El primer beso del resto de nuestras vidas

Actualizado: 22 de nov de 2020


Ya sé que es un sábado en la noche, también sé que tenía una cita planeada con el increíblemente apuesto Enrique de Financiera y soy consciente de que ahora me encuentro en el sofá de mi casa con mi mejor amigo viendo Harry el Sucio.

-¿Tengo algo malo? -Esta pregunta interrumpe la película y mi cadena de pensamientos.

-¿Disculpa?

- Olvídalo.

- A ver Julian, son tantas las cosas que están mal contigo, que no nos da una noche, esto requiere una intervención en toda la regla.

- Muy graciosa Raquel, muy graciosa. -Me dice encendiendo de nuevo la película.

- Un momento. -Le digo apagando del todo el televisor. -Al ti te pasa algo y no voy a dejar que lo pases por debajo de la mesa.

- No podría, los cajones de la mesa no me lo permiten. -Es cierto, en mi casa todo tiene doble función, en este caso la mesita de centro de la sala me sirve para guardar cosas también, pero ese detalle no es importante y no voy a dejar que me distraiga con tanta facilidad, o que siga haciéndolo en todo caso.

- Perfecto, ya que el espacio no lo permite, podrías decirme a qué se debe la pregunta de si tenías algo malo.

- Raquel, no podemos dejarlo estar, estábamos viendo la película. -Se acerca a tomar el mando a distancia.

- Sí, pero por algo la pausaste y ahora no voy a dejarlo estar, así que podemos quedarnos sentados viendo mi televisor apagado toda la noche o podemos…-Le digo tomando el control remoto, pero justo cuando voy a terminar la frase me interrumpe diciendo.

- Hacer algo más interesante. -Me dice alzando una ceja con lujuria, como lo hace siempre que quiere distraerme de lo que estamos hablando. Cuando era pequeña sucedía con frecuencia, debo mencionar que Julian es el mejor amigo de mi hermano y un hombre muy apuesto, atrofiado sentimentalmente, pero extremadamente sexual, un hombre que ha hecho que despierte la envidia de todas mis compañeras de trabajo cada vez que me recoge en la oficina. Aunque con el tiempo el efecto sexual que produce en mí se ha recudido… a quien quiero engañar, lo que ha pasado es que he descubierto su estrategia para engañarme y ahora que la sé, no permito que la use conmigo.

- ¿Como decirme que es lo que te pasa?

- Sabes que esta tendencia tuya a hablar todo lo que pasa en una relación, es lo que te tiene un sábado sin citas y sin sexo.

- Creo recordar que quien se presentó en mi casa con una caja llena de pasteles de frutas y una película para ver fuiste tú.

- Porque sabía que no tenías planes hoy. -Lo que Julian desconoce es que si tenía una cita, lo que pasa es que la cita de Julian me llamó para decirme que le había cancelado el compromiso, por lo que imagine que él debía estar en camino a mi apartamento y por eso cancelé mi comida. Su cita era una compañera de mi trabajo.

- Tienes razón. -Le digo no quiero que sepa la verdad.

- Un momento. -Me dice con cautela, sopesando mi respuesta.

- Qué?

- Tú nunca me das la razón y menos tan fácilmente. -Me dice levantándose del sillón como un investigador buscando evidencia.

- Bueno resulta que hoy no quiero pelear y quiero saber que te tiene perturbado.

- Primero, la palabra perturbar me perturba y segundo, resulta que hoy tenías una cita. -Me dice señalándome mis tacones destrozapies, son hermosos, pero si los uso más de tres horas seguidas, al día siguiente necesito vendarme todo el pie por las ampollas.

- Los tengo ahí desde ayer. -Mentira, soy la mujer más ordenada, tanto que rozo con el Desorden Obsesivo Compulsivo.

- Pinocho, eres compulsiva con el orden. Tú tenías una cita y quiero saber quién es el hijo de…

- ¡Ojo! -Lo interrumpo, no me gustan las groserías, me parece que han reducido el vocabulario de las personas en un 99%.

- Quien es el estúpido que te dejó plantada.

