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Para no olvidar...

Actualizado: 27 abr


Hemos logrado cosechar un camino de logros en medio de una campaña libertadora que no nos ha dado tregua, si no es el enemigo, es el clima, si no es el clima, son los hombres que no quieren el cambio y que buscan congraciarse con los españoles, traicionando una causa que deberían sentir como suya. Esos hombres y mujeres que han vendido sus sueños y la libertad de cientos de compañeros, causando bajas y muertes dolorosas, amigos que han muerto en soledad, frente a un pueblo que como dijo la heroína Policarpa Salavarrieta, parece indolente ante el sufrimiento de nuestros compañeros.


Pero si hay algo que hace de este camino uno difícil de transitar, más que la distancia y en muchos casos la tumba, es el temor al olvido. Cuando partimos de casa lo hacemos con el corazón en la mano por aquellos que dejamos atrás. Nuestras madres, nuestros hermanos, nuestras mujeres o como en mi caso, ese hermoso ser que estaba pretendiendo antes de escoger el camino de las armas para lograr la libertad. Cuando el sol se esconde, esas noches en las que ni la luna se atreve a salir por un paseo, la oscuridad juega con nuestras mentes y nuestros miedos.


Hoy la luna me acompaña y aprovecho su luz para leer la carta que tengo en las manos y recuerdo la sensación de alivio que sentí al recibirla.


12 de junio de 1819



Querido Arthur,

¿Cómo estás?, ¿Me has pensando?. Tu silencio me permite concluir que no ha sido así. Desde que llegamos con mi comandante Simón Bolivar a estas tierras, estuve esperando que me contestaras la carta que te hice llegar avisando nuestra llegada, la verdad es que aún me duele que me ignoraras, por eso antes de comenzar el ascenso por la cordillera oriental, te envío esta comunicación, porque no quiero morir sin que sepas lo que siento.


No creo que pueda seguir tratado de construir un puente y una amistad si eso es lo que somos, cuando a ti no te importa. Me dices que estás hasta el cuello de tareas, que no es falta de voluntad sino de oportunidad y tiempo, algo que haces ignorando que soy una Juana (1), una mujer que se unió a la misma causa que tú, porque cree en construir un mejor futuro para los nuestros. Quieres que te cuente de tareas y oficios, ¿cómo te parece alimentar las tropas?, ¿remendar los uniformes de mi comandante?, ¿limpiar las armas cuando es necesario?; creo que has malinterpretado mi silencio frente a las vicisitudes del camino, como si estas no existieran y yo estuviera en un viaje de placer y déjame decirte que estás muy equivocado.


Viendo el cariño que le profesan las mujeres al comandante, me he dado cuenta de que yo no puedo seguir este camino de desilusión, en desilusión, que si eres honesto es en lo que se ha convertido nuestra amistad. Me dijiste que estarías esperándonos en la provincia del Casanare y cuando llegamos el 4 de junio de 1819, no estabas por ningún lado. Cuando llegamos a Tame el día 12 de junio, donde se hallaba acuartelado el general colombiano Francisco de Paula Santander, adivina quien no estaba ahí.


Antes de iniciar la travesía desde Guasdualito hasta Tame, en donde no sobra que te diga que sumamos unos 200 km de recorrido, que lo hicimos en pleno invierno, donde las tropas sufrimos lo que no está escrito debido a los ríos crecidos, las lluvias constantes además de las inundaciones en todo el recorrido. Las mujeres tuvimos que ser creativas y cocinar lo que pudimos encontrar debido a la escasez de alimentos y la incapacidad para aprovisionarnos; alce la mano para pedirte tu apoyo, solo requería un mensaje, una señal para saber que estabas ahí y lo único que  encontré, fue una indiferencia que me ha dolido en el alma.


No puedo seguir intentando crear espacios de encuentro, porque tú no estás haciendo el esfuerzo y no está bien. Sabes que estamos en el mismo ejército y tú jamás has tenido la iniciativa de venir a visitarme o proponer un espacio para vernos...


-¿Qué estás leyendo? -Me pregunta un compañero, quien al parecer sea quien hará guardia conmigo la noche de hoy.

-Una carta o mejor una herida sangrando a través de las palabras. -Digo malhumorado por no poder seguir leyendo.

-¿Me quieres explicar? -Me dice mientras se sienta a mi lado y comparte conmigo parte de su comida.

-Te ha pasado que...mejor, ¿alguna vez con tu silencio le has hecho daño a alguien?

-La verdad es que no soy tan profundo como tu, así que la verdad es que no.

-Ves la mujer que está repartiendo la comida. -Le digo señalando a una mujer bajita pero con un carácter y la fortaleza de miles de soldados espartanos.

-¿La mano derecha del General Bolivar?

-Ella me envió esta carta, cuando pensó que no me importaba.

-Sigo sin entender. -Me dice perdido.

-Perdona, antes de que comenzáramos nuestro recorrido con el comandante Santander y que ella se enlistara con el Comandante Bolivar, yo la cortejaba. Y vaya que era muy torpe haciéndolo.

-¿Un extranjero como tú? -Me dice riendo.

-Las mujeres es de mi país son diferentes, ella es apasionada, detallista y lo más importante y desconcertante es que ella es emocionalmente honesta y responsable.

