Nunca podrás...

Actualizado: ago 3


Manuelito, nunca podrás ser como yo... recuerda con tristeza una de las amigas de la infancia de Manuel Atanasio Girardot, mientras recorre el pasillo de la catedral del brazo de su padre, para encontrarse con quien será a partir de este día, su esposo, su compañero de lucha y a quien conoció gracias a su hoy ausente gran amigo.


Josefa era la vecina de enfrente de los Girardot, por lo que desde pequeña se relacionó con Atanasio, a quien de pequeña perseguía por las calle para poder jugar con él y sus amigos, aún recuerda la primera vez que habló con el hoy ausente prócer, luego de quedar enredada en una reja de la calle, todo por tratar de alcanzarlo, mientras jugaba con quien a partir de ese momento sería su primer amor y único amor. El miedo porque se rompiera su vestido nuevo que se había enredado en la reja y por el daño que le había causado la red de su pierna, la hizo llorar:


-No te muevas o te puedes lastimar aún más. -Le dijo Luis, uno de los amigos de Anastasio y uno de los niños más apuestos que hubiese conocido en su corta edad.

- ¿Cómo te llamas? -Le pregunto Atanasio con la intensión de distraerla, mientras Luis trataba de liberarla de la reja.

- Josefa. -Le dijo entre lágrimas.

- No llores que te ves más linda cuando sonríes, mientras nos persigues por la calle sonriendo. -Le dijo Luis, mientras Atanasio continuaba la misión de liberarla de la reja.

- Te llamas como mi mamá, seguro y serás tan linda como ella. -Le dijo Atanasio.

- Mi mamá es la mejor amiga de tu mamá, por lo que mi mamá me puso su nombre. -Le contestó ella temblando de miedo.

- Ya lo sé, yo fui de los primero en sostenerte cuando eras una bebé. -Le dijo mientras le daba un pañuelo para que se limpiara las lágrimas y le cogía de la mano con la intensión de tranquilizarla un poco.

- Creo que si vas a hacer parte de nuestro grupo, lo mejor es que no corras detrás de nosotros, sino con nosotros, de esta manera podemos evitar que te lastimes. -Le dijo Luis mientras terminada de desenredar el vestido y le cubría la herida con su pañuelo. Josefa trató de ponerse en pie, pero le dolió mucho su pierna.

- No esfuerces la pierna, ya te llevamos nosotros alzada hasta la casa. -Le dijo Luis.

- ¿Pero son más de 10 cuadras? -Dijo ella.

- Que para eso somos dos, yo te cargo cinco cuadras y Luis cinco. -Dijo Atanasio. La verdad es que Luis la cargó hasta la entrada de su casa, donde Atanasio la cargo escaleras arriba.


Desde ese momento los tres fueron inseparables, cuando no estaban atendiendo sus estudios, los tres se la pasaban jugando y recorriendo las calles con otros amigos del sector. Josefa los vio crecer, coquetear con jovencitas, asistir a tertulias y convertirse en hombres de leyes de la Universidad del Rosario. Una vez graduados, ambos amigos decidieron unirse a la lucha independentista, la injusta situación que se vive en el país a causa de las rentas reales, sumadas a la esclavitud y la violencia a la que son sometidos los criollos, mulatos y cualquiera que los españoles decidan, motivaron a los tres amigos a participar cada uno desde sus fortalezas, en una lucha que ha unido a todo un pueblo, la campaña por la independencia de la Nueva Granada.


Josefa acudía a diversidad de tertulias que le permitían trasnportar e intercambiar cartas, manifiestos y planes escondidos en sus faldas; Luis y Atanasio se unieron como tenientes en el batallón Auxiliar, donde era capitán Antonio Baraya y luego se incorporaron a la lucha independentista en su región natal, formando parte de la expedición organizada por la Junta Suprema de Gobierno para apoyar a la Confederación de Ciudades. Luis siempre como la mano derecha de Anastasio, quien se distinguió en la liberación de Popayán al vencer al realista Miguel Tacón y Rosique, en la Batalla del Bajo Palacé el 28 de marzo de 1811.


