El armario...

Actualizado: 22 de nov de 2020


No veo bien, me encuentro en el armario, donde me escondí luego de haber oído unos ruidos, creo que eran soldados realistas, pero no estoy segura, sólo sé que estaba recogiendo las cosas de la habitación, cuando escuche pasos avanzar apresuradamente desde el pasillo, por lo que antes de que pudieran alcanzarme, corrí al armario a esconderme.

Estamos huyendo desde hace varios días del General español Pablo Morillo, ese peninsular que en su afán de concretar la reconquista de nuestros territorios para la corona española, ha estado arrasando con cada uno de nosotros, ya se tomo mi Cartagena del alma y ha instaurado un Régimen basado en el terror. Es un desalmado, un cruel, un criminal.

Me decía el señor Camilo (Torres)1 antes de que se lo llevaran, que esto lo estamos viviendo porque un tal el señor Arismendi, el gobernador de la isla Margarita, y a quien el General español le había perdonado de la sentencia de muerte, se rebeló a su partida y mató a cuchillo a toda la guarnición española.


Siento unos golpes en la puerta, pero por el miedo no sé si es la puerta del cuarto o la del closeth. El corazón me late a mil, y solo puedo rezar, por favor señor, que no sea mi hora, aun me falta mucho por vivir y aunque prometí a mi señora y a mi pareja que moriría con dignidad, no quiero hacerlo. Quiero vivir en la libertad de mi palenque, quiero ver a mi bebé nacer, quiero ir con mis papás y mis hermanas. Trato de controlar mi respiración, mientras siento unos pasos cautelosos acercarse a donde estoy, luego siento unos golpes en la puerta. En esta oportunidad estoy segura de que son en la puerta del armario donde estoy escondida:

- ¿Tomasa? - No sé quién es, pero no quiero abrir, no me importa que sepa mi nombre, no quiero morir. Empiezo a llorar de la angustia por mí, por Abel, por mi bebé, mi pequeño Camilo que me está creciendo en la panza.

- Tomasa soy yo, Abel. -Es mi pareja, me habla pacito a través del hueco del armario.

- Abel… ¿qué pasa? -Le digo a través de la puerta, que no abro aún por miedo a lo que pueda suceder. Un miedo que es consecuencia de lo que nos ha pasado desde hace algunos meses.


Mi señor ha muerto, aun se me salen las lágrimas al recordar cómo se lo llevaron de nuestra lado. Nos encontraron en un pueblito entre Popayán y el puerto de Buenaventura, viajábamos el señor Camilo, su hermano Jerónimo, el secretario privado, Abel y yo. Llevábamos lo necesario, algo de dinero, unas maletas con ropa, los escritos de mi señor, además de algunas cosas de comer. Mi Abel trataba de ayudarme en lo que pudiera sin descuidar las cosas de los señores, mientras yo cocinaba para los 5, siempre haciéndome útil. No entiendo cómo paso, jamás tomamos una ruta principal, siempre nos escondimos, logramos pasar por varias localidades a lo largo de los días, ¿quién pudo delatarnos?, ¿cómo pudieron encontrarnos?.


Recuerdo que era de noche cuando nos encontraron, se acercaron a nosotros y nos rodearon, o al menos eso me dijo mi Abel, quien quiso salir a socorrerlos, pero mi señor le hizo una seña para que no hiciera nada, porque la verdad es que ya nada podíamos hacer por él.


El llanto se apodera de mí al recordar esos momentos angustiosos, una vez se lo llevaron, nosotros continuamos nuestro recorrido hacia Cartagena, es un largo camino hacia nuestra libertad. A los pocos días nos enteramos de que se lo llevaron a Santa Fé, noticia que recibimos con desesperanza, porque ambos sabíamos que nada bueno podía suceder en la capital.


- Tomasa, salga de ahí. No es momento para jugar a las escondidas. -Me dice Abel, pero el cuerpo no me responde. ¿Qué pasa si abro y son españoles que han venido por nosotros?, no quiero que mi bebé, mi Camilo, muera sin ver el mar, sin conocer la playa, a sus abuelos, a sus padres. Ayer en la madrugada del 5 de octubre de 1816, mi señor fue fusilado y su cuerpo fue desmembrado por las extremidades, las cuales según nos dijeron unos conocidos, ubicaron en las cuatro entradas de la ciudad para horrorizar a la población. Las lágrimas ruedan por mi rostro… su cabeza… no puedo evitar los sollozos que salen de mi cuerpo, es tan horrible todo… su cabeza… su rostro que había sido desfigurado por las balas, hecho que a los españoles no le importó, pues colocaron su cabeza en una lanza en la plaza para mayor escarnio público.

- Mija… ¡no llore más!, mire que eso no es bueno para el bebé… -Me dice Abel con calma, tratando de consolarme a través de su voz.

- Déjeme sacarla de ahí, piense en que el señor no querría esto.

- ¡Es todo tan injusto! -Digo entre sollozos.

- Si sigue llorando, no le doy lo que le he traído. -Me dice intentando distraerme.

- ¿Era usted? -Le pregunto acerca de los pasos.

- ¿Quién si no?, venía corriendo del mercado, de comprar lo necesario para Camilo y para usted. -Hemos decidido nombrar al bebé en honor al señor que en paz descanse.

- ¿No son españoles? -Quiero estar segura.

- Pues no creo que les agrade pensar que alguien de mi color pueda ser de los suyos, no ve que han hecho hasta libros para demostrar que son superiores a nosotros, cuando no aguantan ni un poco de sol sin colorearse. -Su comentario me hace reír, de pensar en lo colorados que se ponen y lo mucho que se insolan, cuando están en mi ciudad. Me suena el estómago y Abel se ríe.

- ¿Me deja abrir el armario?, a ver si puedo alimentar a Camilito.

- Luego ¿qué trajo?. -Me vuelve a sonar el estómago.

- ¡Mírese! -Me dice mientras abre las puertas con una sonrisa en la cara.

- Usted llorando al señor y no recuerda lo que siempre nos dijo. Nada apetezco y nada aspiro y viviré contento con un pan y un libro. -Veo como abre una bolsa de donde sale el olor a pan recién horneado, mientras una voz afuera avisa que es hora de abordar el transporte que nos llevará a nuestra tierra, a San Basílio del Palenque. 2


1.Camilo Torres Tenorio fue un abogado, intelectual, político y mártir colombiano, quien encabezó el movimiento de la primera independencia de la Nueva Granada, hoy Colombia, de la cual fue Presidente.

2. El pueblo fue fundado por esclavos fugados principalmente de Cartagena de Indias en el siglo XVI y liberados por Benkos Biohó. La palabra "palenque" hace referencia a las empalizadas levantadas por los esclavos africanos fugitivos, durante la época colonial, para refugiarse de sus perseguidores.

Foto: https://ar.pinterest.com/pin/334884922267256138/

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Nickole Naihaus L

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