La cocina...


Estoy en la cocina preparando los tamales y demás platos para la cena familiar del día de de los muertos, una tradición que comenzó con el nacimiento de los nietos a quienes agasajamos con dulces y golosinas, mientras que los adultos conmemoramos a los compañeros de lucha que dejamos atrás en la Insurrección de los comuneros (1). Estoy concentrada amasando en el mesón de la cocina, en compañía de algunas cocineras, cuando entra mi nieta mayor Juliana a la cocina y me pregunta:

- Abuela, ¿Cómo conociste al abuelo?

- Mmm... Juliana, eso fue hace tantos años que no sabría ni por ¿dónde empezar?, creo que podría asegurar que fue gracias al señor José Antonio Galán.

- ¿Tú conociste a Galán? -Sigue Juliana.

- Depende, ¿Sobre cuál de todos los Galán me estás preguntando? -Le digo para molestarla un poco.

- Del prócer José Antonio Galán (0). -Me dice impaciente.

- Ya lo sé, pero me gusta molestarte un poco.

- ¡¡¡Abuela!!!

- Paciencia Julianita, paciencia... -La verdad es que ella debe aprender a ser más paciente, si pudiera controlar su temperamento, eso le ahorraría una cantidad de problemas con sus padres.

- Abuelita, cuéntame. -Me dice con humildad.

- Claro que sí, fue un honor hacer parte de sus filas.

- ¿Lo recuerdas?, ¿Cómo era?. -Me dice mientras se sienta en una silla que hay en la punta del mesón donde estoy cocinando.

- Aún recuerdo al comandante Galán, era un hombre impulsivo, grande, mulato, decidido, te puedo confirmar que más de una mujer suspiraba por él.

- ¿Tú? -Me dice levantando una ceja suspicaz.

- Yo incluida...

- ¡¡¡Abuela!!!

- Niña... que por estas venas corre sangre y cualquier mujer con dos ojos y un corazón que late se habría fijado en él; no sólo por su físico sino porque por encima de todo, era un líder inspirador que valoraba el trabajo en equipo, siempre nos alentaba a dar y ser los mejores en cualquiera de las tareas que él nos delegara.

- ¿Cualquiera abuelita? -Me pregunta Anabella, otra de mis nietas la más pequeña con su hermano gemelo, que acaba de entrar con su muñeca de trapo y quiere sentarse al lado de su prima mayor.

- ¡Cualquiera mi pequeña! -Le digo levantando su cuerpecito y ayudándola a acomodarse en la silla continua a su prima.

- Ya fuera en la cocina como en mi caso, que era la mujer encargada de coordinar las cocinas y a las mujeres que se unieron a la causa y querían aportar, así fuera alimentando a los soldados; o blandir la espada y el fusil, como en el caso del abuelito.

- ¿El abuelito era espadachín? -Me pregunta emocionado mi otro nietecito Martín que entra corriendo en la cocina, como siempre con un afán por aprender cualquier cosa que puede a cada instante, la curiosidad es su motor.

- Algo así. -Le confirmo, mientras le bajo una panelita para que disfrute a escondidas de su mamá, que para eso estamos los abuelos para consentir a los nietos. Una vez que lo he ubicado al lado de sus primas, sigo preparando mis famosos tamales santandereanos (2).

- ¿El abuelo peleó con José Antonio Galán?, de nuevo El Prócer, no quiero que te disperses otra vez. -Me pregunta Juliana, quien justo en este momento está cursando algunas clases donde le hacen repasar todos los acontecimientos que llevaron a nuestra independencia.

- Lastimosamente no lo hice. -Le dice Eduardo en un tono lastimero, entrando en la cocina.

- Pero la abuela acaba de decir... -Reflexiona Juliana, a quien interrumpo antes de Eduardo comience con sus remordimientos.

- Tu abuelo quiere decir que no pudo pelear hasta el último momento con el señor Galán, porque esa fue la voluntad del prócer. -Mientras yo hablo, Eduardo carga a Martín para luego sentarse con él en el comedor que hice poner al lado de los mesones de la cocina.

- Pero entonces ¿estuvo o no el abuelo con el prócer?- Pregunta Juliana.

- No -Dice Eduardo con rotundidad.

- Pero si la abuelita dijo que si. -Responde Martín sentado en las piernas de su abuelo.