Poco antes de la batalla, la esposa de uno de los realistas con quien compartía en el club de lectura del buen gusto, le había dicho a Josefa que sus amigos se enfrentarían con 2.000 hombres:


- Josefa es una pena que quedes viuda incluso antes de casarte. - Le dijo la esposa de Tacón, llamado el tirano de Popayán, quien no dudaba en subyugar con aquellas fuerzas a la Nueva Granada.

-¿Disculpa? -Le contestó confundida Josefa.

- Mi marido estará en el frente en Popayán y por lo que me ha dicho, combatirá contra tu novio.

- Creo que es algo inevitable y para lo que tanto Luis como Manuel se han estado preparando. -Le respondió Josefa de manera amable, pero categórica.

- Pero es que no sólo la preparación es importante, la fuerza y los efectivos también lo son y mi marido cuenta con 2.000, tus amigos ¿cuántos son, diez, doce? -Esto último se lo dijo con una sonrisa burlona que le heló la sangre a Josefa y la hizo desear que la victoria de sus amigos le borrara la sonrisa para siempre.


Josefa corrió a escribirle a sus amigos, para luego entre sus faldas y las guarniciones de comida, pasar la información tan importante que había reunido. Atanasio y Luis con la información recibida y su ingenio planearon una hazaña que pasará a la historia no sólo por el resultado, sino por la valentía con la que enfrentaron el peligro.


Ambos reunieron a setenta y cinco soldados y aguardaron el ejército enemigo, Tacón destinó 700 hombres para desalojar los defensores del puente, pero Atanasio Girardot en un acto de valentía característico de su carácter, apoyado de Luis resolvió perecer con sus soldados antes que ceder la posición al enemigo. Fue una batalla sangrienta, más de doscientos cadáveres quedaron en el campo de batalla, pero gracias a la acción de los tres amigos, sus acciiones salvaron a tiempo su patria de la reacción realista, no sobra decir que hasta ese momento, la Nueva Granada no había enfrentado un peligro de tal magnitud para su libertad recientemente adquirida.


Poco después Luis, Josefa y Atanasio se separarían al no coincidir ideológicamente en ¿cuáles de las tropas debían apoyar?, Luis y Josefa apoyarían la causa centralista de Antonio Nariño. Atanasio, en un acto súbito y sin precedentes cambió de bando y combatió a nombre de las Provincias Unidas contrarias al centralismo, una decisión que ni Josefa ni Luis, apoyarían:


- ¡¡Disculpa!! ¿es que has perdido la razón?, ¿cómo puedes jugar con nuestro futuro, el futuro de miles de nosotros como si nada? -Le reprochó Josefa al hoy héroe de la patria.

- Creo que debemos apoyar a los federalistas, al final no todas las regiones pensamos igual, por lo que deberíamos darles a todos un poco de la independencia que hemos adquirido. -Le contestó arrogante Atanasio Girardot.

- Hasta ahora nos estamos consolidando como una nación independiente, no podemos pelear entre nosotros, esto solo fortalecerá el reinado español que aún acecha nuestras costas. -Le dijo Luis a su amigo, tratando de mantener la calma, porque como les decía la mamá de Josefa a los tres "quien pierde los estribos, pierde la discusión".

- Les hemos demostrado que somos más fuertes, eso los mantendrá a raya. -Le contestó Atanasio a su amigo.

- ¿Te has caído del caballo? o ¿has olvidado a todos nuestros compañeros de lucha muertos?, porque yo no y estoy segura que los realistas tampoco, de hecho se por buena fuente que están esperando la llegada de un general español Pablo Morillo al territorio de la Nueva Granada, para retomar el control del territorio que han perdido. -Le dijo Josefa a su mejor amigo de infancia.

