La foto...


- ¡¡Abuelita, Abuelita!!, ¿quién es la mujer de la foto?, ¿dónde es eso?. -Le dicen los nietos a Tomasa, mientras corren hacia la cocina a encontrase con ella.

- ¿Cuál foto? - Pregunta Tomasa mientras se limpia las manos en el delantal, para poder recibir la foto que sus nietos le están ofreciendo. Al verla de cerca Tomasa se remonta al pasado, al tiempo en el que le sacaron esa fotografía, justo el día que comenzó la aventura maravillosa que ha sido su matrimonio.


- Las cosas para nuestra cama, listo; algunos envueltos para comer durante el camino, listos; la ropa que nos regalaron nuestros amigos y los señores, listo; las botellas con lo de tomar, listo... -Chequea Dairo los diferentes ítems en su lista de pendientes, haciendo el inventario de los objetos que subirán al coche que les regalo Don Manuel, antes de emprender el camino hacia su nuevo hogar, que a pesar de lo que se podría pensar por la cantidad de pendientes en su lista, no estaba muy lejos de allí.


Mientras tanto en la cocina, Tomasa repasa con cariño el hogar que desde aquella noche lluviosa del 23 de diciembre del 1965, la acogió a ella, a sus hermanos y a su madre. Tomasa recuerda la fecha con exactitud porque además de que era su cumpleaños, todo el vecindario estaba vestido de rojo y verde, algunas haciendas tenían pesebres en los portones, otros Papás Noeles y Muñecos de Nieve dibujados por los niños que habitaban el lugar, en algunas rejas se podían ver las luces de colores alumbrando el camino, diversidad de decoraciones ajenas para ella en ese entonces. Su madre Jacinta y su hermano mayor Deon estaban muy maltratados, tenían golpes en la cara, los brazos, las piernas, recuerda Tomasa con dolor a su madre que le sangraba demasiado el ojo izquierdo; este sería el último regalo que les daría su padre, antes de que su madre reuniera el valor necesario para abandonar el ciclo de violencia al que estaban sometidos y que ahora había alcanzado a uno de sus hijos. Justo cuando ella pensaba que las piernas de su madre no las sostendrían por más tiempo en pie, pues la sentía temblar cada vez más fuerte debajo de su cuerpecito, salieron dos señores de la hacienda de enfrente al camino por donde estaban transitando:


- ¡Manuel corre!, una señora está malherida y trae con ella una pequeña niña preciosa en brazos... de hecho hay otro pequeñín que sangra del labio y si mi vista no me falla, hay dos pequeñines más asustados al lado de su hermano.- Dijo la mujer mientras se acercaba a Jacinta, quien en ese momento tenía a Tomasa en brazos. Tomasa recuerda que era una mujer hermosa, de cabellos negros peinados en una larga trenza que le caía del hombro derecho y unos ojos azules llenos de bondad.

- Ya voy, ya voy, no corras tanto que te puedes caer y mira que ya no tenemos 15 años. -Le contestaba un hombre corpulento, mientras se apeaba de su caballo e instaba a sus hijos a correr para auxiliar a la familia de Tomasa.

- ¿Está usted bien? -Le preguntó la hermosa mujer a su madre, mientras se ofrecía a cargar a Tomasa. Jacinta lo dudó al principio, aunque las fuerzas al parecer la habían abandonado y su cuerpo había comenzado a temblar del dolor, sumado al miedo de haber huido con sus hijos sin saber ¿dónde refugiarse?, ¿de qué iban a vivir?, ¿cómo les iba a dar de comer a sus pequeños?, no estaba segura de si soltar a su pequeña o no. Por eso con la certeza de que su cuerpo pronto se desvanecería, reflexionó sobre sus posibilidades sabiendo que eran limitadas, miró a la señora que le estaba ofreciendo su ayuda y mientras pensaba en si entregarle a su hija o no, la oyó decirle:

- Tranquila, los vimos cansados y desprotegidos y por eso vinimos para auxiliarlos, permítame ayudarle con su niña, le prometo que no les vamos a hacer daño... -Le dijo mientras las miraba con tanta bondad, que Jacinta no pudo menos que confiar en ella y con las pocas fuerzas que tenía, le entregó a Tomasa antes de caer al suelo de rodillas.

- ¡Señora! -Le gritó angustiada la señora a Jacinta, mientras cobijaba en sus brazos a Tomasa protegiéndola del frio. De reojo Tomasa recuerda haber visto como el otro señor, Don Manuel, ayudaba a su madre a ponerse de pie, mientras que le hijo mayor de Don Manuel, el joven Martín y don Elias, el mayordomo de la hacienda, quien se había desviado de su camino al ver que sus jefes estaban auxiliando a una familia; ambos le ayudaban a su madre con las pocas cosas que traían y le servían como apoyo para caminar. Doña Marcela, la hermana del medio fue quien auxilió a su hermano Deon, primero tendiéndole una manta para que se cubriera del frio y luego pasándole un pañuelo por las heridas que tenía en la cara. Por último fue la niña Noelia, la hija menor de la pareja, quien tomó de la mano a los hermanos mellizos Shani y Elroy y los guió al interior de la hacienda, junto con Dairo el hijo del mayordomo, que se había quedado solo, cuando su padre fue a auxiliar a la mamá de Tomasa y quien no sobra mencionar no le ha dejado de mirar con admiración a Tomasa.


