El vestido de novia

Actualizado: 22 de nov de 2020


Un llanto desconsolado se apodera de la novia, justo en el momento en que se mira en el espejo para comprobar como le queda su vestido. Llora como si se hubiera muerto un ser amado por ella, como si ella estuviera muriendo, es un llanto desgarrador, que parece manar desde lo más profundo de su alma, tanto así, que su madre y una prima que están con ella mientras la arreglan, no saben que más hacer además de observarla.


- ¡¡Tranquila Patricia!!, si no quieres casarte, yo voy a la iglesia y me enfrento a los invitados que están esperando en el templo, les agradezco su presencia, les devuelvo los regalos y los invito a disfrutar de la recepción. -Le dice su madre con la intención de calmarla, sin entender el porqué de su tristeza y su llanto. Como su madre, lo que menos quiere es que sea infeliz o que termine atándose de por vida a un hombre que, al parecer por el llanto de Patricia, ya no desea por esposo. Le aterra la idea de que esté llorando por temor o vergüenza al que dirán. Patricia no le responde, las lágrimas no dejan de salir por sus ojos y su tristeza parece infinita.

- Patricia tranquila, usted no es dada a llorar, por favor respire, cálmese y nos cuenta qué le sucede. -Le dice su prima angustiada.

- Si te angustia enfrentarte a los invitados o al que dirán, no te preocupes que yo voy sola y tu te quedas con Celia. -Le confirma su madre, entregándole una caja de pañuelos, para que pueda secarse las lágrimas que caen profusamente por sus ojos.


Ni la madre, ni la prima saben muy bien qué hacer, la verdad es que todo parecía estar bien, antes de que saliera Patricia del vestier luciendo el vestido de novia de la abuela, el cual además de haber estado en la familia por muchos años, desde la bisabuela de la abuela de Patricia, ella, como representante de la familia, quería continuar con la tradición de casarse en ese hermoso vestido, así como lo hizo su bisabuela y su abuela, a diferencia de su hermana Rocio y su madre Dora, que no pudieron hacerlo, por ser demasiado grandes para entrar en él. El maquillaje lograron aplicarlo sin contratiempo alguno, estaba calmada, de hecho estaba radiante de felicidad, llevaba preparándose para este momento toda su vida. Y puede que suene a cliché, pero es que Patricia en realidad lleva preparándose para este momento, desde que era una niña pequeña en la casa de sus padres. Con tan sólo seis años, Patricia se arreglaba con las pijamas blancas de dormir, luego con un vestido blanco que su padre le compró en el pueblo y más adelante con su vestido de primera comunión; caminaba de la mano de su padre, quien siempre le prestaba su brazo y la acompañaba por toda la casa, para que ella se sintiera la novia más bonita del planeta, lista para casarse con el hombre de su vida.

La casó con el oso panda que le trajo su tío de la capital; con el Ken que le compraron en su cumpleaños número ocho; fueron tantas las veces que su padre la llevó a diversos altares improvisados, que en una oportunidad, la entregó en matrimonio a uno de los perros de la hacienda, el pobre perrito lloró toda la tarde a causa de la incomodidad que sentía con el vestido improvisado que le había puesto su hija sobre el lomo. Es de resaltar que además de vestir a sus diferentes futuros esposos y de arreglarse ella también, para cada ceremonia Patricia se ingenió diversos y diferentes altares, unos construidos con rosas arrancadas del jardín de su abuela, otros con palitos de chocolate, en una ocasión toda la casa se quedó sin papel higiénico a causa de las decoraciones del altar de la hija menor de la casa. Su padre, su madre y sus hermanos jamás le dijeron algo, de hecho siempre la acompañaron en sus celebraciones y gozaron con cada una de ellas. Su hermano Samuel por las galletas y la comida que su hermanita siempre compartía con ellos y su hermana Rocio porque la verdad es que, a personas persuasivas nadie le gana a Patricia.

Por eso, una vez que Carlos le propuso matrimonio, el hombre con el que Patricia ha vivido más de una alegría y de quién se había enamorado perdidamente en la universidad, en el taller de dibujo de la carrera de arquitectura, todos supieron que esta sería la oportunidad para que ella cumpliera el sueño que había tenido desde que era una pequeña.


- Patricia por favor, no llore más, mire que nos está preocupando, por favor cálmese y nos dice ¿qué le pasa?, a ver ¿cómo podemos ayudarla?, mire que este debería ser uno de los días más felices de su vida, además de que no sobra que le recuerde que se ha preparado toda su vida para este momento. -Le dice su prima cada vez más angustiada.

- A ver hija, ¿quiere que Celia nos dé un momento para hablar a solas? -Patricia no responde a su madre, de hecho el llanto que la ahoga no la deja contestar. Celia se levanta para servirle un vaso de agua, justo en el momento en el que alguien toca la puerta, por lo que Celia deja el vaso en el tocador y se apresura a abrir la puerta. Es Ema, la abuela de Patricia, quien al verla llorar desconsolada corre a socorrerla.