- ¿Nuestros compañeros de campaña?, no recuerdo haberte visto en el campo, entiendo que por ser mujer estos temas pueden resultarte inquietantes, pero estoy seguro de que si hubieras podido ser como nosotros, verías con más claridad los ideales que estoy defendiendo. -Le dijo Manuel a Josefina.

- Atanasio lo que has dicho esta fuera de lugar... -Le estaba contestando Luis cuando Josefina lo interrumpió.

- Atanasio, tu nunca podrás ser como yo, porque no has sufrido lo que yo he sufrido al tener que socializar con el enemigo, compartir con las esposas de quienes han desangrado y torturado a mi padre, al tuyo y a los padres de nuestra nación, en nombre de sus reyes; no sabes lo que es recorrer las calles abarrotadas de soldados realistas con información confidencial entre tus faldas, cartas que pueden causarte la muerte por espionaje. Si no me viste en el campo de batalla, es porque te falta mucha visión. -Y una vez hubo terminado de hablar, tomó de la mano a Luis y se despidió de quien había sido su más cercano amigo, desde la niñez hasta ese momento.


Poco después de esta reunión, tal como lo predijo Josefa, el 24 de mayo de 1816 con el fin de restaurar el control español, llegó a la Nueva Granda el general Morillo, quien desde su llegada impuso un régimen del terror, en medio de persecuciones y matanzas. Uno de los primero en caer fue Luis, quien fue torturado sin piedad por los realistas y tirado en una fosa común al creerlo muerto a causa de las heridas, Josefa tuvo que rescatarlo resguardarlo en la clandestinidad con su familia. En medio de tanto dolor recibió una carta de Atanasio, aquel amigo que creyó perder aquel enero del 1813. ¿Qué decía la carta?, es algo que tanto Atanasio como ella se llevarán a la tumba, lo único que compartió es el deseo de Atanasio de reunirse con ellos dos, una vez Luis estuviera recuperado en la Hacienda Bárbula.


Le tomo varios meses a Luis recuperarse del todo, Josefina, su familia y la familia de Luis cuidaron de él, hasta que estuvo lo suficientemente sano para viajar junto con Josefa. La noche en la que emprendieron el viaje a encontrarse con Atanasio, Luis hizo una parada breve en medio de la nada para sincerarse con Josefa. El haber estado cerca de la muerte, le habían enseñado que la vida era finita y que los momentos perdidos dolían más que las batallas que nunca se habían dado, por lo que paró el carruaje, tomo de las manos a Josefa y mirándola a los ojos le dijo:


- Josefa... mi pequeña traviesa, aquella niña que nos perseguía con el afán de hacer parte de nuestras aventuras. Te has convertido en una mujer admirable, valiente, de principios, además de una compañera leal y aunque suene algo superficial, muy hermosa, tal como lo predijo Atanasio. -Su último comentario la hizo reír.

- No te rías.

- Lo siento, es que aun me incomoda cuando alguien elogia mi físico.

- Desde que te rescaté de esa reja y te cargue las 5 cuadras, me parecido encantadora.

- Me cargaste hasta la puerta de mi casa. -Le recordó a Luis.

- No te había oido quejar por eso hasta hoy.

- Es cierto, es que eras un jovencito muy apuesto.

- ¿Era?

- Si, ahora eres un hombre realmente extraordinario e increíblemente apuesto.

- ¿Querrías ser la esposa de este hombre extraordinario e increíblemente apuesto?, aunque hoy en día estoy un poco mal trecho. -Luis había quedado con varias cicatrices en la espalda, las piernas, los brazos y las manos las tenía marcadas con señales que Josefa cree que provenían de sellos de acero con los que marcan a los animales.

- Sigues siendo el hombre más hermoso que haya visto en mi vida, no pese a tus cicatrices, sino gracias a todas y cada una de ellas, ¿sabes por qué?

- No, no sé. -Le dijo Luis conmovido por sus palabras.

- Porque ellas le dicen al mundo que has luchado por tus ideales, los míos y los de todos los hombres que desean ser libres, porque son el testimonio de las batallas luchadas, algunas ganadas y algunas perdidas y porque t