Zurriago

Actualizado: 7 sept 2021


Espero el golpe, pienso en como la piel se abrirá con violencia, debido al crudo impacto del cuero y la fuerza con la que el zurriago está siendo azuzado por su dueño. la escena pasa enfrente de toda la plaza, veo como mis amigos, algunos conocidos y las demás personas de la plaza miran con desprecio al español, sé que quieren intervenir pero tienen miedo, las barbaridades cometidas contra el héroe Camilo Torres, cuyo cuerpo fue desmembrado por las extremidades, las cuales han sido ubicadas en las cuatro entradas de la ciudad, con la intensión de horrorizarnos, es más, una amiga me contó que una de las criadas que trabaja en la casa vecina vio su cabeza, cuyo rostro había sido desfigurado por las balas, colocada en una lanza en la plaza para mayor escarnio público.


La impotencia que me genera el no poder revelarme ante la violencia de un invasor, un enemigo de las libertades, un ladrón, un hombre que desde que llegó a nuestra tierra no ha hecho otra cosa más que violarla, a nuestras costumbres, nuestras creencias, nuestra familia, nuestra gente, hace que las lágrimas comiencen a brotar y todo el estoicismo que trato de tener en el momento comience a flaquear.


Oigo que el español me maldice, me insulta por mi color mestizo y es justo cuando oigo el sonido del cuero del zurriago descender, puedo distinguir que el golpe ha caído en otro cuerpo, uno que me cubre por completo. Levanto mi mirada para ver la sombra que me cobija y puedo ver que es un apuesto hombre, recuerdo haberlo visto en el improvisado Batallón Rifles del Ejército que se está formando con espíritu libertador.


-Le sugiero que deje a la señorita en paz, si desea descargar su ira contra alguna carne criolla, puede usted tomar la mía, al final para ustedes mulatos, mestizos, sangre española nacida en estas tierras es lo mismo; todos somos dignos de su desprecio. -El español no sabe que decir, su zurriago se encuentra enlazado en la mano del apuesto caballero, quien le mira de manera retadora.


Pasan unos momentos en los que el español nos mira con desprecio, tiene toda la intensión de golpearnos a los dos, pero puede ver que el acto heroico del hombre ha envalentonado a más de uno, por lo que con poca convicción decide replegarse.


De ese episodio han pasado ya tres años, tres años en donde ese apuesto caballero me hizo su esposa, me brindó un hogar y la esperanza de un mundo libre, en donde el hijo que estoy cargando en mi vientre, podrá crecer sin la opresión de un gobierno español, que lo único que sabe es desangrar nuestras tierras y aterrorizar a nuestra gente.


Sé que falta poco para que nazca de hecho viene pidiendo nacer desde hace ya varios kilómetros de esta larga travesía en donde me uní a las Juanas, mis compañeras de lucha, sin que mi marido lo supiera. Aunque estoy segura de que algo sospecha, por lo que le dije el día que nos despedimos:


-No sé si volvamos a vernos, pero lo que si sé, es que daré mi vida para que nuestro hijo nazca en una tierra libre. -Me dijo mi esposo.

-Estoy segura de que nos volveremos a ver, de que este sueño por el que estamos luchando, lo conquistaremos juntos y que le brindaremos a nuestro hijo esa patria soñada. -Le dije yo, para luego abrazarlo.


-María Josefa Canelones, estás embarazada y la lucha no es lugar para una mujer en tu estado... -Le interrumpo con un beso, la verdad es que no quiero oír lo que tiene que decirme.

-Te amo. -Le digo con la intención de dar por terminada una discusión que no nos va a llevar a lugar alguno, yo ya empacado mis cosas y saldré unas horas más tarde con las mujeres, para apoyar a nuestros hombres, a nuestros héroes.

-No hagas algo heroico, que pueda resultar siendo tremendamente estúpido, aunque es gracias a este tipo de actos que nos conocimos, cuando estabas protegiendo una esclava de un español, en esta oportunidad temo que no podré defenderte.

-Yo en cambio, estoy segura que siempre podrás defenderme, es por eso que no temo enfrentar mil ejércitos, caminar cordilleras y pelear a tu lado, porque esta lucha es tuya y mía, de los dos y de todos los que soñamos con una Nueva Granada libre. -Mi marido tiene la intensión de decir alguna cosa, pero el general Daniel Florencio O’Leary le llama y le ordena comenzar la marcha.


Estamos llegando al Páramo de Pisba, en una travesía en la que además de llevarle alimentos a nuestras tropas, hemos ayudado a lavar la ropa, alimentar los caballos y donde he podido ver, como campesinos como nosotros, han entregado sus propios hijos para luchar en contra del ejército realista.


Es en el Páramo, donde nuestro ejército libertador pretende transmontar el paso de los Andes, mientras ayudo a servir los platos con comida, siento que algo líquido brota de mis piernas y un dolor me atraviesa el vientre me hace arrodillar.


-María has roto aguas. -Me dice una compañera alarmada, corriendo a auxiliarme, otras mujeres me ayudan a acomodarme, mientras siento como una mano conocida toma la mía, para confirmar quien es el dueño que me está sosteniendo ahora con su cuerpo, reconozco el valiente y maravilloso esposo con quien me case, que en lugar de verse enfadado, luce más bien angustiado.

-No te enfades, pero no podía dejarte solo, prometí ante Dios, nuestros familiares y ante ti, que estaría en la salud y en la enfermedad.

-No recuerdo que dijeras, en la campaña libertadora.

-Porque se sobreentendida. -Un fuerte dolor me quita el aire y hace que mi esposo me abrace con la intensión de consolarme.

-No quería que te enteraras así. -Le digo cuando recupero el aire

-No lo hice. -Me dice, mientras ayuda a algunas compañera a acomodarme mejor.

-No te entiendo.

-Supe desde antes de partir que vendrías conmigo, por eso he estado pendiente de ti todo el trayecto.

-Es decir que... -Ahora todo tiene sentido, porque no he pasado tanto frio como mis compañeras, como siempre me daban una ración adicional para que mi bebé pudiera crecer bien en mi barriga, todos estos gestos, era mi esposo protegiéndonos. Al fondo oigo como el General O’Leary preguntar a algunos soldados afanados ¿qué ocurre?, la curiosidad hace que trate de levantarme.

- Están haciendo un corrillo para darles calor a ti y al bebé que está por nacer. -Me dice con una sonrisa en la cara tratando de brindarme algo de paz y tranquilidad.

-¿Viste?

-¿Qué?

-Tú siempre me protegerás, por eso no tengo miedo.

Poco después el dos de julio de 1819, nacía en medio de la esperanza Patricio del Páramo.


Nickole Naihaus

Nickinaihaus

Nickole Naihans


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Foto 3: https://www.timetoast.com/timelines/mujeres-en-la-independencia

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