Han pasado ya muchos años desde ese noche en la que la familia Franco les brindo un hogar a su mamá, a sus hermanos y a ella, un hogar donde les curaron las heridas que les había hecho su padre, quien a pocas semanas del incidente trató de contactarlos con el fin de que regresaran a la casa, porque según él tenían el deber de atenderlo, por ser la cabeza de la familia. Aunque su aparición fue violenta e insistente, lo único que encontró fue la negativa y la protección de los Franco, que le impidieron acercarse y procuraron protegerlos de la violencia de la que huyeron.


También les ofrecieron a los 4 los mejores recuerdos de su infancia, adolescencia y ahora de adultos. Gracias a los Franco ellos han tenido una vida llena de bienestar, alimentación, salud, condiciones dignas para poder vivir, crecer y desarrollarse, además de experiencias y nuevos conocimientos. Su madre encontró entre los Franco además de un trabajo digno, un apoyo incondicional, un lugar al cual llamar hogar y una pareja incondicional con la cual compartir sus años. Elias, el mayordomo de la hacienda que en la noche del 30 de diciembre la ayudo junto con los señores, bueno desde esa noche ha cuidado, amado y protegido a su mamá, de hecho ha fungido de padre de los cuatro hijos que una vez tuvieron la opción de decidir, acuñaron el apellido de Elias.


Hoy, décadas después de esa noche del 65, sus hermanos Deon y Elroy, aprendieron a cuidar de los diferentes animales de la hacienda y gracias al patrocinio de los Franco lograron ingresar a la universidad y hacerse veterinarios. Deon vive en una casa dentro de la finca de los señores Franco, en donde cuida de los animales de la familia y comparte con su esposa y sus dos hijos. Elroy vive en el pueblo cerca de la finca y atiende los animales de los vecinos a domicilio. Sacha es chef de uno de los mejores restaurantes del pueblo y vive en el mismo edificio que Elroy, ambos siempre van a casa de los Franco los fines de semana a visitar a su mamá, a Elias y a la familia Franco, además de llenarlos de diversidad de delicias.


Y Tomasa, bueno ella es la cocinera oficial de los Franco, además desde el día de ayer al medio días, es una mujer felizmente casada con Dairo, el joven que no podía quitar los ojos de la pequeña de vestido rosa y trenzas decoradas con flores, que descansaba en los brazos de una madre cansada, la víspera de la navidad del 65, décadas atrás:


- ¿Otra vez recordando? -Le pregunta Dairo, mientras termina de recoger las últimas cosas, para emprender el camino a su nueva casa a menos de una hora de la residencia de los Franco.

- ¿Cómo no hacerlo si acá he vivido los mejores años de mi vida?- Desde pequeña se sintió gusto en la cocina, primero memorizando los platos típicos con los que su madre deleitaba a las visitas y luego aprendiendo a hacer los famosos platos de la señora Cecilia, la esposa de don Manuel, la hermosa mujer de la larga trenza, quien en su juventud había sido una chef reconocida en la capital.

- ¿Los mejores? -Dice Dairo con picardía al recordar que fue en esa cocina donde le robó el primer beso, además de alguna que otra caricia.

- No fue en esta mesa, mientras hacía mis famosos envueltos con langostinos, donde me pediste que me casara contigo.

- Es que tus envueltos me enamoran. -Le dice Dairo.

- ¿Solo los envueltos? -Le dice con picardía Tomasa.

- Todo lo que te envuelve me enamora. -Le dice mientras se acerca para empacar alguna otra cosa.

- Debo recordarte que no nos mudamos a otra ciudad, solo nos vamos a 15 minutos de la casa. -Le dice Tomasa abrazándolo por la espalda.

- ¿Lo dice la mujer que hizo comida como para un regimiento? - Le dice Dairo mientras se voltea para devolver el abrazo de su esposa, que bonito que le suena poder decirlo por fin, luego de decadas amándola en silencio y luego frente a la mirada de todos sus conocidos.

- Es por si nos da hambre, además de que deje algunos para la familia. -Le responde Tomasa.

- Hablando de familia, el joven Martín quiere tomarnos una foto para inmortalizar el momento. - Le dice Dairo arrinconándola contra la mesa, así como lo hizo cuando le robo el primero de muchos besos, una noche de lluvia no hace mucho. Justo cuando Tomasa comenzaba a recordar esa noche de lluvia, unas manitas tiran de su delantal, son sus nietas que al ver que no les está prestando atención, la llaman con más insistencia regresándola al presente, a la noche de navidad, a su casa en donde está toda la familia reunida.


- Tus nietas se preguntan porque te sonrojaste de repente, yo les dije que es el calor de la cocina y los recuerdos de las recetas hechas en los mesones. - Le dice su marido desde hace varias décadas con picardía.

- Es eso, además de lo recuerdos que me trae esa foto de cuándo era joven.

- ¿Esa eras tú abuelita?

- En efecto lo soy.

- Me gustas más con nieve en la cabeza, eres más navideña así.- Dice una de sus nietas, justo cuando Tomasa va a responder, su hija, la mamá de las niñas las llama y ellas salen de la misma forma apresurada en la que entraron a la cocina.

- Espero poder hacer más de una receta esta noche en ese mesón. - Le dice Dairo.

- No creo, es la noche de navidad. -Le responde Tomasa.

- Por eso y como he sido un niño bueno, sé que Papá Noel me concederá mis deseos... -Le responde Dairo abrazándola, mientras salen a disfrutar con la familia de otra navidad llena de amor.


Nickole Naihaus L.

Nickole Naihans L.

Nickinaihaus.


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