Desde el Vesubio


Pompeya, 24 de agosto del 79


Querido Aurelio,


Te escribo esta carta con la esperanza de que no alcances a leerla, porque nos habremos encontrado y habremos podido escapar de lo que parece ser un final inminente para nosotros y para nuestra hermosa ciudad. Siento como si hubiera sido ayer cuando la Magna Mater, o tal vez fue Saturno con la ayuda de los Titanes, movieron la tierra bajo nuestros pies y redujeron a Pompeya a las ruinas el fatídico 5 de febrero del 62. Pensar que han pasado 17 años desde el terremoto, 17 años desde que logramos reconstruir nuestra ciudad piedra a piedra, pared a pared y monumento a monumento, para que hoy tengamos que presenciar como el destino echa por tierra todo ese trabajo, me produce una infinita tristeza.


Desde la ventana de nuestra Domus*(1) puedo ver el Foro, testigo de más de una transacción financiera y comercial, de los diversos eventos que movieron nuestra sociedad y de las travesuras que de pequeños cometíamos cuando jugábamos a ser comerciantes, emperadores y hasta dioses; el capitolio, hogar de Júpiter, Juno y Minerva, al verlo no puedo dejar de preguntarme ¿qué habremos hecho para que los dioses nos abandonen en un momento así?, además de que les rezo a todos, en especial a Juno, para que te conserve sano y salvo y me permita reunirme contigo, le pido que nos otorgue un futuro juntos en un nuevo lugar. Mientras escribo esta carta también puedo ver la basílica, residencia de la justicia y las leyes, además de que alcanzo a ver como algunos sino todos nuestros monumentos, luchan por sobrevivir el inclemente calor que emana el volcán, sumado a las cenizas que nos están ahogando como una tortura premonitoria al inminente final, que llegará cuando la lava consuma todo a su paso.


Aunque éramos unos niños, puedo recordar con mucho cariño aquellos tiempos en los que tu padre, el mío, tus hermanos, mis hermanas y hermanos, nuestros empleados, los esclavos y todos los habitantes de Pompeya ponían el conocimiento, el empeño y la fuerza necesaria para devolverle la vida a nuestra hermosa ciudad, una vida que ahora se está apagando mientras nuestros amigos, vecinos, trabajadores, esclavos y mascotas tratan de escapar con vida, buscando de llevar con ellos la mayor cantidad de cosas. El señor Pompilio, si el viejo amigo de nuestros padres me dice que la situación no es de preocuparse, que la lava no alcanzará a llegar a nuestras casas porque Júpiter la detendrá antes de que alcance a alguno de nosotros, me dice que tenga fe y de que que en caso de que dudemos y decidamos huir, él nos esperará en su casa y cuidará nuestras cosas para cuando regresemos y, aunque el final se hace cada vez más irrefutable, me temo que muchos piensan como él, desde la ventana puedo ver algunos vecinos que creen que por haber sobrevivido al terremoto, el volcán no les hará daño, otros están rezando a Júpiter y los que viven más alejados del volcán siguen en sus casas como si no estuviéramos en medio de una catástrofe.


Te espero con ansias cómo lo hacía de pequeña cuando me sentaba en el Cellae de la casa, para verte regresar con tu padre, creo venias de la Thermopolium *(3), en aquel entonces lo que más me llamaba la atención era el azul profundo de tus ojos y lo solemne que siempre te veías caminando al lado de tu padre, recuerdo que llamabas la atención de todas las mujeres sin importar su edad, todas saludaban a tu padre y te miraban con admiración, y no es para menos pues desde pequeño has sido un hombre muy apuesto.

¿Recuerdas que solíamos correr cerca del foro?, a veces jugábamos a ser gladiadores, eras el único que jugaba conmigo, porque al ser yo la menor de todos mis hermanos, ellos me veían como una molestia. Recuerdo que siempre que me lastimaba por perseguirte a ti y a mis hermanos, tú te detenías y me auxiliabas o en algunos casos me llevabas donde mi madre, quien recompensaba tu caballerosidad con galletas. Admito que desde la ventana de la casa te veía esperar a tu padre fuera del capitolio y como la mayoría de las niñas soñaba con ser tu novia.


