El viaje...


Dicen que los viajes ayudan a limpiar el alma, encontrar nuevos mundos, nuevas culturas, ¿tal vez un nuevo amor?, la verdad es que cuando mi padre me regalo este viaje a Japón, por primera vez en mi vida tuve miedo de la aventura, pese a que había cursado mi maestría en historia del arte japonés en este país. Acababa de salir de una relación complicada, con un corazón roto y unas maletas llenas de ropa; la verdad es que siempre pensé que Julio sería mi príncipe azul, no sobra decir que terminó destiñéndose como un muñeco de poca calidad.


Pero como mis padres no educaron a una cobarde, preparé mis maletas, mi alma, mi cuerpo y mi espíritu para una nueva aventura lejos de mi ciudad. Me despedí de mi papá y de mi mamá con el corazón aún magullado y aunque estaba un poco ansiosa, con paso decidido aborde el avión que me llevaría hacia un nuevo mundo, uno que me esperaba con los brazos abiertos, sin yo saberlo.


El vuelo pasó sin contratiempo, los guías me esperaban en el aeropuerto junto a un grupo de pasajeros, todos de habla hispana, aunque el idioma no habría sido un problema para mí.


Mi padre fue poco específico acerca del lugar exacto donde ocurriría la aventura, sólo me dijo:


-Creo que aunque el destino es caprichoso, a veces necesita de un empujón para ponerse en movimiento. -Y sin más me dio un beso en la cabeza y me dejo los papeles del viaje en el escritorio de mi habitación.


Al desconocer mi destino final le pregunté al guía, mientras caminábamos hacia el autobús:


- Podrías indicarme a ¿dónde nos llevarán?, mi padre sólo me dio los documentos, pero no me dijo mayor cosa acerca del destino.

- Eso depende. -Me respondió mientras le indicaba al conductor que por favor abriera el maletero.

- Disculpa, no te comprendo ¿hay algún elemento que condicione el viaje? -Le pregunté confundida.

- Hay una puerta por la que pueden entrar la buena o la mala fortuna, pero tú tienes la llave. En este caso, hay un camino y tú eres quien puede escoger que te traerá. - Al oír su respuesta, recordé este tipo de diálogos típicos de los nipones, donde ellos comparten un poco de su sabiduría milenaria con quien esté dispuesto a escucharla.

- Lo entiendo, al igual que sé que hasta el camino lejano empieza con uno cercano, pero si me pudieras dar una indicación geográfica de ¿A dónde nos dirigimos? me sería de mucha ayuda para saber ¿qué puedo esperar de esta aventura?. -Le digo con la intensión de encaminar la conversación a una respuesta que me permita ubicarme espacialmente.

- Aunque disfruto mucho el intercambio de proverbios, la discreción es importante y tenemos un cronograma que cumplir, por lo que seré directo contigo. Tu padre nos pidió que no te indicáramos dónde te llevaríamos, solo nos dijo que fuéramos amables y que te lleváramos donde encontrarías la puerta, a partir de ahí eres tú quien dejará entrar la fortuna. - Y si más información tomó mi maleta y la puso en el maletero del bus.


Comenzamos el viaje y con él los recuerdos de un pasado donde fui realmente feliz comienzan a aflorar en mi mente, veo las hermosas flores de cerezo que nos acompañan en el recorrido pues nos encontramos justo en la celebración del Hanami, para quienes no saben qué es, pues como casi todo en Japón es una tradición milenaria en donde se honra la llegada de la flor de cerezo, en realidad es una celebración de la vida misma y podemos rastrear su origen en el periodo de Nara, en donde nació como entretenimiento imperial y de la aristocracia.


Mientras me especializaba en arte, pude conocer personas maravillosas, dejé varias amigos algunos artistas, otros galicistas, varios profesores, de hecho recuerdo con amor a mi profesor de dibujo Harasawa Sempai, un hombre que me enseñó miles de cosas como: que la rapidez era ir despacio pero sin pausas, por lo que aunque la meta era importante, lo era más el disfrutar el camino, ver el paisaje, contemplar el momento; también me insistía sobre cómo el conocimiento llegaba a quién lo deseara, por lo que el presionarme con largas jornadas tratando de memorizar algo no tenía sentido, que en efecto la disciplina podía vencer a la inteligencia, pero no tenía que sufrir tanto en el proceso; y lo más importante era que no había cosas imposibles, sino cosas que no había hecho, por lo que siempre me ganaba un disgusto de su parte cuando le decía que me era imposible realizar una tarea, que con el tiempo y infinita paciencia terminaba comprendiendo y realizando. Sabiduría que se alberga en los proverbios ancestrales de esta gran cultura, pero que él me ayudó a poner en práctica .


El recordar su pelo negro azabache, su cuerpo esculpido con disciplina y artes marciales, alto de un metro ochenta y seis, sus brazos fuertes y sus manos delicadas, las cuales podían dibujar la más hermosa flor, son recuerdos que iluminan mi alma y de alguna manera conforta mi corazón. Todos estos recuerdos llegan a mí, mientras disfruto del recorrido, en el fondo puedo ver el monte Fuji, las calles, los transeúntes y más de un rascacielos.


No sé cuanto tiempo ha pasado desde que comencé a recordar, pero en alguna parte del recorrido me he quedado dormida y es en medio de un hermoso descanso que debo darle la razón a mi papá, cuando me dijo que el destino siempre es caprichoso.


Mientras trato de despertar, porque siento que el bus se ha detenido, llega a mi un olor conocido, es lavanda con cedro, un olor masculino que hace que me lata el corazón más rápido, trato por segunda vez de abrir mi ojos, pero ellos se niegan, creo que es el cansancio del viaje que ya me pasa la factura.


De repente siento como unos brazos fuertes me cargan y me llevan a algún lado, abro mis ojos y puedo ver que es la buena fortuna la que he dejado entrar por mi puerta, personificada en un hombre que me dibujará hoy y siempre las más bellas flores.


-¿Estoy soñando? -Preguntó.

- No, has llegado a casa. -Me responde Harasawa Sempai.

- ¿Me estabas esperando?

- Aquel que es capaz de esperar media hora más que su oponente, conseguirá la victoria.

- No estoy aun tan despierta como para contestar con otro proverbio. -Le digo tratando de razonar frente a la buena fortuna.

- Entonces puedes contestarme con algo que te salga del corazón. -Me dice con una sonrisa mientras me lleva en brazos.

- Ni con cien corazones puedo expresar todo mi amor por ti.

- Al parecer estás en capacidad de contestar con algo que te saliera del corazón y que además es un proverbio. -Una vez me dice eso, me da el primero de lo que espero será una vida llena de cerezos, dibujos, arte y muchos besos.



Nickole Naihaus L

Nickole Naihans L

Nickinaihaus


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