¡¡¡4.323!!!

Actualizado: feb 2


¡¡4.323 estudiantes!!

La cifra por supuesto no me cabe en la cabeza, menos si tenemos en cuenta que todo comenzó con un viaje para olvidar un corazón roto, creo que es mejor si me explico. Hace unas semanas estaba en el baño de mi pequeño apartamento, arreglándome para ir a una gala con quien yo pensaba que era mi novio y justo cuando estaba terminando de maquillare sonó mi teléfono, como tenía las manos ocupadas, contesté y pongo de inmediato el altavoz:


- Aida, estuve hablando con mi representante y ... -Aunque debo admitir que me extraña el hecho de que no me salude primero, me deja aun más sorprendida que por primera vez desde que comenzamos a salir, no se ande por las ramas y vaya directo al punto. Eso, sumado al silencio que ocurre luego de que haya declarado que ha hablado con su representante, me hace saber que algo no anda bien.

- ¿¿y?? -Digo animando a mí... bueno la clasificación taxonómica para después de oír lo que tiene que decirme.

- Bueno... ella me aconseja que lo mejor para mi imagen como artista, es que hoy no vayamos juntos a la premier de la película de mi hermana, de hecho me dice que una parte fundamental de mi sex-appeal, es la sensación que tienen las mujeres de que soy un hombre sin ataduras, un espíritu libre, por lo que no es bueno que... -la verdad no quiero seguir escuchando la excusa barata con la que trata de ocultar esta deslealtad de su parte para conmigo, con nosotros, aunque si reflexiono un momento y pongo atención a lo que acaba de decirme, puedo afirmar sin duda alguna que realmente no hay un nosotros.

- Perfecto. -Le digo en un tono de voz que trata de parecer comprensivo, pero que alcanza a vislumbrar lo herida que me siento. Justo cuando voy a seguir hablando para mentirle y decirle que no encuentro problema alguno en no ir con él, que al final no me había alcanzado a arreglar mucho, oigo que alguien toca a la puerta de mi apartamento.

-Que pena contigo tengo pero tengo que colgar.-Le digo con prisa, la verdad es que no deseo seguir hablando con él, hecho que debe percibir porque me pregunta.

- ¿Estamos bien? -Aun no puedo creer el descaro que tiene para hacerme una pregunta como esa, luego de que me ha clavado un puñal en medio del corazón, por lo que me limito a responderle.

- Alguien me busca... -Y cuelgo, no quería mentirle diciendo que estamos bien y la verdad es que tampoco quería darle más tiempo para que pudiera continuar justificando su censurable comportamiento. Me recompongo lo mejor que puedo, no sé ¿qué me duele más?, si el corazón, el hecho de que este hermosa con mi nuevo vestido y no haya alguien que vaya a apreciarlo o... sin más preámbulos abro la puerta de mi apartamento y veo a mi vecina parada en el portón con dos maletas.

- ¡¡Nos vamos!!, así que cámbiate de zapatos. -Me dice con una seguridad que hace que me pregunte.

- ¿habíamos organizado un viaje juntas y yo no lo he recordado?

- Lo acabamos de organizar. - Me dice sin más.

- ¿A dónde? -Le pregunto.

- ¿Esa es la única pregunta que tienes?

- La verdad muchas, ¿a dónde?, ¿con qué fin?, ¿por qué?, ¿cuándo lo organizamos? -Creo que no tengo más.

- A mi casa, en mi país, lejos de la autocompasión en la que estás a punto de sumergirte, a causa de un artista del tres al cuatro, cuyo sex-appeal es muy parecido al de un mono, que se rasca los... -No la dejo terminar porque... bueno a buen entendedor pocas palabras.

- ¿Cómo sabes que...? -Mi vecina me interrumpe, al parecer hoy es un día en el que los interlocutores no dejamos terminar las frases de quienes nos están hablando.

- Ya hemos hablado de que nuestras paredes parecen hechas de papel de arroz, lo organice cuando oí la conversación que estabas teniendo hace unos minutos, lo único que si debo decir es que estás muy linda y bastante elegante para abordar un vuelo.

- Pero, ¿cómo nos vamos a ir justo a mitad de semestre? -Las dos estamos haciendo un doctorado ella en filología y yo en música clásica, y aunque es cierto que podemos manejar nuestros horarios, no creo que eso signifique que nos podemos ir a otro país.

