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Amor pirata


Desde el mástil a donde me encuentro atada, puedo ver la espalda del capitán, quien a causa del calor se ha quitado la chaqueta y la camisa. Tiene un tatuaje largo que comienza desde el cuello y avanza hasta perderse en la cinturilla del pantalón, es una cruz que en el medio tiene una calavera. El tatuaje está acompañado de varias cicatrices, algunas son más claras que otras, unas van de manera perpendicular otras desde las costillas hasta la mitad de las espalda, es un espectáculo dantesco de ver, es impresionante pensar que alguien ha podido reponerse a ese tipo de tortura, es como si estuvieran en su cuerpo, como testimonio de todos los vejámenes a los que fue expuesto aquel fornido cuerpo. Veo que se voltea hacia donde estoy yo y puedo ver que se siente retraído por mi mirada, porque rompre bruscamente el contacto visual que hemos hecho.



No es como los piratas de las novelas románticas, sus ojos están cargados de amargura, su cara también ha sido decorada con una cicatriz debajo del ojo izquierdo, tiene una barba incipiente que decora su mandíbula, la nariz aunque muestra es de alguien que debió pertenecer a la aristocracia pues es delicada, ha sido derivada por lo que supongo fue un golpe en alguna pelea. Su torso también está lleno de cicatrices y su pectoral derecho está cubito por tatuajes que bajan hasta la muñeca.


Busca con la mirada a su asistente y le dice:

- Denle de comer a la mujer, no queremos se desmaye y luego tengamos que cuidarla. -El hombre corre diligente al interior del barco, para luego salir con unas migajas de pan.

- ¡Imbécil!, dije que le dieras de comer, no que le dieras las sobras como si fuera el perro barco, que su prometido fuera un patán no quiere decir que nosotros tengamos que comportarnos de la misma manera. -Y le tira con fuerza un barril que tiene cerca, el hombre no logra esquivarlo por lo que una vez lo ha noqueado del golpe, el barril se rompe contra la baranda del barco. Al poco tiempo sale la cocinera con una bandeja llena de comida.


- No te dejes asustar por su carácter, si has podido ver su cuerpo, no ha tenido una vida fácil. -Me dice con cariño la robusta mujer, mientras me da un poco de beber.

- Perdone usted pero no sé su nombre.

- Mildred, me llamo Mildred y tu Marion. -Me contesta.

- ¿Cómo es que sabe mi nombre? -Le pregunto confundida, pues no recuerdo habérselo dicho.

- Lo dijo el hombre con quien estabas en el barco antes de huir y dejarte con nosotros. - Me dice con pesar. Aunque al principio me cuesta asimilar lo que me ha dicho, no puedo decir que me ha tomado por sorpresa, Henry siempre fue un cobarde, la verdad es que si mis padres no me hubieran presionado, jamás habría tenido con él esa cita en el puerto.

- Pero, ¿cómo es que ahora estoy en un barco?

- Unos piratas se tomaron el puerto mientras nosotros estábamos abasteciéndonos, mi muchacho, perdona el capitán vio como te tomaban prisionera e intervino, mientras tu novio corría gritando que lo sentía mucho.

- ¿Por qué no recuerdo nada?

- Porque los otros piratas ya te habían drogado con un pañuelo con quien sabe qué.

- Y ¿por qué estoy atada?

- ¿Has visto la pequeña cicatriz que tiene Sebastián en la cara? -Bajo la mirada con vergüenza.

- Bueno ese regalo se lo has hecho tú. -Me dice, terminando de darme de comer la última cucharada del plato.

- Me alegra que comieras.

- Mildred la mujer ya ha comido, puedes retirarte. ¡Todos a sus camarotes y si me entero que alguien ha venido a buscar a la mujer, lo mato! -Dice antes de entrar al interior del barco y cerrar de un portazo la puerta.



Aunque los cabos o cuerdas no están muy apretadas, la posición en la que me han sujetado no es muy cómoda y ya no siento los brazos, el cansancio o tal vez el estar expuesta al sol todo el día comienzan ha hacer mella en mi y el sueño hace presencia. En el momento en que cierro los ojos, siento como empiezan a caer unas gotas, varias, esto no puede ser bueno. El capitán y los demás piratas salen corriendo y comienzan lo que parece una guerra al interior del barco.


- ¡¡¡Tomen posición y atrapen el viento de babor!!! ¡¡¡Es una tormenta!! -Grita el capitán mientras corre a donde yo me encuentro.

- ¿Puedo confiar en ti? -Me pregunta mientras se pone a mi altura.

- No es un poco escandaloso, son unas pocas gotas. -Le digo mientras miro a todos correr alarmados por una pequeña lluvia.

- Mírame y no te distraigas, las cosas se van a poner muy feas y necesito saber si puedo confiar en que no me vas a dejar otro de estos recuerdos. -Me dice señalando con un cuchillo la cicatriz que al parecer yo le hice. El gesto y el cuchillo hacen que me alarme.

