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Mala hora...



Casanare, 26 de junio de 1816


Desde que llegué a estas tierras conquistadas por Cristobal Colón el 12 de octubre de 1492, nada parecía impresionarme y debo decir que las he recorrido a conciencia, tanto por agua como por tierra. Cuando desembarcamos con mi Comandante Pablo Morillo el 7 de abril en Venezuela, teníamos la idea de lograr una reconquista a través de indultos y comunicación, un plan que fue suspendido cuando recibimos la noticia de que Arismendi, el gobernador de la isla de Margarita, a quien mi Comandante le había perdonado su sentencia de muerte, se había rebelado y había matado a cuchillo a toda la guarnición española. Desde ese momento entendimos que la única forma de retomar el control de estas gentes con poca clase y educación, es a través de trés tribunales.

Y es que todo es agreste, los mosquitos que están por todos lados, algunos de tamaños inimaginables atacan el cuerpo de los europeos peor que cualquier revolucionario y enferman a todos sin piedad; el calor abrasador que quema la piel y que ha ocasionado que más de un soldado se desmaye, las gentes con su hablar extraño, sus modales poco refinados y su mal carácter, además de su espíritu revolucionario y violento; las mujeres, aunque guapas, algunas poco interesantes y otras muy sumisas para mi gusto; todo me parecía aburrido y la verdad es que no veía la hora de apaciguar esta revuelta para regresar a mi tierra, pero todo eso cambió cuando conocí a Presentación Buenahora.

Recuerdo estar en mi oficina cuando se comenzó a oír una algarabía en la plaza, el relinchar de unos caballos, seguido del grito de la gente me hizo salir a ver que estaba sucediendo. Al parecer un caballo se había desbocado y estaba siendo sometido de una manera magistral por una mujer, que desde su caballo se dirigió a mi y me dijo:

- Disculpe oficial, no queríamos distraerlo de sus labores, sabe usted a quién estaba planeando usted expropiar o tal vez juzgar y fusilar. Si me permite la situación con el pobre caballo ya está controlada, así que puede volver usted a su trabajo de seguir sometiéndonos. -Su maestría con los caballos, su valentía para afrontar lo que estuviera sucediendo y su impertinencia para conmigo me dejaron intrigado, pero no por eso no debía dejar que alguien me faltara al respeto y menos con tanto público.

- Le disculpo pero no el interrumpirme, sino su impertinencia e irrespeto. Ahora si es posible que todos sigan con sus labores. -Dije.

- Con mucho gusto. -Me dice, pero antes de que salga galopando de la plaza, la detengo.

- Es usted un mujer muy valiente.

- Y usted un hombre excesivamente cruel. -Me responde.

- ¿Me conoce? -Le pregunto.

- Su fama lo precede.

- ¿Cuál es esa fama?

- No fue usted quien batió un destacamento insurgente el 17 de septiembre del año pasado.

- Olvida usted que ellos estaban comisionados para incendiar el pueblo con el objetivo de obstruir el avance de mi columna. -Mi replica y me deja sin palabras.

- Una vez hemos establecido con no soy un monstruo, me permitiría conocerla.

- ¿Está usted loco?, somos de ideologías diferentes.

- Si lo piensa somos muy parecidos, los dos somos leales a nuestras causas.

- Sabe usted que esto será lo que nos separe ¿verdad?

- Pero habremos disfrutado de la vida juntos, lo que se nos permita. - Ella guarda silencio por unos segundos y luego me dice antes de irse:

- Mañana a las 18:00 en Santa María. Por cierto soy Presentación Buenahora.


Desde ese día logramos compartir las mejores cenas, con una conversación agradable, cabalgamos juntos, pude ver su fortaleza física y habilidad para las travesías por la sabana, además del, manejo de los caballos y la adaptación total al territorio, ella me confeso que todos sus conocimientos y destrezas se debían a su crianza entre las labores del hato llanero. A medida que nos conocíamos comenzábamos a entablar un vínculo más íntimo, en donde incluso llegue a entrenarla en la espada, la pelea cuerpo a cuerpo.

Recordarlo hoy sólo me trae triste y dolor.

