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Hilos de oro...



¿Puede una prenda transmitir el amor que ponemos en ella?


Esta pregunta me ha acompañado desde que era una niña pequeña y solía cocer la ropa para mis muñecas y los juguetes de las vecinas. Recuerdo que le ponía mi corazón al diseño de cada prenda, además del empeño y la creatividad que se requería para hacer vestidos, sacos, pantalones y sombreros diferentes; algunos con bordados de flores, otros con hojas verdes, amarillas o tal vez negras; también aprendí a bordar animales como picaflores, osos y diferentes aves; la variedad de diseños dependía de los insumos que mi madre me regalara, la única constante era el amor que ponía en la realización de cada uno.


Que ¿cómo comenzó todo?, cuando comencé a crecer, empecé a buscar formas para pasar más tiempo con mi madre, lo que significaba que la mayoría de veces debía estar con ella en su pequeño taller. Un rincón improvisado en una de las habitaciones de la hacienda, allí ella puso una alfombra para resguardarme del frío del piso y brindarme un lugar cómodo para poder pasar el tiempo y jugar con mis muñecas, mientras ella trabajaba haciendo prendas para nosotros, nuestros conocidos y mis muñecos y muñecas de trapo hechas por ella con mucho amor.

Para una navidad recuerdo haberle pedido que me enseñara a cocer, con el fin de ayudarla cociendo lindas prendas a mis muñecas, ella me regaló una serie de retazos de las telas e hilos que le quedaban luego de habernos diseñado y cocido nuestras ropas y las de sus amigas y vecinas para recibir el año nuevo.


Han pasado muchos años desde esa navidad y con ellos han llegado los españoles a nuestro país, quienes con violencia han buscado dominarlo. Es por eso que desde hace varios años dejé de ser una niña, para convertirme en una habilidosa costurera y bordadora, que ha logrado tejer una red de espías e informantes. En mis ropas y gracias a ellas he transportado información que nos a permitido retomar parte del control de nuestro país, pequeños logros que espero nos ayuden a encontrar una independencia y libertad.


Pero esa pasión por la costura y el bordado y el riesgo que he decidido asumir, han hecho de mi una mujer valiente pero solitaria en el amor, alguien que siempre pensó que el amor le sería difícil de bordar.


Pero al parecer estaba muy equivocada y la razón se remonta a mi primera pregunta, de la cual debo decirles que la respuesta llegó como el zapato de cenicienta. Estaba sentada en el taller improvisado de mi madre, el que con el tiempo se transformó en nuestro, concentrada en una pieza de un traje que imaginaba como un casaca para nuestro líder, Simón Bolivar, cuando un hombre bien vestido y carismático me saludó desde la puerta:


- Al parece pone usted todo el amor que alberga en su corazón en cada prenda que hace. me pregunto si lo es así con todo lo que hace. -Fue su manera de presentarse.

- Disculpe ¿lo conozco? -Le dije levantándome de mi puesto para saludarlo con la cortesía que se merece un caballero como él.

- Ha llegado a usted a mi corazón y lo ha enamorado con cada puntada que le ha dado a esta chaqueta, con hermosos hilos de oro. -Cuando pronuncia las últimas palabras, dirijo mi atención hacia la prenda que ha mencionado y distingo que fue una de las primeras casacas que hice, de hecho fue un encargo de mi padre quien al parecer se la regaló al hijo de un amigo suyo, un apuesto y fornido amigo.


Un detalle de su declaración llama mi atención.


- ¿Cuáles hilos de oro? -La chaqueta es azul y los hilos hacen juego con la tela.

- Los hilos de oro con lo que ha construido un camino desde su alma hacia la mía.

- ¿Su alma?

- Señora María Mercedes Ábrego, ¿Niega usted que ha hecho con amor esta prenda? -Que sepa mi nombre me sorprende.

- No puedo ni afirmar ni negar tal cosa. -Le digo un poco tímida.

- En ese caso me corresponde a mi afirmar, que ha diseñado en mi corazón un amor incondicional, que espero logre ser correspondido.

- ¿Sabe usted...? -Ante ese despliegue de galantería y sentimiento, no puedo menos que preguntarle o mejor advertirle, el hombre con prudencia mira que no haya alguien escuchando y me dice.

- Que es usted una mujer valiente, que ha sabido bordar los caminos hacia la libertad, como desconocer su valentía. -Me dice con admiración.

- Entonces viene usted ...-No me deja terminar porque me dice.

- Para agradecerle que gracias a usted y su información obtuvimos el triunfo en San Faustino y Capacho y para decirle que quiero tejer con usted un futuro lleno de aventuras. -Su declaración me deja sin palabras y me permite saber que ya lo conocía es Marcelo Reyes, ha sido el quien en varias oportunidades me ha ayudado a escurrirme de los guardias y ha creado distracciones para poder entregar mis mensajes.


Porque siempre he sido una mujer que se expresa a través de la costura, tomo un pedazo de hilo, me acerco a donde se encuentra el hombre, tomo su mano y pongo en él lo que se supone debe ser una argolla de matrimonio. Frente a lo que el responde:

- Acepto. -Y sella su promesa con un beso.



Fin.


Nickinaihaus

Nickole Naihaus

Nickole Naihans



P.D. Quiero agradecerles su lectura y decir con honestidad que en esta oportunidad me he tomado bastantes licencias históricas, desde la foto de la máquina de cocer que fue inventada muchos años después, pasando por cenicienta para terminar en la historia de una mujer maravillosa quien al parecer no estuvo casada con Marcelo Reyes.



P.D. (2) Quiero aclarar que es una historia de ficción producto de la creatividad mía, no pretende otracosa que entretener al lector. Aunque si está basada en hechos históricos de la vida de María Mercedes Reyes Ábrego.








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