- Bueno, entonces quédate en tu habitación llena de autocompasión.

- Gracias por tus buenos deseos. -Le digo bastante irónica.

- En caso de que entres en razón, te estaré esperando en la recepción por 15 minutos, después me iré con o sin tí. -Me dice dándose la vuelta con sus dos maletas.

- Ah, por cierto estás preciosa. - Una vez me hace ese último cumplido, se sube al ascensor y oprime el botón para bajar a la recepción. Yo cierro la puerta de mi apartamento y regreso al baño pensando que es una locura irse en la mitad del semestre. Cuando voy a comenzar a desmaquillarme, puedo ver el reflejo de una mujer realmente elegante, de hecho me permitiré confirmar que estoy preciosa como dijo mi vecina, y pienso que la locura sería no seguirla y no embarcarme en la aventura que me está proponiendo. Por lo que me quito los tacones, me pongo unos tenis y bajo corriendo a su encuentro esperando que no se haya marchado. Llego casi sin aire a la recepción pero ella ya no está ahí, salgo a la calle con la intención de detenerla para que no se vaya sin mí, pero miro en los dos sentidos y no la encuentro. Desanimada por haber perdido una oportunidad única, regreso a la recepción del edificio, pero una voz me detiene:

-Sabía que además de preciosa eres una mujer inteligente. -Me dice mi vecina mientras me entrega un sánduche y me indica el taxi que nos llevará al aeropuerto.


Desde que llegamos a su ciudad, mi vecina se ha encargado de que me sienta como en casa. Me ha presentado a sus amigos Kise, Marco, Juan, Kuro, Paola, Juana, Juliana, Momo, entre otros; además de sus padres Nina y Jaime, algunos conocidos de clases de arte y cultura. También me ha ayudado a encontrar lugares de interés, como teatros, museos, bibliotecas, la universidad donde hizo su pregrado y donde Kise da clases de medicina interna, creo. De regalo de cumpleaños me llevó a la opera, en esa oportunidad Kise fue como mi acompañante, no sobra que les cuente que él es de los amigos más apuestos de mi vecina, mide un metro noventa, tiene los ojos de color castaño dorado, es rubio, y muy encantador.


Me imagino que se estarán preguntando, ¿y los 4.323 estudiantes?, ellos llegaron a mi vida por una casualidad y parece que lo hicieron para quedarse. Resulta que un día esperando a que Kise terminaba de dictar su clase de medicina, vi en una de las carteleras de la facultad de artes, que buscaban profesores para que dictaran las clases electivas del siguiente semestre. Revise mi reloj y me di cuenta de que contaba con suficiente tiempo para proponer mi materia y encontrarme con Kise para almorzar. Cogí mi agenda, hice un boceto de cómo me imaginaría la clase de percepción de música clásica en el periodo barroco, me arregle un poco y solicité un turno para reunirme con el comité.


Frente a una mesa gigante, en lo que parecía ser la sala de juntas de profesores, frente a 6 maestros inexpresivos, expuse mi idea y espere a que de acuerdo a su mutismo me rechazaran. Varios minutos de silencio pasaron antes de que el hombre que se encontraba en el puesto del centro me dijera.


- Es una idea original, no sé que tanto pueda conectar con los estudiantes, pero creo que vale la pena arriesgarnos.

- Estoy de acuerdo contigo Aoki. -Le dijo la mujer del lado, mientras los otros profesores coincidieron con ellos.

- Mauricio por favor sube a la red la materia de la profesora Aida. -Le dijo Aoki al joven de la esquina al lado de la puerta.

- Debes saber que una vez subida a la red, quien quisiera la inscribiera en su horario lo hará.

- ¿Qué pasa si no se inscribe alguien? -Pregunto con algo de ansiedad.

- La verdad es que esto es como la televisión, quien más rating tenga será el profesor contratado. -Me dijo Aoki.

- Muchas gracias.

- ¿Tienes alguna otra pregunta? - Me dice la señora del lado de Aoki.

- ¿Cuándo sabemos si tuvo éxito la materia?

- En la tarde tendremos los resultados.

