El Taxista Juró...

Actualizado: 22 de nov de 2020


Es un día lluvioso, el cielo parece sacado de un cuadro medieval, o tal vez de alguna de las obras de Goya de su ‘Pintura Negra’1. Está oscuro, la lluvia cae sin piedad en el asfalto, como una cortina de gotas que no permiten ver bien el horizonte. Un clima que hace juego con el sentimiento de desolación que me acompaña, después del desastroso almuerzo del que acabo de escapar. Trato de encontrar un medio de transporte que me lleve a mi casa, para dar por terminada la jornada del día de hoy, que aparte de haber comenzado a las 04:00 de la madrugada, estuvo marcada por el fracaso y el disgusto; pero aparte de los carros particulares que bajan por la calle, no puedo ver más nada. Siento la tristeza de la ilusión perdida, luego de haber pasado más de 45 minutos con un patán engreído, mientras me protejo del clima en la cornisa del restaurante. En mi cabeza oigo Cantos Gregorianos, como si mi corazón buscara conectarse con la divinidad, a través de un entresijo de sentimientos expuestos en latín.

A lo lejos veo un taxi de varias plazas, parece haber salido hace poco del concesionario, su pintura de un amarillo intenso, que se ve casi impoluta pese a la lluvia y aunque poco característico de los taxis de la ciudad, este tiene la franja de cuadritos blancos y negros como los taxis icónicos de Nueva York, puedo ver desde donde estoy que tiene el letrero de disponible encendido, por lo que me arriesgo a salir de mi escondite, exponerme a la tormenta que hay fuera de mi refugio, para levantar mi mano y pedir auxilio. El taxista en un acto heroico se detiene a recogerme, pero en el instante que voy a abrir la puerta, un hombre de traje elegante, con un maletín de lujo y un reloj Omega, tiene la audacia de abrir la puerta y usurpar mi lugar en el vehículo. Cabizbaja, derrotada, con toda mi ropa mojada, triste y con el Requiem de Mozart sonando ahora en mi cabeza, regreso a mi escondite. No alcanzo a dar más de tres pasos, cuando mi marcha se ve interrumpida por el sonido de un juramento:

- Le juro señor, que si no se baja de mi vehículo ahora mismo, no solo nos vamos a mojar los dos. Yo me detuve por la señorita y es a ella a quien voy a llevar. -Le dice el taxista al hombre elegante, abriéndole la puerta para que salga del vehículo.

- No ve que me estoy mojando, cierre la puerta y cobre lo que quiera, el dinero no es problema. -Le contesta el hombre de traje en un tono arrogante.

- ¡En efecto no lo es!, por eso le pido de manera amable y categórica que por favor se baje del vehículo. -Le contesta el taxista de manera condescendiente. Mientras el enfrentamiento verbal ocurre, puedo corroborar al constatar que este taxista en particular, está vestido de manera exquisita, tiene unos zapatos Oxford de color azul de gamuza, los cuales estoy casi segura, han quedado arruinados con esta lluvia torrencial; unos jeans azul oscuro que le entallan de manera perfecta su silueta; un saco de lana cachemir, de cuello en V y una camisa blanca de botones.

- Si quiere, cobre el doble de la tarifa, pero no sea necio, usted va a terminar con un pulmonía, yo voy a llegar a mi cita tarde y al final, la señorita está ahí y no parece necesitar el vehículo. -Le dice el hombre señalándome.

- ¡Disculpe!, es usted un arrogante, yo a diferencia suya, estaba fuera del restaurante mojándome y la única razón por la que salí de la protección que me ofrecía la cornisa, fue porque vi el taxi disponible.

- Pero no fue lo suficientemente rápida para tomar, lo que creía usted que era suyo por derecho.

- No me lo puedo creer, además desconsiderado, inescrupuloso, cree usted que esto era una competencia, sobre quién es el más fuerte.

- Le agradezco el discurso moralista que no nos lleva ningún lado y que estoy seguro que no le pedí… -Me dice, pero no le dejo terminar de responderme porque le digo.

- No se preocupe, se lo he dado con mucho gusto y además gratis, es más, si quiere también le puedo confirmar que su reloj Omega, es en realidad un imitación.

- ¿Cómo? -Me pregunta indignado, mirando su reloj.

- Yo sé que usted estará pensando que la razón por la que me encontraba debajo de la cornisa, es porque no tenía dinero para estar en el restaurante, pero lo que usted desconoce es que preferí pasar frio y exponerme a la lluvia, porque no soportaba continuar en una cita, con un hombre igual de patán que usted. De hecho, yo soy la mujer que estaba almorzando, justo en la mesa de su izquierda, esa misma que se quedó mirando cuando volvía del tocador y gracias a la cercanía de las mesas, pude reconocer que su reloj es una imitación. Que ¿cómo lo sé?, porque en los modelos automáticos de Omega, las manecillas se deslizan de manera fluida, lo que significa que no deben hacer ruido alguno. -Mi comentario le causa risa al taxista, quien como yo está mojándose en medio de la calle.