¿Te he dicho que el día que me pediste en matrimonio me hiciste la mujer más feliz del mundo? Sabe Juno que rece más de una noche para que me concediera el privilegio de contraer matrimonio contigo, que fueras tu mi esposo y con quien posaría para el mosaico de mi casa. Mientras recorro con la mirada nuestro hogar, veo algunas esculturas, las paredes donde pintamos pequeños detalles y contemplo nuestro hermoso Atrium (4), sin dejar de sentir una nostalgia y una desolación al saber que todo quedará destruido.


Tengo miedo, miedo de que no llegues, de que no alcancemos a salir de la ciudad, de que no seamos testigos sino víctimas del volcán y de que quedemos enterrados, con nuestros hermosos recuerdos en una ciudad que nos vio nacer y que vio nacer nuestro amor. También tengo miedo del futuro incierto, pero sé que si logramos salir con vida, nos tenemos el uno al otro y nuestro amor bastará para comenzar un nuevo capítulo, una nueva domus, un...


Perdona la interrupción, el aire se hace pesado, la ceniza está comenzando a cubrir el cielo y se me está haciendo cada vez más difícil respirar. Ya recogí todas nuestras cosas, Tiberio esta a mi lado como buen perro guardián, esperando a que su amo regrese para llegarnos a un nuevo hogar.


Te dije que cuando regresé de la villa con mis padres cuando acabaron las vacaciones, justo cuando dejé de ser niña, regresé con la emoción de que vieras los cambios que el tiempo había producido en mi. Fui a tu casa donde tu padre me dijo que habías ido al capitolio, corrí a tu encuentro y te vi salir del templo con Julio, estabas majestuoso, te habías convertido en un apuesto hombre, tu pelo negro resaltaba el azul de tus ojos y aunque me viste y me sonreíste, no te detuviste a saludarme sino que seguiste hacia tu domus, pensé que no me habías reconocido, por lo que regrese a casa con un dolor en el corazón, me dije que debía olvidarme de mi primer amor y al día siguiente me propuse encontrar un nuevo amor. Pero tu tenías otros planos, no sobra decir que me extrañó mucho encontrarme contigo al día siguiente y el siguiente y cuando menos lo esperé, tenía la suerte de contraer matrimonio con uno de los hombres más apuestos y adinerados de la ciudad...


Te quiero mi esposo, si no llegas a tiempo quiero que sepas que te amo y que cada día contigo ha sido maravilloso, debo alejarme un poco de la ventana, la ceniza comienza a colarse dentro de la casa y está cubriendo cada vez más nuestra ciudad, aquella que ha sido testigo de innumerables calamidades y que está luchando por sobrellevar una nueva. No sé si Jupiter, Juno, Marte y los dioses nos han abandonado, si los hemos enfurecido, o si son los titanes quienes han decidido regresar a tomar venganza, sólo me queda esperar que podamos sobrevivir esta tragedia.


Comienzo a marearme y las piernas no me sostienen, debo sentarme mientras Tiberio se recuesta en mi regazo, continuo escribiendo estas lineas consiente de que si no llegas a tiempo la próxima vez que nos veamos será en...


P.D. Ostia, perdón me presento soy Aurelio y quiero que sepas tu lector, que llegué por mí esposa y alcanzamos a escapar ala ciudad más cercana. Espero que esta carta de mi esposa sirva como testimonio no sólo de un amor que logró sobrevivir la furia de los Titanes, sino de una tragedia que consumió nuestra hermosa ciudad.




Nickole Naihaus L.

Nickole Naihaus L.

Nickinaihaus.


P.D. Quiero aclarar que es una historia de ficción producto de la creatividad mía, no pretende otra cosa que entretener al lector.


Foto1:https://www.vix.com/es/btg/curiosidades/8262/9-curiosidades-sobre-pompeya-y-la-erupcion-del-vesubio

Tríptico de fotos: https://okdiario.com/curiosidades/curiosidades-pompeya-933056


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(1) Casas.

(2) Cardo y Decumanus: Son los términos empleado en la planificación urbanística en el imperio romano, denota las calle con orientación norte-sur y el Decumanus de Este a o este.

(3) Puestos de Comida Rápida.

(4) Atrium: el lugar central de casa, donde la familia realizaba algunas de las actividades domésticas.

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