Sus ojos

Actualizado: 13 ago


- La van a fusilar... -Me dice Dora mi criada con la respiración agitada.

- ¿Cómo?, ¿con qué pretexto?, ¿de qué se le acusa? -Pregunto confundida.

- Traición. -Me dice y sus palabras caen en mí como una condena, la condena que una de mis compañeras de lucha acaba de recibir.

- ¿Qué pruebas tienen en su contra? -Pregunta Eduardo mi esposo y uno de los comandantes de nuestro ejército.

- Le encontraron los papeles que llevaba en sus faldas. -En estos tiempos de rebelión en contra de los Españoles, cada quién aporta su granito de arena. Nosotras las mujeres criollas, mulatas, las nacidas en La Gran Colombia (1) debemos valernos de nuestras ropas para transportar los mensajes de la causa a nuestros esposos, padres, hermanos y compañeros en la lucha. Aprovechamos los servicios religiosos, las tertulias y la salidas al mercado para correr la voz y aunque estamos conscientes del peligro, la opción de quedarnos en casa y no hacer nada, mientras los reyes y su corte desangran nuestras tierras, nuestras mujeres, asesinan a nuetsros familiares y nos quitan hasta la esperanza, es peor e inaceptable para cada una de nosotras.

- ¿Dónde está Alfonso? -Pregunta de nuevo mi esposo.

- Buscando la forma de poder verla.

- ¿Cuándo...? -La voz se me corta, la idea de que mi mejor amiga, la niña de trenzas que se sentaba al lado mio los domingos de misa está condenada a morir, hace que se me atraganten las palabras y que la realidad caiga como unos grilletes sobre mi cuello.

- Mañana al amanecer. -Me dice la Feliza la criada de mi amiga quien acaba de entrar a la cocina, mientras se seca las lágrimas.

- Tenemos que hacer algo. -Le digo a mi esposo.

- El señor Alfonso fue con el padre de mi señora para forzar a los españoles a verla, pero ellos dicen que quien se atreva a visitarla podrá ser juzgado como complice. -Sentencia Dora, acabando con la poca esperanza que albergaba mi corazón de poder ayudar a mi amiga. Todas sabemos que es un riesgo y que si una de nosotras cae, deberá hacerlo sola, pero el hecho de que sea mi mejor amiga, mi dama de honor, la madrina de mis hijos hace que la impotencia se convierta en un dolor asfixiante.



Eduardo me toma por los brazos y me pide que me serene, además de que les pide a nuestras criadas y aliadas que vayan a la casa de algunos amigos para que se reúnan en menos de una hora en nuestro estudio. Ellas sin dudarlo dos veces salen a la calle en búsqueda de aliados.

- Nadie vendrá. -Le digo al verlas salir.

- Tendremos que esperar para saber con certeza. -Me dice Eduardo, llevándome al estudio, donde puedo ver algunas fotos y cartas esparcidas por el escritorio.

Unas horas más tarde, nos encontramos Alfonso, mi esposo, el padre de mi amiga y algunos de nuestros compañeros de lucha fraguando un plan para liberar a mi amiga, cuando creo que mis amigas nos han abandonado, llegan todas vestidas para el servicio de misa, sacan de sus faldas unos papeles y dicen.

- Este es el plan, nos hemos demorado, pero todo está listo. Tu Eugenia, deberás vestirte como un hombre al servicio de la iglesia, serás el encargado e confesarla, los monaguillos del sacristán te harán compañía. -El orgullo de ver que somos una familia que está dispuesta a morir por cada uno de los nuestros me enorgullece.


Me encuentro con mi amiga que al ver mis ojos me reconoce debajo de todo este maquillaje y vestuario. Una vez nos han dejado solas le pregunto:

- ¿cómo estás? -Digo con la voz temblorosa.

- Asustada. -Me dice con serenidad.

- Debí haber ido contigo.

- ¿Para que fuéramos dos las condenadas?, te quiero demasiado como para desearte esta suerte.

- No entiendo ¿dónde está la justicia?, ¿donde está Di...? -Mi amiga me interrumpe antes de que termine mi pregunta y me dice.

- Sería poco consecuente de mi parte despertar cada día, ver los ojos azules de mi esposo y no creer que existe algo superior que lo ha creado y lo ha puesto en mi camino. Incluso hoy, condenada a muerte, en este lugar frio y lleno de dolor y desesperanza, agradezco a la vida haber podido recorrer mi camino a su lado. -Justo cuando nos comenzamos a abrazar, los ojos azules de Alfonso aparecen en la ventana de la celda donde tienen retenida a mi amiga.

- Estos ojos quieren seguir caminando al lado tuyo, además de despertar y ver tus ojos mirarme con todo el amor que sientes por mi. ¿Así que sería posible que te quitaras ese ropas para que puedas escapar por este pequeño agujero antes de que nos atrapen a todos?

Y fue de esta manera que hoy, en medio de páramo me encuentro escribiendo está página de este diario, para celebrar que al menos hoy, no ha muerto una de nosotras en una causa que ha cobrado y cobrará más de una vida.


Nickinaihaus

Nickole Naihaus

Nickole Naihans


P.D. Quiero aclarar que es una historia de ficción producto de la creatividad mía, no pretende otra cosa que entretener al lector.


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  1. Fue el nombre que le atribuyeron los historiadores del siglo XX a la vasta república que existió entre 1819 y 1831, para distinguirla de la actual Colombia.

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