- Nadie me dejó plantada y no entiendo porqué tienen importancia los planes que pudiera tener o no para hoy.

- Importan porque cuando llegué me estabas esperando.

- Y??

- ¿Por qué me estabas esperando?

- Porque soy bruja y si mal no recuerdo estamos hablando de ti y de qué tienes de malo.

- Por ahora una amiga que no quiere decirme la verdad.

- Julian, es tarde, tengo sueño y me quiero ir a dormir. -El giro que ha tomado esta conversación no me agrada, por lo que me pongo de pie y comienzo arreglar el desorden que hemos dejado a lo largo de la noche.

- Y yo me chupo el dedo.

- Tus inclinaciones sexuales no me interesan.

- Esta es la primera vez que hablas de sexo conmigo.

- No estaba hablando de sexo contigo.

- Mira Raquel, o me dices porque me estabas esperando cuando tenías una cita o me largo de acá. -Ha pasado de 0 a 100 en la escala de enojo en menos de un minuto.

- Sabía que Mónica te había cancelado la cita. -Eso le detiene de seguir buscando su abrigo para marcharse.

- Te llamó?

- Si.

- Luego discutimos porqué te llamó y qué te dijo, por ahora quiero que contestes la pregunta que te hice.

- Creo que lo acabo de hacer.

- Eres la mujer más inteligente que conozco.

- Gracias.

- No lo digo para hacerte un cumplido.

- Lo sé, pero de igual manera lo agradezco.

- Podrías dejar de dar vueltas y responder, porqué sabías que iba a venir y qué pasó con tu cita.

- No estaba dando vueltas, antes no me preguntaste. -No me deja terminar.

- Podemos dejar la retórica e ir al punto.

- ¿Qué quieres saber?

- ¿Por qué cancelaste tu cita?

- Porque sabía que ibas a venir.

- Y decidiste aplazar tus planes.

- Sí y antes de que me preguntes, no es la primera vez que lo hago.

- ¿Cómo? -Mi respuesta le sorprende y por su cara se asoman una cantidad de sentimientos que no puedo diferenciar.

- ¿Quieres algo de tomar?

- ¿Tienes un whisky?, me imagino que no, teniendo en cuenta que no te gusta el licor.

- Lo siento, pero tengo Nesquik. -Le digo sonriendo.

- ¿Pasamos a las bebidas fuertes? -Me dice sonriendo.

- Creo que la ocasión lo amerita. -Si nos vamos a sincerar, mejor que corra chocolate por nuestras venas mientras lo hacemos. Lo veo asentir a mi ofrecimiento, por lo que voy a la cocina a prepararnos dos Nesquik.

- Así como yo te distraigo con sexo, tu siempre haces estas cosas para que se me olvide lo que estamos hablando, pero en esta oportunidad quiero saber con lujo de detalles lo que está sucediendo y no me voy a distraer. -Le lanzó mi mirada asesina, cosa que no le intimida lo más mínimo. -Te lo advierto para evitar que dilatemos lo inevitable.

- Te quiero menos que ayer.

- Pero será mucho menos que mañana, tranquila. -Porque tiene que ser tan encantador y sexy.

- A ver si termino pidiéndote las llaves de emergencia.

- Eso no va a suceder. -Me dice son suficiencia.

- Eres un idiota.

- Puede que sea cierto, pero no te vas a evadir de esta conversación.

- ¿No podemos dejarlos estar y atiborrarnos con calorías como siempre lo hacemos?

- No, lo siento, es posible que nos atiborremos de calorías, pero antes, necesito que dejes los prejuicios de lado y me digas ¿qué está pasando?

- Es que no sé qué está pasando.

- Creo que lo sabes y no quieres que asumamos lo que está sucediendo porque te da miedo.

- Porque te tienes que portar como un viejito avaro. -Pero qué estoy diciendo.

- ¿Viejito avaro?

- Ya no sé ni lo que digo. -Le digo mientras sirvo los Nesquik.

- Me doy cuenta. -Se acerca a colaborarme. -Puedes sentarte y hablar conmigo, nunca hemos tenido problemas para hacerlo. -Esto último me lo dice mirándome a la cara.