- De nuevo muchas gracias, por la oportunidad y por el tiempo. - Les digo, mientras me despido de ellos y salgo corriendo a encontrarme con Kise.


Una vez en el almuerzo, Kise me comparte varias de sus experiencias con el Basket y yo aprovecho para contarle lo acaba de suceder:


- Me parecería maravilloso tenerte en mi universidad. - Me dice Kise mientras me sirve un poco de sus camarones para que los pueda probar.

- La verdad es que a mí también, pero no estoy muy segura. -Le digo mientras le sirvo un poco de mi pollo al limón.

- ¿Por qué no?

- Bueno debes aceptar que la música clásica no es muy popular y menos la barroca. Además no sé si quieras verme de seguido en la universidad.

- Lo primero es que quiero verte de seguido. -Me dice tomándome la mano.

- Y sobre lo demás, tienes un curriculum envidiable, eres encantadora y has publicado además de algunos sencillos creo que les dicen. No veo porque no habrían de contratarte. - En el momento en que voy a contestarle, suena mi teléfono.

- Disculpa es mi teléfono. -Le digo mientras saco el celular, con la ansiedad de quien espera una noticia importante. En efecto es la secretaria del rector de la universidad, quien al parecer requiere mi presencia de inmediato. Con un poco de ansiedad le digo a Kise de la reunión sorpresa.

- ¿Puedes dejar de pensar que hiciste algo malo? -Me dice sonriendo, mientras me ayuda a poner de pie y me acompaña hacia la oficina del rector.

- ¿Perdona? -Le digo algo distraída, la verdad es que me pueden los nervios, qué puede ser tan importante que deba ir a la oficina del rector.

- Es que tienes la misma cara que ponen mis estudiantes cuando saben que han hecho algo mal y que les voy a regañar.

- Pues no vamos muy desencaminados, que nunca me fue bien en las reuniones en la dirección de la escuela. -Le contesto algo ansiosa. Llegamos a la rectoría y nos sale al encuentro la secretaria de la dirección.


- Señora Aida, por acá por favor. - Antes de que pueda despedirme, Kise me da un abrazo y un suave beso en los labios que me sabe a limón y gloria.

- Te va a ir super bien. - Me dice con una seguridad que me ayuda a enfrentarme a lo desconocido.¿ No sé cuánto se demoró la reunión?, lo que si sé es que al salir Kise aún está ahí.

- ¿Tú no tenías clase? -Le pregunto extrañada y encantada de encontrarlo en la sala de espera.

- En este momento tengo otras prioridades. -Me responde mientras se pone de pie para venir a mí encuentro.

- ¿Cómo te fue? -me pregunta mientras me da un abrazo que me reconforta.

- La verdad es que...- de nuevo suena mi celular, es el hombre porque el que vine a este país, si señores aquel que hablaba de su sex-appeal.


- Diles que llegó en dos horas, que se esperen.

- Pero, ¿cómo sabes dónde estoy? -No me deja terminar la pregunta.

- Tú diles que llego en dos horas, te tengo que dejar porque ya sale el avión. - Y sin más cuelga el teléfono.

- ¿Quién era? -Me pregunta Kise.

- ¿Te acuerdas del motivo por el que vine? -Mi pregunta le pone tenso y rompe el abrazo.

- No me digas que es el sujeto que ... -Me pregunta suspicaz y un poco incomodo, o debería decir que inseguro, tal vez ¿molesto?.

- Que viene a negociar mi salario.

- ¿Cómo? -Me dice tomándome la mano y guiándome al sofá donde estaba esperándome mientras yo estaba reunida con el rector.

- La verdad es que el rector me llamó durante la hora del almuerzo, porque se inscribieron 4.323 estudiantes a mi clase y una vez inscritos no los pueden ni reacomodar o cancelar mi clase.

- ¿Estás segura de que eran 4.323?, ¿de pronto eran 4.324? -Me dice en broma.

- Eres un bobo.

- Pero al parecer te gusto así. -Me dice con una sonrisa preciosa.

- ¿Me lo estás preguntando?, porque si es así, te hacía más valiente. -Le digo con suficiencia.

- ¿Valiente?

- Si, pensé que tendrías la valentía de preguntármelo de frente.

- ¿Te gusto? -Y eso te pasa por preguntar, ahora es tu turno de ser valiente.