- ¡¡¡Quíntenle el vestido!!!, ¡¡¡Quíntenle el vestido!!! -Les dice a las dos mujeres presentes, mientras se acerca apresuradamente a desabrocharle el vestido a su nieta.

- Mamá de ¿qué está hablando? -Le pregunta Dora a su mamá, mientras la ve acercarse a su hija y desabonotarle el primer botón de la espalda.

- ¿De quién fue la idea de que usara el vestido maldito de la familia? -Dice ella mientras continua desabotonándole el vestido a su nieta.

- ¿Vestido Maldito? -Pregunta Celia.

- Mi abuela se suicidó con él puesto, justo el día de su boda. La leyenda dice que desde ese momento el vestido ha estado maldito por todos estos años. -Confirma Ema, mientras le saca por los pies la prenda a Patricia, quien aún llora desconsolada.

- Pero ¿cómo va a decir usted mamá que la bisabuela se suicidó el día de su boda?, si eso fuera cierto ¿cómo nacimos nosotras?- Dice Dora señalando a su madre, su hija y a ella.

- Dora, puede dejar el tono impertinente conmigo que sigo siendo su mamá, a que esto fue idea suya. -Le dice ayudando a sentar a su nieta en una silla del cuarto.

- Pues por supuesto, si desde pequeña ha soñado con casarse en ese vestido, porque no aprovechar que ella si es delgada y puede lucir el precioso diseño.

- No es que usted estuviera gorda, es que no sabía cómo más desanimarla para que no se lo pusieran ni usted, ni Rocio. -Le dice Ema doblando de malos modos el vestido, mientras Patricia parece comenzar a sosegarse.

- A ver Ema, me puede explicar eso de la maldición del vestido. -Le dice Celia a la abuela de Patricia, pues no comparten las mismas abuelas porque ella es prima de Patricia por parte del padre de ella.

- La cosa es que Dora, Rocio y Patricia siempre han amado este vestido, desde que lo vieron puesto a mi abuela, mi madre y mías en unas fotos. Lo que ellas no saben es que además de ser precioso, siempre ha representado una tortura para quien lo porta. -Dora se ríe como siempre lo hace con las historias de su madre.

- Antes de que se siga riendo Dora, recuerde que soy su mamá, que la traje al mundo y que la puedo sacar de él sin que nadie me cuestione. -Dora no puede evitar soltar carcajada al oír la advertencia de su madre a quien le contesta.

- Bueno no estoy tan segura de que nadie la cuestione.

- Nadie que la conozca a usted Dora, ahora es posible que deje continuar a su mamá

- Celia por amor a todo lo divino. -Le dice Dora, comenzando a reprochar la curiosidad de la prima de su hija, quien no sobra decir que se encuentra cada vez más tranquila.

- La verdad Dora, es que yo también quiero enterarme de la maldición y si está relacionada con el llanto de Patricia. A ver, tiene que aceptar que no era muy normal que llorara de esa forma y menos ella, que por nada se conmueve. -Al ver la cara de reproche de su prima le dice.

- Perdón, pero que vimos juntas El niño de la pijama de rayas y usted ni soltó una lágrima o un suspiro. -Patricia se sonríe por primera vez desde el episodio enfrente del espejo.

- Por favor Ema, me podría contar la leyenda. -Ema se sienta, mientras le pasa un vaso de agua a Patricia que encuentra sobre el mostrador.

- Mi abuela se caso tiempo después de haber tenido a mi madre y su hermano gemelo, bueno debería decir que se iba a casar tres años después del nacimiento de los gemelos, porque en realidad nunca llegó al altar.

- Espere abuela, ¿la nana no murió de Cáncer cuando los gemelos estaban pequeños? -Recuerda Patricia ya recuperada de la crisis de llanto.

- Eso es lo que mi madre nos hizo decirle a todos nuestros conocidos, tiene que entender que eran otros tiempos y si ahora la gente es muy prejuiciosa, no se imagina como era en esos tiempos, las apariencias lo eran todo. El caso fue que mi abuela quedó embarazada de uno de los hombres más ricos del pueblo, y ella era la hija de una mesera de uno de los cafés, por lo que la relación fue un escándalo para todo el mundo. Contaba mi abuela que mi abuelo, al enfrentarse a la negativa de sus padres al matrimonio de los dos, se la llevó a vivir con él en un apartamento en el centro.

- Pero entonces... -Dora se sienta al escuchar esta nueva historia sobre su familia, una que hasta el momento no le había compartido su madre.

- Las cosas no eran fáciles, porque los padres de mi abuelo les habían quitado el respaldo económico y la familia de mi abuela apenas podía mantenerse, pero no por eso eran menos felices, al final se tenían el uno al otro y luchaban para mantenerse.

- Es que el amor lo puede todo. -Dice Patricia convencida.

- Lo dice la mujer que si no la invitan a un buen restaurante hace una pataleta. -Le recuerda Celia.

- El caso... Un día la mamá de mi abuelo fue a visitarlos al humilde apartamento en el centro. Fue como la mujer del hombre más rico del pueblo, haciendo gala de su poder económico, pero sin saber que se iba a encontrar en la casa.

- ¿Al abuelo ahorcado?