- Por muy estimulante que me parezca su conversación, voy a llegar tarde a mi cita, es posible que arranquemos, o le es imposible hacer bien el simple trabajo de taxista. -Este señor es cada vez más odioso.

- No me es imposible realizar la función de conductor de taxi, pero para hacerlo, me es imperativo que usted se baje de mi vehículo, de manera de que yo poder llevar a mi pasajera. -Al ver la resolución en los ojos del conductor, el hombre de traje elegante intuye que no va a ganar la pelea, por lo que juega con la última carta que le queda.

- Cree usted que yo me voy a dejar bajar de su carro chillón, sin tomar represalia alguna en su contra, tenga usted por seguro que esto no se quedaría así, le garantizo que me vengaré. -Le dice el sujeto.

- Pierda cuidado, estaré esperando sus acciones, cuando desee, esta es mi tarjeta profesional, en los números de teléfono o en la dirección puede usted encontrarme. -tarjeta que saca del bolsillo interno de la camisa, dentro del saco y se la tiende al hombre de traje, mientras le invita a salir. El hombre la lee con curiosidad y a medida que avanza en la lectura, va perdiendo todo el color de la cara.

- No puede ser, usted es…-Le dice con incredulidad.

- En efecto lo soy, puede buscarme en Linkedin si desea confirmarlo, ahora ¿sería posible que se bajara de mi vehículo?. -El sujeto parece estar en modo automático cuando lo hace.

- Por cierto, nuestra cita de mañana, queda cancelada ¿necesita que mi secretaria se lo informe a la suya?, ¿o con que se lo diga yo ahora es suficiente? - El hombre ha perdido su actitud arrogante, la cual ha sido reemplazada por otro sentimiento, no logro reconocerlo bien, creería que es vergüenza, pero no sé si él conozca el sentimiento o siquiera haya oido hablar de él.

- Señorita, ¿aun necesita que la lleva a algún lugar?

- Si por favor, si no le molesta que suba a su taxi en este estado. -Le digo, señalando mi ropa que está más que mojada.

- Para nada, nos encontramos en el mismo estado. Siga por favor. -Me dice sosteniendo la puerta, antes de cerrar mi puerta le dice al hombre del traje.

- Estaré esperando su venganza. - Una vez estamos los dos dentro del taxi, el taxista me pregunta.

- ¿A dónde la llevo?

- A mi casa por favor. Quiero agradecerle el acto heroico que ha tenido para conmigo, al rescatarme de la tormenta.

- No ha sido nada.

- Para mí, lo ha sido todo, estaba muerta del frio y la lluvia empezaba a empeorar. Es usted mi héroe. -Le digo, realmente agradecida.

- Es un placer dejar mi disfraz de Clark Kent, por un día y ser el Superman de alguien. -Su comentario me hace reír y puedo ver por el retrovisor, que el conductor tiene una sonrisa preciosa.

- Disculpe le pregunto, usted además de ser taxista, ¿tiene otra profesión?, no quiero sonar pretenciosa, pero por la cara del hombre cuando le ha entregado su tarjeta, me doy una respuesta afirmativa ¿qué dice la tarjeta que le ha entregado al hombre?, para haberlo puesto en ese estado. Espero que ese desagradable hombre no pueda lastimarle. -Esto último lo digo más para mí, que para él.

- Esas son muchas preguntas, y no se preocupe, no podrá hacerme daño sin salir lastimado en el proceso, así que no, no me hará daño. Antes de responder sus preguntas, ¿puedo hacerle yo una? -Me dice mientras me ofrece una caja de pañuelos para secarme.

- Pero por supuesto, disculpe que le haya agobiado, pero es que me ha dejado asombrada el cambio de actitud que ha tenido el hombre hace un poco. -Le digo mientras recibo algunos pañuelos, lo malo es que con la cantidad de lluvia que recibí, necesito al menos una docena de toallas para secarme.

- ¿Podría decirme dónde queda su casa? puede que después de este recorrido no necesite que me lo repita, pero la verdad es que aun no sé su dirección.

- Disculpe, no sé en qué estaba pensando. - Con vergüenza por el descuido, procedo a darle mi dirección.

- No ha encendido el taxímetro. -Le llamo la atención sobre este hecho, no quiero que ahora piense que le quiero robar su dinero.

- No se preocupe, es por cuenta de la casa… por las molestias ocasionadas por Mario. Ahora si me permite, puedo comenzar a contestar su preguntas.

- ¿Mario?

- El hombre desagradable que le estaba robando el turno en el taxi.

- ¿Le conoce?