- De hecho si lo hizo, el abuelito hizo parte del destacamento comunero que habría de obstruir la comunicación entre Santafé y Facatativá, y de interceptar las armas que había enviado el virrey desde Cartagena. Contestando tu pregunta, fue justo en esa misión que conocí a tu abuelito, recuerdo que estaba ataviado con ropa de jornalero, estaba un poco sucio, de seguro que venía recorriendo con sus compañeros varios kilómetros.

- Habíamos caminado por días, los caballos estaban agotados. -Recuerda Eduardo.

- Entonces el abuelo si estuvo con Galán. -Dice Juliana.

- ¡El comandante Galán!, niña por favor un poco más de respeto. -Le corrige mi esposo, quien luego de tantos años le sigue guardando respeto y admiración al señor Galán.

- ¡¡Eduardo baje el tono que Juliana solo está preguntando!! Yo no lo entiendo, primero se pone furioso porque Juliana no se interesa en nuestras cosas y ahora que lo hace la regaña, mire a ver si se define. -Reprendo a Eduardo, porque es muy raro que la niña comparta con nosotros ahora que es una adolescente y justo hoy que decide hacerlo él la regaña.

- Gracias Abuela. -Me sonríe Juliana.

- Con gusto mi Juliana, les decía que el abuelito estuvo con el Comandante Galán cuando cumplió la orden de interceptar el correo y apresar al piquete realista que lo conducía.

- Pero si seguían órdenes, ¿por qué mataron al prócer? -Pregunta Juliana.

- Venga mija siéntese con nosotros y le cuento. -Le dice Eduardo en un tono conciliador a Juliana, mientras le parte un pedazo de queso para que coma con chocolate caliente.

- El problema fue que, luego de que interceptáramos el correo, mi comandante desconoció al generalísimo y nos impulso a quienes le acompañábamos en la misión a revelarnos, desobedeciendo la orden de regresar.

- Y si no regresaron a ¿dónde fueron? -Pregunta Martín.

- Pues desde ese momento emprendimos por nuestra cuenta una campaña de agitación por algunos pueblos ribereños del río Guapura. Realmente fue en esa campaña en donde conocí a la abuela -Le explica el abuelo a sus nietos, mientras yo sigo cocinando e impartiendo instrucciones a las cocineras.

- Recuerdo cuando llegaron a la casa de mi padre, estábamos todos muy tensos durante esos días, entre los impuestos reales que no permitían que el dinero alcanzara para alimentar a todos en la casa y cuidar los animales y la violencia española, la verdad es que eran tiempos difíciles. Yo estaba con las mujeres en la cocina, aprendiendo de las cocineras los quehaceres del hogar, cuando el abuelo llegó acompañado de algunos soldados donde estábamos.


- Señoras, disculpen la interrupción pero venimos de muy lejos y aunque no queremos importunar, estamos peleando por nuestros derechos y venimos en una campaña larga, estamos un poco hambrientos, por lo que nos preguntábamos si podrían apoyar la causa y compartir un poco de su deliciosa comida.

- Pero por supuesto, siga buen hombre, ¿cuántos son? -Dije yo.

- Son millones -dijo mi hermanita menor.

- En realidad no somos ni una centena, pero la verdad es que si somos bastantes. -Dijo Eduardo.

- Y esperamos que para el final del mes seamos más. -Dijo el Señor Galán, entrando a la cocina acompañado de mi padre y mi hermano mayor.

- No tenemos mucho, pero lo poco que tenemos con gusto lo compartiremos con ustedes, esta es una causa que es de todos. -Dijo mi madre.

- Los soldados pueden comer con nuestros criados y los demás pueden acompañarnos en el comedor. -Dijo mi padre.

- Perdón la impertinencia, pero ustedes ¿¿por qué están luchando por?? -Pregunto mi hermana mayor, una vez sentados en la mesa.

- Queremos una igualdad interracial, hemos destruido los instrumentos de tortura que usan los patrones en las grandes haciendas, y con eso hemos liberado los esclavos negros. -contestó Eduardo.

- ¿No les da miedo? -Pregunto mi hermana menor.

- Por Colombia, siempre adelante, ni un paso atrás y lo que fuere menester sea. -Contestó solemne el señor Galán.

- ¿Podemos unirnos a la lucha? -Recuerdo haber preguntando, más avanzada la conversación.

- ¡¡Juliana!! -Me reprimieron mis padres.

- La verdad es que nos hacen falta compañeros, no tenemos mucho y aunque peleamos por lo nuestro, nos falta apoyo, por lo que bienvenido quien quiera participar. -Contestó Eduardo, la verdad es que entre Eduardo y el Señor Galán lograron convencer a mi padre y a mi madre de nuestra participación en la revuelta, por lo que poco después de la cena partimos mi hermano mayor, mi hermana mayor y yo.


