es una mujer hermosa, tiene el pelo negro, largo y arreglado en hondas, unos labios carnosos que hoy ha pintado de rojo pasión; las facciones de su cara son muy delicadas y los ojos de color café se los delinea como lo solía hacer la cantante Amy Winehouse; tiene el cuerpo voluptuoso y le encanta enseñar su anatomía a quien quiera verla, a través de prendas pequeñas y ajustadas al cuerpo, en más de una ocasión he temido a que por un accidente se le salga un pezón de sus realmente escotadas camisas.

- Yo habría hecho el esfuerzo de no contestarla, porque al final no estaba dirigida hacia ti. -Le responde de malos modos el hombre y aunque entiendo su enojo, no puedo dejar de pensar que me parece bastante grosera su contestación.

- Es imposible ignorar a un hombre como tú. -Responde ella de manera audaz, haciendo caso omiso a la grosería de mi campero de mesa.

- Creo que no lo es, prueba de esto es que tus jefes no han tenido problema en hacerlo toda la velada.

- Ah, eso es porque son hombres, pero tú le despiertas los sentidos a cualquier mujer, hasta a la más pasiva de todas. -Esto último lo dice señalándome con cara de asco, mientras se sienta en el brazo del sofá al lado del hombre.

- ¡Hola Maya!, ¿tú por aquí? -Le digo con falso entusiasmo.

- Hasta donde sé, es la fiesta de MÍ hotel y YO sigo siendo la anfitriona. -Esto lo dice con la intensión de que el hombre sepa que tiene un cargo de poder.

- De hecho es el hotel de José Fernando y Luis, dos hombres encantadores que nos han hecho sentir como en casa. - Trato de hacerla sentir un poco mal por su actitud, la cual contrasta bastante a la pareja dueña del hotel.

- Pero yo les represento. -Me dice altanera.

- En eso tienes razón. -Y es que la tiene.

- ¿No deberías estar durmiendo?, sino estoy mal a esta hora las personas mayores están descasando. - Me dice la anfitriona quien evidentemente es menor que yo, debe tener 22 o 23 años.

- ¡No me digas!, eso significa que yo también debo irme a la cama, como lo debe hacer mi amiga. -Le dice el hombre de los ojos avellana, poniéndose de pie y ofreciéndome la mano, para que yo haga lo mismo, cosa que hago por instinto.

- ¿Para dónde vas?, la fiesta apenas comienza y tu tienes cara de ser de mi generación. -Le responde Maya interponiéndose en su camino.

- No lo soy, lo que pasa es que me conservo en alcohol cada noche. -Le responde mientras comenzamos a alejarnos.

- Espera tú no eres su amigo. -Le dice elle tratando de evitar que se le escape de las manos.

- ¿Cómo lo sabes? -Le contesta de manera apresurada.

- Porque yo hago le doy la bienvenida a todos los huéspedes del hotel y a ti no te vi llegar con el grupo de amigos de ella.

- Es que tú a mí no me viste llegar. -Le dice, dando por zanjada la conversación, alejándonos de donde Maya se encuentra.

- ¿Por qué no te vio llegar?

- Porque llegué con José Fernando y Luis. Mi turno, ¿Por qué dejas que te menosprecie así? -Me pregunta molesto.

- Porque como diría Mark Twain, Nunca discutas con un estúpido, te hará descender a su nivel y allí vencerá por experiencia. -mi comentario le hace sonreír.

- Nunca discutas con un idiota, la gente podría no notar la diferencia, Kant. -Me responde en lo que parece un duelo de citas.

- No conocía esa frase, me la voy tomar como mantra. -Le respondo.

- Así que eres una mujer orgullosa, ¿es ese tú pecado? -Me dice retomando la conversación que había iniciado momentos antes de que Maya nos interrumpiera.

- Creo que soy perezosa. -Le digo mirando el paisaje cafetero.

- Tú tienes de perezosa, lo que yo de gula. -Su comentario atrae mi atención.

- Te he visto todas las mañanas hacer yoga y creo que otra actividad física justo antes de las 05:00 A.M, cuando te sientas en la hamaca de tu balcón a disfrutar del paisaje. - Me sorprende que se haya fijado en esos detalles, aunque debo decir que también me asusta un poco, al final de cuentas no lo conozco, por lo que prefiero no darme por enterada y decido irme por un terreno menos comprometedor.

- Así que lo admites, la gula no es tu pecado. -En sus ojos puedo ver la desilusión por mi evasiva.

- La verdad es que no sabía ¿qué más decir para que hablaras conmigo? -Admite con un poco de pena.

- ¿Por qué quieres hablar conmigo? La verdad no lo entiendo, el hotel cuenta con bastantes mujeres más llamativas que yo.

- Porque me pareces una mujer interesante, eres el tipo de mujer que llama la atención con su porte y elegancia.

- Muchas gracias, aunque no creo ser tu tipo de mujer. -Puedo ver que mi respuesta le desconcierta por lo que continuo diciendo:

- A los quince minutos de que llegaras a la fiesta, fuiste claro al decir que no salías con mujeres mayores y yo hace algunos años que deje de tener 26 años. -Hago referencia a su edad, la cual le escuche decir al comienzo de la velada.

- Como tu amigo Mark Twain, he caído como un estúpido esclavo de mis palabras. -Me dice con voz de arrepentimiento.

- Siempre es mejor ser dueño de tus silencios. -Le digo en tono impertinente.

- ¿Entonces es la soberbia? -Me dice buscando recuperar el control de la conversación.