El vuelo


Hace varios días tuve un encuentro fortuito en el ascensor, la verdad es que usualmente no pongo mucha atención a las personas con quienes comparto este pequeño cubículo y menos cuando llego a casa después de un día lleno de acontecimientos en la empresa. Pero en esta oportunidad hubo algo que me llamó la atención, depronto fue su manera elegante de vestir, o su perfume, tal vez el pequeño bolso de donde sacó la llave del ascensor de su piso, o su delicada voz saludándome, el caso es que no pude ignorar a mi acompañante en este recorrido, una mujer de ojos muy bonitos y un cuerpo armonioso.


Desde que comenzamos esta nueva normalidad, la oportunidad de reconocer la cara de alguien se ha perdido en medio de diversidad de tapabocas, algunos de tela con motivos, otros de material quirúrgico, en fin, el de ella tenía flores de colores que hacían juego con su bufanda. Yo, como cualquier hombre, me decanto por escoger uno que me proteja del virus, de hecho siempre uso el que mi asistente me compra, en esta oportunidad uno de color negro.


Como su destino era el piso 4, no tuve mucho tiempo para disfrutar de su amable presencia sino unos segundos, una vez sonó la campanilla pude oirla decirme:


- Buena noche y buen provecho.

- ¿Perdona? -Le respondí un poco torpe.

- Que disfrutes la pizza, huele delicioso. -Y con un gesto de cabeza veo como desaparece mientras se cierran las puertas del ascensor. En ese momento lamenté no tener una mente hábil a esa hora de la noche para invitarla a compartir conmigo esa pizza.


A partir de ese día he hecho todo lo posible por encontrarme con ella, debo admitir que al principio no fue fácil, primero por mi apretada agenda y segundo porque no tenía mucha información sobre ella, pero una vez pude descubrir su hora de llegada y salida del trabajo, logré propiciar algunos encuentros en donde me contó que se llama Lucía, le gusta la pizza de alcachofas como a mí, tiene un excelente gusto para vestir, vive sola y por el momento no tiene pareja; es la directora financiera de una empresa en donde conozco a lo junta directiva, también me dijo que le encanta leer y que dos peces son sus mascotas.

Estuve esperando toda la semana para invitarla a comer pizza y hoy que he comprado nuestra pizza favortia, en vez de encontrarme con ella en la portería me enteré de que había estado recluida en su casa por un resfriado. La verdad es que me gusta mucho y como no tengo su teléfono y en el edificio en el que vivimos, no podemos bajar al apartamento de otro vecino sin ser invitados, he decidido invitarla a comer conmigo, por eso estoy usando como medio unos aviones pequeños de papel que deberían estar volando hacia el interior de su habitación. La verdad es que llevo más de dos horas intentando llamar su atención, es más creo que la pizza ya se ha enfriado junto con la esperanza de poder compartirla con ella.


Lucia siente que alguien está tirando piedras a su ventana, pero no logra saber es quién, por lo que se asoma para descubrir el responsable y aunque mira en todas las direcciones, solo encuentra una serie de aviones de papel esparcidos en el suelo de la portería. Sin saber de donde provienen los golpes trata de cerrar la ventana y justo en ese momento entra volando un pequeño avión azul de papel a su apartamento.


Con cuidado se acerca donde ha aterrizado y lo primero que puede ver es que tiene un corazón rojo dibujado en una esquina, con curiosidad lo abre y encuentra en su interior una carta con su nombre, la extiende y procede a leerla:


Estimada Lucia,

A tiempos extraños medidas extrañas, como en nuestros múltiples encuentros no tuve la valentía de pedir tu número de teléfono, además de que nuestra seguridad es realmente sorprendente y se ha rehusado a compartirlo y los ascensores están bloqueados con la llave de cada propietario, estos aviones de papel han sido el único medio que he encontrado para ponerme en contacto contigo. Soy Manuel, tu vecino del 602, el hombre de los ojos cafés bonitos, al menos para ti lo son según lo que me dijiste el día en el que te ayude a mudar el sofá gigante de la sala al estudio, además de que me lo repetiste la vez que alimente a tus peces y cuando estuviste ayudándome a cuadrar algunas cifras de los balances y los bancos de la empresa porque tenía mucho trabajo represado.

Este avión aunque pequeño, viene acompañado de una invitación a comer una pizza, no temas, no trae piña o la salsa BBQ que tanto odias, es del mismo sabor cuyo olor te pareció delicioso el primer día que nos encontramos en el ascensor. Aprovecho esta carta para decirte que he disfrutado de cada uno de nuestros encuentros y que el tiempo que hemos pasado juntos me ha hecho saber que quiero disfrutar de tu compañía por mucho más tiempo. 


P.D. He desbloqueado el ascensor desde hace varias horas en caso de que aceptes mi invitación.


Como al parecer Manuel no ha tenido noticias de Lucia, lo que significa que no ha tenido éxito con sus aviones, este decide ir a comer la pizza solo y aburrido, mientras camina hacia la sala se reprocha una y mil veces el no haberle pedido el teléfono a Lucia; mientras se acerco a la zona social del apartamento ve la luz de la sala encendida, algo que no recuerda haber hecho, por lo que con curiosidad se acerco más rápido a ese espacio, en donde se encuentra una hermosa mujer con un avión en la mano, que lo espera para compartir una pizza con él.


Nickinaihaus

Nickole Naihaus L.

Nickole Naihans L,


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