- Abuelita, pero y ustedes se unieron a él por... -Dice dubitativa Juliana.

- Convicción. -Le respondo.

- ¿Contrición? -Pregunta Martín.

- Convicción mijo, la palabra significa seguridad que tienes tú de que te gusta el chocolate. ¿Tienes duda alguna sobre que te gusta el chocolate?

- ¡¡¡No!!! Me encanta, estoy condiviccionado de que me gusta. -Su comentario nos hace reír a todos.

- Entonces citando las palabras de Martín, nosotros estábamos convicionados de seguir a mi comandante. -Dice Eduardo mientras le hace cosquillas al pequeño Martin.

- ¿¿Otra vez recordando?? -Dice mi hijo Samuel entrando a la cocina.

- Si no quieres recordar, siempre puedes volver a la sala papá. -Le contesta impertinente Juliana.

- Juliana no sea impertinente por favor. -La reprendo.

- Independiente de que el tono es el que hace la música y para este caso Julianita no escogió el mejor, lo que dijo no deja de ser cierto. -La apoya Eduardo.

- Habiendo aclarado esto. -Dice Juliana en tono de suficiencia.

- ¿Podemos seguir con el relato abuelito? -Le pregunta Martín.

- Claro.

- ¿Por qué dices que no peleaste con él? -Pregunta Juliana tomando un poco de su chocolate.

- Porque no estuve con él hasta el final. -Dice apesadumbrado Eduardo.

- No entiendo. -Dice Juliana.

- La situación es que mi comandante aplazó una concentración que teníamos pendiente, para el 15 de octubre, estábamos alistándonos, su abuela y yo estábamos en la cocina cuando mi comandante me llamó a un lado.... -Eduardo se retrae al recordar ese día.


- Eduardo ha oido usted aquella frase celebre de François de La Rochefoucauld que dice que El verdadero amor es como los espíritus: todos hablan de ellos, pero pocos los han visto.

- No mi comandante, no la había oido. Siempre le oigo decir En el nombre de Dios, de mis mayores y de la libertad. ¡Ni un paso atrás, siempre adelante y lo que ha de ser que sea!-Le respondo.

- Bueno yo he visto el amor y aunque es verdad que siempre creo en seguir adelante, en esta oportunidad no puedo seguir ignorándo ese amor que sienten usted y Alicia, es por eso que me despido, nuestro recorrido como compañeros de lucha llega hasta aquí. Fue un honor combatir a su lado. -Me dice el comandante Galán.

- No le entiendo bien, la lucha apenas comienza. -Le respondo sorprendido a mi comandante.

- No tiene que entender alguna cosa, lo que tiene que hacer es vivir el amor, de esta manera me honrará cada día. -Y si decirme otra palabra se apartó para hablar con otros soldados de la causa.


- ¿Qué pasó después? -Pregunta mi hijo realmente interesado.

- Que el comandante Galán nos encerró en la cocina, mientras los demás salían hacia la concentración.

- ¿Y ustedes qué hicieron?

- Desde ese entonces hemos honrado los deseos de mi comandante y hemos vivido el amor...

(0) José Antonio Galán: nació en 1741 en Charalá, Santander (Colombia); y murió el 1 de febrero de 1782 en Santafé de Bogotá. Fue un prócer colombiano del siglo XVIII, sentenciado y muerto por participar y liderar en la Insurrección de los comuneros en el entonces Virreinato de Nueva Granada.

(1) Revolución de los comuneros: fue un movimiento armado gestado en el Virreinato de la Nueva Granada (actual Colombia) en marzo de 1781, en el marco de las múltiples protestas que se generaron al avance del reformismo borbón en América durante el gobierno de Carlos III.

(2) Tamales Santadereanos: Es un plato hecho con masa hecha de maíz, mojada en caldo de carne, tiene relleno de cebolla, garbanzo, carne de cerdo y de pollo, además de otros ingredientes que van envueltos en una hoja de chisgua. Es un plato que se sirve a la hora del desayuno acompañado de un chocolate caliente y pan.

(2) Chiquinquira: es un municipio colombiano, capital de la provincia de Occidente en el departamento de Boyacá, situada en el valle del río Suárez, a 134 km al norte de Bogotá y a 73 km de Tunja, la capital del departamento.

foto: https://tierracolombiana.org/biografia-de-jose-antonio-galan/


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