- Tranquila, no te voy a hacer daño, de querer hacerlo habría podido mientras estabas inconsciente. Ahora ¿puedo confiar en ti? -Me dice mirándome a los ojos, unos ojos que me atrapan de inmediato, al ver que no respondo, toma mi cara con delicadeza.

- ¿Puedo? -Yo asiendo hipnotizada, mientras veo como la lluvia se ha convertido en una tormenta de dimensiones monstruosas.

- Se que no soy el hombre apuesto que seguramente estabas deseando, pero soy el hombre que procurará mantenerte a salvo. -Me dice en un tono cargado de resentimiento, creo que ha malinterpretado el que me quedara mirandole. Al ver la situación entiendo que no es momento para hacer aclaración alguna, por lo que una vez he recuperado la sensibilidad en los brazos le pregunto.

- ¿Qué debo hacer? -Digo mientras me froto los brazos y me pongo de pie.

- Entra en el barco, al fondo encontrarás una puerta negra, esa es mi recamara, el lugar más seguro del barco, no salgas a menos que Mildred o yo vayamos por ti. -Me dice empujando mi cuerpo al interior del barco. Mildred pasa corriendo a mi lado.

- Para ¿dónde vas? -Le digo mientras la sujeto del brazo, evitándonoslas que siga corriendo.

- Todos los hombres están ocupados y Daniel el ayudante bueno, aun no se recupera del golpe. -Miro a su brazo y ve que lleva unos cabos, se los quito y le digo.

- Tu quédate aquí, ya voy yo a ayudarle.

- Pero si no sabes como. -Me dice confundir.

- ¿NO es capitán? -Ella asiente. -Pues que me de las ordenes de qué debo hacer.


Subo corriendo las escaleras hasta donde está el timón, no sin antes caerme varias veces y golpearme otras cuantas, la peor es en la cabeza que ahora sangra.


- Pero... ¿¿.¡¡No te dije que te resguardaras en mi cuarto!!?? -Me dice realmente enojado.

- ¿Puedes decirme que debo hacer? o prefieres seguir reprochándome el que no esté en tu cuerto.

- ¿Para que no me hagas caso? -Me dice mientras lucha por mantener el control del barco. -En ese momento se suelta un cabo del mástil y se dirige justo a donde estás Sebastián. En un acto reflejo le cubro con mi cuerpo y recibo el latigazo en mi espalda, siento como la piel se rompe al contacto.

- ¡¡Marion!! -Grita Sebastián sin soltar timón. -No puedo...

- Lo sé, no puedes soltar el timón. -Le digo, mientras hago acopio de las pocas fuerzas que me quedan. -Dime ¿cómo ayudarte?

- Estás herida y antes estabas atada y no te importaba mucho.

- Claro que me importaba, pero es...-No tenemos tiempo para discutir, un ayudante sube y me comienza a decir lo que debo hacer, yo le sigo y una vez hemos sorteado la tormenta, Sebastián le da el timón al hombre para cargar conmigo al interior del barco.

- A ¿dónde me llevas?

- A mi cuarto. -Me dice angustiada.

- Para hacer cosas malas. -Le digo con la intención de distraerlo.

- No estás tú para mucho trote. -Me dice sonriendo. En su cuarto veo que Mildred nos espera.

- ¿No deberías salir? -Le preguntó mirándolo a los ojos.

- Porque si eres mi mujer. -Me dice como si fuera un hecho.

- Y puedo saber ¿cuándo lo decidiste? -Le digo mientras Mildred me desviste ante la mirada preocupada de Sebastián.i

- Entre el puntapié que le diste al idiota que te dejó a merced de unos piratas y el rasguño que me diste por no haberte pedido permiso para besarte. -Cuando dice las últimas palabras recuerdo que me desperté con el placer de mi primer beso.

- ¿Y yo no tengo voz y voto en está decisión? -le digo mientras veo como me devora con la mirada Sebastián.

- Pero si ya diste tu voz y tu voto, a favor de ser mi mujer. -Me dice mientras Mildred me tortura limpiando mis heridas.

- Y ¿cuándo lo hice? -Le digo con un hilo de voz. Mildred me deja con ayuda de Sebastián bocabajo en la cama.

- Entre el beso que correspondiste con una pasión inesperada y el latigazo que recibiste por protegerme. -Me dice mientras acaricia mi espalda con cuidad.

- Ahora tenemos cicatrices a juego. -Le digo mirándolo a los ojos.

- ¡No vuelvas a exponerte de esa manera! -Me dice con rabia e impotencia.

- Lo haré mil veces.

- No...

- Si mi pirata favorito, eso te pasa por despertar a esta bella durmiente.

- Lo haré mil veces. -Me dice y cierra esa promesa con un beso.


Nickinaihaus

Nickole Naihaus

Nickole Naihans



Cabos: son las cuerdas que se utilizan a bordo de las embarcaciones

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