- De hecho le conocí al mismo tiempo que usted, pero a diferencia de él, yo lo pude asociar quien era, una vez lo miré por el retrovisor del espejo.

- Osea que, ¿ya le había visto antes?

- Teníamos una cita mañana a las 15:00, porque tenía la intensión o quería, que una de mis empresas invierta en una nueva línea de productos que él está importando a la país.

- ¿Una de sus empresas?

- No creo que le extrañe saber que no soy conductor de taxi de profesión, vi que tuvo tiempo de evaluar mi vestuario, mientras sostenía mi guerra verbal con Mario.

- En efecto lo hice y lamento que al dejar su disfraz de Clark Kent, para rescatar a esta damisela en aprietos, la lluvia le haya estropeado sus zapatos.

- Pude ver su cara de dolor, cuando miro mis zapatos bajo la lluvia.

- Son realmente hermosos, además de que son de gamuza, por eso lo lamento tanto.

- Además de lamentarse, ¿tiene usted intención de ofrecerme algún estipendio a manera de resarcimiento?

- Pero por supuesto, requiere que le pague el importe de los zapatos. -Calculo que son realmente costosos.

- No quiero su dinero.

- ¿Entonces? -Qué otra cosa podría interesarle.

- Primero, permítame contestar sus preguntas y luego le diré lo que podría darme a cambio de mis zapatos.

- Perfecto.

- Menos mal.

- ¿Le extraña mi respuesta?

- Con usted nunca se sabe, si prefirió exponerse a un torrencial aguacero, antes de permanecer en una cita con un hombre, podría usted aprovechar que el vehículo no está en marcha y salir huyendo. -Su comentario me indica que escuchó mi conversación con el hombre desagradable de hace un momento.

- Mi nombre es Natan y soy el dueño de la cadena de gimnasios de Undō suru o hacer deporte en japonés -Me entrega su tarjeta.

- Los gimnasios donde además de máquinas, las personas pueden practicar otro tipo de deportes como tai chi o tai chi chuan. - Afirmo más que pregunto.

- Aunque es un arte marcial, en efecto son esos mismos. -Cuando veo su tarjeta, comienzo a entender la cara del sujeto, es uno de los CEO más importantes del mundo de la belleza y la salud de país, no sólo tiene gimnasios, sino spas, centros de rehabilitación y un mundo de cosas más.

- Veo que no le soy desconocido.

- Es un poco difícil que lo sea, es uno de los empresarios más exitosos del país, además de uno de los más jóvenes, sin contar que las mujeres lo consideran uno de los solteros más codiciados.

- ¿Las mujeres?, es decir que usted no me considera un soltero codiciado.

- Hasta hace 10 minutos era un taxista realmente considerado y un caballero de armadura defendiendo una damisela en problemas. Por lo que perdone si he herido su frágil ego, pero aún estoy encajando las piezas de lo que está sucediendo.

- Bueno, permítame y le ayudo, cuáles eran las siguientes preguntas. Ya recuerdo, estoy en el taxi de mi madre, quien en un arranque de no sé cómo llamarlo, tuvo la idea de comprar una flota de taxis, para ayudar a generar empleo a algunos de los hijos de nuestros trabajadores, o mejor de los trabajadores de ella y mi padre. ¿Por qué conduzco un taxi? Mi carro se quedo sin batería en el garaje de mi madre, por lo que tome prestado este taxi para ir a mi casa, mientras la grúa se lleva mi carro al taller. No no soy taxista, me gradué de la Universidad de Pekín en administración y financias, soy el CEO del grupo empresarial que ya usted conoce. ¿Qué le dije o entregue a Mario?, Le entregue mi tarjeta profesional, para que supiera que la soberbia nunca es buena, además de corroborar todo lo que usted le dijo bajo la lluvia. Sobre el por qué estoy manejando en un día lluvioso como hoy, al parecer lo hago para salvar a mi futura esposa de un aprieto. Creo que he contestado todas su preguntas, o me falto alguna.

- ¿Esposa? -Esto último me causa gracias.

- Me ha quedado algo por contestar. -Me dice ignorando mi risa.

- Si, ¿qué desea en compensación por sus zapatos?

- Una cita, seguida de un montón de nuevas citas, hasta que quizás decida casarse usted conmigo. - Esto ultimo me hace reír.

- Pero si apenas nos conocemos, es un poco loco pensar en matrimonio.

- Hundirse en la locura no es una fatalidad, quizás es, también, una elección. (A. S. Brasme)

1. ‘Pintura Negra’ a una serie de catorce obras en las que Goya empleó pigmentos oscuros y un tono negativo y pesimista.

Foto: https://www.muyhistoria.es/contemporanea/articulo/actualidad-la-pintura-negra-de-francisco-de-goya-421568192728


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Nickole Naihans L

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Nickinaihaus

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