- Patricia por favor deje el drama, esto no es una película de terror. -La regaña Dora.

- Pues casi, porque cuando la bisabuela vio dos niños pequeños jugando en la casa, entendió que era abuela y que por una advenediza como le solía decir a la bisabuela, no podía disfrutar de los pequeños, por eso ideo un plan para acercarse a los nietos.

- Les pago...

- Cierre la boca Patricia y déjeme terminar! -Le increpó la abuela.

- Les dijo que les perdonaba y les devolvía las ayudas económicas, si se casaban por la iglesia y con todo el pueblo presente. Mi abuela, pensando en su pareja, en sus hijos y en el bienestar familiar, cedió a la petición y le dijo que seria un honor pertenecer a su familia.

- Ok, hasta ahora no veo ni la tela del vestido.

- Porque se la pasan interrumpiendo, pero ya llego al vestido, la suegra al saber que ellos no tenían mucho dinero, se ofreció a comprarle el vestido de novia más hermoso que se hubiera visto en pueblo, para que no pasara más vergüenzas y como muestra de que no le guardaba algún rencor.

- Hay mamá ¿no me diga que se lo hizo maldecir a algún indigena? -Le dijo Dora a su mamá.

- Pues si se le digo, porque lo cierto es que, todo el pueblo estuvo invitado al matrimonio, no faltó miembro de la sociedad que no asistiera a ver la ceremonia más hablada de la época. El vestido, como era traído de la capital, llegó justo el día anterior a la ceremonia, por lo que mi abuela no se lo pudo probar antes del día de la boda. Cuenta mi madre que la novia estaba radiante, no solo por el vestido, sino porque la satisfacción de que por fin se podría casar con el hombre de su vida y de que sus hijos dejarían de ser unos bastardos.

- ¡¡Mamá!! -La reprime Dora escandalizada.

- ¿Qué hacemos si así se les dice?, el caso es que mi bisabuelo la dejó en manos de su madre y fue a esperarla con su padre en la iglesia.

- La suegra la mato. -Afirma Patricia.

- No se sabe muy bien qué pasó, lo único que mi madre me dijo es que mi abuela jamás llegó a la iglesia, porque la encontraron muerta con el vestido de novia.

- Por eso les digo, la mató la suegra.

- No oyó a su abuela cuando dijo que no se sabe muy bien que pasó.-Le reprocha Celia.

- Dijeron que había sido un ataque al corazón, pero la verdad es que en la familia de mi madre nadie lo creyó, ¿quién se infarta en el día más feliz de su vida?.

- Bueno pero no veo la relación entre una cosa y decir que el vestido está maldito. -Dice Dora sentada frente a su hija menor, tratando de arreglar el desastre de maquillaje que se le ha formado con el llanto.

- En la fiesta de la madre de mi madre.

- Su abuela. -Confirma Celia.

- La misma, al ser ella mucho más acuerpada, no pudo probarse el vestido y tuvo que usar uno nuevo, pero si se lo entregó a mi madre para que ella se lo probara para su boda, con él fue que le tomaron las fotos de matrimonio que usted, Rocio y Patricia vieron y en gracias a las que se enamoraron de la prenda. Las fotos las tomaron días antes de la boda, en la hacienda de sus abuelo. -Le dice Ema a Dora.

- Hasta ahora no entiendo la maldición -Dice Celia muy perdida.

- Cuenta mi madre que desde que se lo puso, hasta el momento en que se lo quitó, no pudo contener las lágrimas y la inmensa tristeza que sintió, una tristeza que no la dejaba ni respirar. Fue un esfuerzo verdaderamente hercúleo para el fotógrafo lograr capturar felicidad alguna en las fotos que están en los álbumes.

- ¡¡Si!!, eso fue lo que sentí, de hecho no sé porqué me sentí tan desdichada, porque yo a Carlos lo adoro. -Comenta Patricia ya del todo recuperada.

- Cree mi madre que el vestido guarda la tristeza de la abuela y que por eso, quien lo use, será extremadamente desdichada el día de su boda.

- Pero ¿de qué está hablando?

- Pues de que la mamá del bisabuelo planeo vengarse de mi abuela con un vestido maldito desde el comienzo.

- Mamá, por amor a todo lo divino, de ¿dónde sacó ese cuento?

- ¿Quiere que le pongamos el vestido a Patricia de nuevo a ver qué pasa? -Justo en el momento en el que Ema le preguntaba a Dora si quiere hacer el ensayo, Patricia se comienza a probar de nuevo el vestido, comenzando a llorar de tristeza. Antes de que ella pueda comenzar a abrocharlo, Celia se lo quita y le dice:

- Mejor no tentemos a la suerte, ya está tarde y seguro que al que vamos a encontrar infartado, el destino no lo quiera, es a Carlos...


Tres horas y veinticinco minutos más tarde Patricia, vestida con unos jeans rotos, una camiseta roja con un dragón en el medio y unos tenis tres bandas, celebraría su boda, cerca de una fogata en donde se quemaría el vestido maldito de la bisabuela.


Foto: https://franciscoseveri.com/dior-2017/

Nickole Naihaus L

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