-¿Sales con ella?

-No, él no sale conmigo, es mi esposo. -Dice ella con otra ración de comida en la mano,

-Señora. -Dice mi compañero, saludándola con cortesía.

-No es necesario. -Dice mi mujer.

-Si, si lo es. -Dice el Comandante Bolivar mientras camina entre nosotros.

-Comandante. -Saludamos todos.

-¿Qué tienes en la mano? -Me dice mientras trata de quitarme la carta.

-Aquella carta que me enviaste cuando pensabas que no me importabas.

-En donde te hago todos los reclamos del mundo. -Me dice mientras se pone colorada.

-Vaya que es hábil. -Dice mi compañero.

-Lo es, pero no te la voy a devolver.

-Oh, que vergüenza.

-¿Por qué te da vergüenza? yo siempre la agradezco.

-Por ser dramática y no saber que estaba pasando. -No la dejo terminar porque no me gusta que se trate mal.

-Primero, no eres dramática, eres una mujer que piensa y evalúa cada situación al detalle, no por nada haces parte del circulo más cercano del comandante. Así que por favor no digas que eres dramática, porque es gracias a ti que muchas de las situaciones dramáticas que hemos vivido en esta campaña libertadora han sido más llevaderas. -Le digo mientras pongo un poco de mi ración en su plato.

-Dos, no tenías porqué saber qué estaba pasando conmigo y las cosas que estaba haciendo por ti mientras estábamos literalmente separados, porque yo nunca tuve la intención de contarte.

-Pero es que tu derecho a cuidarme, es mi derecho a ser cuidada y a saberlo. -Me dice como una pequeña enfurruñada.

-En eso te equivocas Nuria, mi derecho a cuidarte también incluye, mi derecho a hacerlo sin tener que someter tu voluntad por mis actos.

-No entiendo. -Dice ella.

-Menos mal, porque yo tampoco. -Dice mi compañero y me han reír los dos.

-No somos pequeños.

-Tu eres un vikingo. -Dice mi mujer riendo.

- Yo sabía que si te enterabas del esfuerzo que hice para que tu pudieras llegar al país sana, ayudando a mi comandante Santander a movilizar los 1186 efectivos, y estando al tanto de si requerías alguna cosa que pudiera intercambiar entre las tropas, lo único que haría es encadenarte a mi por un vaso de leche.

-¿Cuál vaso de leche? -Pregunta mi compañero.

-Mi mamá siempre me habló del carnicero de mi pueblo, que se casó con su mujer porque siempre le llevó un vaso de leche al trabajo. Aunque no la quería por agradecimiento se prometió con ella de por vida.

-Tenía que ser un vaso de leche muy rico. -Dice mi compañero y todos nos reímos.

-No te me distraigas, aun no entiendo entonces ¿cuál era el sentido de hacer, si el otro no puede recibir?

-Oh no eso si que no. Todas las atenciones las recibiste, estamos acá en este sitio, mirando de frente la rama oriental de la cordillera de los Andes, desde la población de Pore, arribando al Fuerte de Paya y estamos juntos, porque si pudiste recibir mis atenciones. Puede que no supieras que eran mías, pero siempre que procuré por tu bienestar y supe que lo estabas recibiendo.

-Pero...-Al ver que levanto una ceja con la intensión de parar sus reproches, decide cambiar y me pregunta -¿Por qué la lees?

-Para no olvidar. -Le contesto.

-¿Qué? -Preguntan los dos al tiempo.

-Que el amor también hay que decirlo, que no sólo las acciones son importantes, que siempre deben ir acompañadas del diálogo y del entendimiento de que la otra persona necesita sentirse querida, amada y adorada.

-Sandes, lleve a su mujer a descansar. Y por cierto, sigue siendo usted bastante torpe en lo que a las mujeres se refiere. Hay que mimarlas, así estemos en medio de la nada a pasos del camino más arriesgado de nuestras vidas. Siempre debemos compartir lo poco o nada que tenemos con ellas y darles todo. -Dice mi comandante Simón Bolivar antes de seguir hacia su lugar de descanso.

-Estoy aprendiendo. -Le digo mientras ayudo a mi mujer a ponerse de pie.

-¿Vamos? -Le pregunto.

-¿A dónde? si tienes guardia. -Me dice riéndose e ignorando que he pedido ayuda para cambiar mi turno.

-Se te olvida que siempre debo darte todo. -Y ella como la mujer inteligente que es, entiende lo que le acabo de decir y la promesa que le acabo de hacer y la sella con un tierno beso, que nos merece más de un aplauso.


Fin.

Nickinaihaus


Nickole Naihaus


Nickole Naihans




P.D. Quiero aclarar que es una historia de ficción producto de la creatividad mía, no pretende otra cosa que entretener al lector.


(1)Las Juanas: explico mejor quienes fueron en esta historia : https://www.nickinaihaus.com/post/desde-el-infierno


(2)Arthur Sandes. En esta oportunidad quise rendirle un homenaje no sólo a las juanas sino al coronel que estuvo al mando del batallón RIFLES en la campaña libertadora. un irlandés. Un hombre que lucho en más de una batalla por la independencia y quien tuvo una participación importante en la Batalla de Corpahuaico.







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