Cuando pensaba que la vida me estaba sonriendo, me encontré con su nombre en unos papeles, de hecho en un expediente sobre los traidores de la corona, en ellos se indica que es una mujer llanera integral, vive en su hacienda Santa María en Caño Yatea, Trinidad. Es conocedora de su entorno y de las artes de la lucha, es una experta en el uso del trabuco, la espalda y la lanza; además de que es una excelente caballista, poco más dice el informe, no habla sí tiene esposo, si es viuda, de hecho poco habla de su familia y tampoco mencionaba la relación que estábamos viviendo.


Mala hora en la que decidió unirse a la lucha, mala hora en la que llegó ese expediente a mi vida, mala hora en la que recibí ordenes de mi comandante o mejor mala hora en la que la conocí. Cuando fui a su hacienda para persuadirla de su causa sin sentido, de hacerla ver lo ideales que somos para compartir nuestra vida, de invitarla a unirse conmigo en sagrado matrimonio y con un permiso especial de mi comandante partir a España, unos compañeros habían llegado antes de que yo lo hiciera y en su visita pudieron compromar que su hogar servía de refugio a los combatientes que atacaban nuestras tropas, que ayudaba al enemigo a desaparecer por las sabanas causando desconcierto en mis compañeros y ayudándoles a preparar nuevos ataques en defensa de los llanos. Pudieron constatar que además brindarles hospitalidad, caballos, alimento y víveres a los patriotas, ella había participado de manera activa en algunos combates en las filas de Ramón Nonato Pérez.


- ¿Qué está pasando aquí?

- Hemos recibido órdenes de mi comandante Morillo.

- ¿Cuáles órdenes y por qué a mi no se me informó?

- Perdone mi capitán, pero la orden estaba con el expediente.

- ¿Cuál?

- El que dejamos hoy en su escritorio, entiendo que eran una cantidad de papeles, pero tenemos órdenes de allanar la casa y desmantelar la red de espionaje organizada con otras mujeres que, como ella nos odian. -Mientras el soldado me pone al día con las órdenes veo como sacan a la fuerza a Presentación, me voy a acercar pero ella me grita.

- Sucio español no te me acerques.

- Mi capitán no debería estar aquí. -Me dice mientras yo no puedo quitar los ojos de la escena.


Anoche fui al calabozo donde estaba:


-No deberías estar aquí.

- Mi corazón no me permitió estar alejado, aunque te parezca un sucio español.

- Para que ese corazón siga latiendo fue que te grite.

- Para que no se dieran cuenta.

- Te lo dije cuando nos conocimos, nuestras causas nos separarían.

- Vengo para llevarte conmigo.

- Y que muramos los dos, a mi al menos me fusilarían pero a ti te torturarían primero y aunque seas español, no quiero que nuestro amor se ensucie con actos indignos.

- Pero estarías viva.

- Pero muerta en vida. -Nuestra conversación se ve interrumpida por el ruido de unas pisadas.

- Por favor. -Le imploro.

- Por favor, en estos momentos necesito que traigas a ese hombre altivo que no permitió que le diezmara con mis impertinencias cuando lo conocí, el que me enseñó a combatir cuero a cuerpo, el calentó mi cuerpo y mi alma todas esas noches que atesoraré hasta el fin de mis días.

- Si no vienes conmigo será mañana.

- Tu deberás ser el capitán que ordene mi fusilamiento y yo la mujer que será recordada por todas esas cosas que amas en mi. -Mis lágrimas comienzan a rodar traicioneras, ella las seca con sus labios.

- Capitán.

- Insurgente.

- Sólo podría usted el dueño de mi corazón quien pusiera fin a sus latidos. -Y dicho esto me da el beso más dulce y amargo que haya recibido en mi vida.


Un beso que fusiló mi corazón...


Fin.


Nickinaihaus

Nickole Naihaus

Nickole Naihans


P.D. Quiero aclarar que es una historia de ficción producto de la creatividad mía, no pretende otra cosa que entretener al lector. Aunque si está basada en hechos históricos de la vida de Presentación Buenahora y el capitán Julián Bayer, quien ordenó su fusilamiento en la plaza de Pore, el 28 de junio de 1816. .




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